Enseñan a los niños cómo crecen las plantas y, al mismo tiempo, combaten la inseguridad alimentaria. Las favelas de Brasil —barrios de viviendas informales— han duplicado su tamaño desde la década de 1980 y hoy el 31 % de la población brasileña sufre inseguridad alimentaria. Todo lo que se cultiva en los huertos de Nossa Horta se comparte con la comunidad local. Pero su propósito va mucho más allá de producir alimentos. Son un lugar seguro del barrio para conversar y mantenerse frescos, un espacio donde los niños pueden jugar y una oportunidad para volver a conectar con la naturaleza.