Antes, la mayoría de los adolescentes tenían algún tipo de trabajo asegurado para el verano. Para algunos, era una prolongación del trabajo extraescolar que realizaban durante el año. Para otros, se trataba de un empleo de temporada, como trabajar en una farmacia o como socorrista en una piscina.
Sin embargo, en la actualidad, eso parece ya no ser así.
Mientras que la presencia de adolescentes en la fuerza laboral de verano en julio de 1978 era del 72 por ciento, la Encuesta de Población Actual de la Oficina de Estadísticas Laborales registró en julio de 2016 una tasa de participación de adolescentes en la fuerza laboral de 43 por ciento. Un informe reciente del Pew Research Center analizó la tasa media de empleo de verano de los jóvenes de entre 16 y 19 años en junio, julio y agosto de 2017 y concluyó que solo el 35 por ciento de los adolescentes tiene un trabajo de verano.
Entonces, ¿qué ha ocurrido? Hablando como investigador que estudia los cambios generacionales en el mercado laboral, puedo afirmar que no hay una sola respuesta, sino varias.
¿Son hoy los adolescentes más perezosos?
Un documento de trabajo de la Oficina de Estadísticas Laborales de 2017 ofrece algunas razones que podrían explicar la tendencia a la baja en el empleo juvenil, entre ellas, el aumento de la asistencia a cursos de verano, un mayor énfasis de los padres en la educación y la competencia de otros sectores demográficos.
Un estereotipo habitual es que los adolescentes se han vuelto más perezosos. Además, es una observación generalizada que los adolescentes están pegados a la tecnología y que presentan tasas de obesidad más altas que en el pasado. Ambos factores contribuyen al estereotipo. Sin embargo, los datos de 2016 sobre los “NINI”, jóvenes que “no estudian, ni trabajan, ni reciben formación” (“Neither in Education, Employment, or Training”), sitúan su número en solo el 7 por ciento. El porcentaje relativamente estable y bajo de NINI contradice la idea de que los adolescentes de hoy son más perezosos.
El papel de la economía de los pequeños encargos
Una explicación es que resulta difícil hacer un seguimiento del empleo en la actual economía de los pequeños encargos. Por ejemplo, una adolescente podría estar diseñando una página web para el pequeño negocio de su tía y gestionando su cuenta de Instagram durante 10 horas a la semana. Sin embargo, pasará desapercibida para la Oficina de Estadísticas Laborales y es probable que no se la contabilice como empleada.
Una segunda explicación podría ser consecuencia de los cambios en la economía y el mercado laboral nacionales. Por ejemplo, existe el llamado “efecto Amazon”. Mientras que en el pasado eran bastante habituales los trabajos vendiendo camisetas en el centro comercial o en el paseo marítimo, cada vez más personas compran sus “cosas” en línea. Como consecuencia, los comercios minoristas y las pequeñas tiendas probablemente puedan arreglárselas con su plantilla actual. Por tanto, esos puestos de trabajo no abundan.
Además, Chrisopher L. Smith, de la Reserva Federal, ha realizado una investigación que concluye que los inmigrantes con menor nivel educativo están ocupando empleos que tradicionalmente eran de verano para adolescentes. Curiosamente, también existe la competencia de los trabajadores de más edad, que permanecen más tiempo en el mercado laboral o están dispuestos a aceptar empleos “puente”. En 2015, la tasa de participación en la fuerza laboral de las personas de 55 años o más fue del 39 por ciento, frente al 34 por ciento de las personas de entre 16 y 19 años.
En algunos casos, más jóvenes se han interesado por programas educativos, experienciales o de justicia social que no son remunerados. Además, existe un interés constante por los “campamentos” que combinan la formación en determinadas habilidades, como “campamentos” que combinan la formación en determinadas habilidades, como programación y escritura, con cierta actividad física.
Búsqueda de formación superior
Otros estudiantes de secundaria podrían estar cursando asignaturas de verano para mejorar sus perspectivas de cara a la universidad. Esto probablemente influye más en las familias de clase media y alta, para las que seguir una trayectoria universitaria es más automático, pero que perciben la competencia como muy alta, según los padres helicóptero, que a menudo se implican en exceso para facilitar el objetivo universitario en el instituto e incluso desde la guardería.
Además, hoy existen centros de información sobre oportunidades de viaje y misiones de justicia social, que se han vuelto más populares no solo entre los universitarios, sino también entre estudiantes de secundaria. Tanto los adolescentes como sus padres consideran que tener una o más de estas experiencias en la solicitud de admisión a la universidad puede ser la ventaja necesaria para acceder a una universidad de élite. De hecho, según Andy Challenger, vicepresidente de Challenger, Gray and Christmas, una firma nacional que sigue las tendencias laborales, los padres no empujan exactamente a sus hijos a salir de casa. “Sus padres no les obligan a conseguir un trabajo”, afirmó Challenger. “Los padres dicen que hay otras cosas que puedes hacer en verano que te aportarán valor, y no tienes que vender hamburguesas”.
Por último, existen problemas relacionados con la forma en que los empleadores perciben a los jóvenes trabajadores en general. Según una encuesta de la National Association of Colleges and Employers, el 89,4 por ciento de los graduados recientes se considera competente en su ética de trabajo y profesionalidad. Sin embargo, solo el 42,5 por ciento de los empleadores comparte esa opinión.




