Una encuesta de 2020 revela que más de una cuarta parte de los encuestados presentaba riesgo de problemas de salud mental de nivel clínico.
De los ocho países encuestados, Singapur ocupó el primer puesto en bienestar de salud mental.
Mientras que el Reino Unido y Sudáfrica ocuparon los últimos puestos.
Los jóvenes y las personas no binarias o de género tercero son quienes más sufren.
El informe subraya la importancia del sueño, el ejercicio y la socialización para mejorar la salud mental.
Hay que enseñar a los jóvenes la importancia del sueño, el ejercicio y la socialización para hacer frente a la crisis mundial de salud mental agravada por la pandemia.
También es necesario tomar medidas para contrarrestar los efectos de las políticas que han provocado periodos de aislamiento social durante la pandemia de COVID-19, especialmente en lo que respecta a los jóvenes.
Estos son algunos de los hallazgos del primer Mental State of the World Report 2020 de Sapien Labs, que ha analizado las tendencias del bienestar mental en ocho países de habla inglesa. Si bien se hace eco de muchos de los llamamientos a que las personas cuiden bien de sí mismas, el informe también señala el papel de la política social y económica.
El informe forma parte del proyecto Mental Health Million de Sapien Labs, cuyo objetivo es obtener una visión del bienestar de la salud mental en todo el mundo. Sus conclusiones se basan en una evaluación en línea denominada Mental Health Quotient (MHQ), que han completado unas 49 000 personas a lo largo de nueve meses. Aunque su enfoque se ha centrado en ocho países de habla inglesa, Sapien Labs afirma que ha recogido respuestas de personas de 130 países.
Un desafío global de gran alcance
Según el informe, las personas de Singapur obtuvieron la puntuación más alta en bienestar mental, con un MHQ medio de 94. Estados Unidos ocupó el segundo lugar, con un MHQ de 72. En comparación, los países con las puntuaciones más bajas fueron el Reino Unido (MHQ 54) y Sudáfrica (MHQ 56).
En promedio, más de una cuarta parte (26 %) de todos los encuestados presentaba, o corría riesgo de padecer, problemas de salud mental de nivel clínico. En consonancia con la clasificación de los países, los de Singapur eran los que menos riesgo corrían. Los más expuestos estaban en el Reino Unido (31,5 %) y también en Nueva Zelanda (30 %).
Los adultos que viven en Canadá y Australia eran los más propensos a buscar ayuda profesional, y los menos propensos eran los de la India.
Pero, según el informe, son los jóvenes quienes soportan la carga más pesada.
Brecha generacional
La puntuación media de MHQ de los adultos de 65 años o más es de 115. A medida que disminuye la edad, también disminuyen las puntuaciones de MHQ. En comparación, el grupo de 18 a 24 años tiene una puntuación media de solo 29. Más preocupante aún es que, mientras que el 6 % del grupo de 65 años o más se encuadra en la categoría clínica o de riesgo, entre los jóvenes de 18 a 24 años la cifra equivalente es del 44 %.
En el otro extremo del espectro, el 70 % de los mayores de 65 años se consideró en las categorías de Succeeding o Thriving, mientras que solo el 17 % del grupo de 18 a 24 años lo estaba. «La magnitud de la diferencia en una medida tan agregada debe sonar como una fuerte alarma», afirma el informe.
La brecha generacional en el bienestar mental se encontró en los ocho países encuestados. Según el informe, el tamaño de la brecha se consideró «grande en todas partes; fue mayor entre los encuestados que viven en Singapur y menor entre los que viven en Canadá».
Otro grupo que registró puntuaciones más bajas de bienestar mental fue el de los encuestados no binarios o de género tercero. «En promedio, las puntuaciones de MHQ fueron 50 puntos MHQ más bajas en los encuestados no binarios o de género tercero (MHQ medio de 22) en comparación con los encuestados hombres (MHQ medio de 71)», afirma el informe. Los pensamientos suicidas, incluidas las intenciones, así como la sensación de desconexión de la realidad, se citaron como sentimientos habituales en este grupo de encuestados.
La larga sombra de la COVID-19
La pandemia ha sido uno de los principales factores del descenso general del bienestar mental y del agravamiento de las diferencias relacionadas con la edad. El informe añade: «Este hallazgo coincide con otros informes que indican que las consecuencias de la pandemia tienen un impacto desproporcionado en los jóvenes», a pesar de que este grupo es el que menos riesgo corre frente a la propia COVID-19.
De los encuestados, el 3,9 % declaró haber tenido COVID-19, y el 0,7 % había enfermado gravemente. Sin embargo, el 57 % afirmó haber sufrido consecuencias negativas para su salud, sus finanzas o su vida social a causa de la pandemia. Los más afectados fueron las personas que no pudieron recibir atención médica para sus afecciones preexistentes debido a la pandemia y quienes perdieron a un familiar cercano por el virus.
El 1,4 % de los encuestados señaló como problema la dificultad para costearse artículos de primera necesidad durante la pandemia. Sus puntuaciones de MHQ fueron 55 puntos inferiores a las de quienes no sufrieron este tipo de contratiempos económicos.
Entre sus recomendaciones para abordar la crisis actual y cualquier posible repetición futura, el informe insta a combinar la responsabilidad personal con intervenciones estratégicas por parte de los responsables de las políticas y del gobierno.
El sueño, la interacción social y el ejercicio influyen considerablemente en todos los aspectos de la función mental.
Los encuestados que afirmaron dormir lo suficiente, mantener una interacción social y hacer ejercicio físico con regularidad obtuvieron puntuaciones de MHQ más altas que quienes no lo hicieron. Según el informe, la importancia de estas actividades debe incluirse entre los temas que se tratan en colegios e institutos, como forma de impartir formación en habilidades de bienestar importantes.




