Neeka Mashouf y su hermana Leila fundaron Rubi en 2021. Se inspiraron en la forma en que los árboles aprovechan el CO2 como material de construcción: lo capturan del aire y lo convierten en celulosa. Su proceso genera muy pocas emisiones de carbono y ahorra agua y recursos de tierra, mientras que los textiles que fabrican son 100 % biodegradables.
Una nueva ola de innovación ecológica está transformando las emisiones de carbono en prendas de vestir. Las hermanas Neeka y Leila Mashouf, fundadoras de Rubi, están abriendo camino con un proceso que convierte el CO2 capturado en textiles biodegradables.
Los textiles basados en CO2 imitan el ciclo del carbono de la naturaleza
Inspirado en cómo los árboles absorben CO2 para crear celulosa, el proceso de Rubi captura carbono de las emisiones de las fábricas y lo convierte en pulpa de celulosa mediante enzimas. Luego, esta pulpa se hila para obtener fibras como viscosa, lyocell y rayón, materiales que ya se usan ampliamente en la moda.
A diferencia de la fabricación textil tradicional, el método de Rubi consume muy poca energía y genera muy pocas emisiones de carbono. Ahorra agua y terreno, y elimina la necesidad de deforestar. Además, sus materiales pueden reciclarse para crear nuevas prendas, lo que favorece una economía circular.
Rubi también utiliza su tecnología de conversión de carbono para producir productos químicos industriales como etilenglicol y polímeros, ofreciendo alternativas sostenibles a los ingredientes de origen plástico en diversos sectores.
Pionera tecnológica del Foro Económico Mundial de 2025
Como pionera tecnológica del FEM, Rubi se suma a una red mundial de empresas emergentes que desarrollan tecnologías de vanguardia para generar un impacto social. Su innovación marca un paso audaz hacia un futuro más sostenible.


