Algunas empresas conocen los beneficios de dormir bien y cuentan con instalaciones como salas para echarse una siesta o sistemas de iluminación que regulan la melatonina, la hormona del sueño.
Un estudio que probó ofrecer a los trabajadores siestas de 30 minutos por la tarde mostró un aumento del 14 % en la productividad.
Seguir investigando en este ámbito podría beneficiar a trabajadores y empleadores.
Hoy en día, muchas empresas se toman más en serio el bienestar en el trabajo. Al fin y al cabo, investigaciones recientes han demostrado que más de una cuarta parte de los trabajadores de la generación Z —nacidos entre 1997 y 2012— busca beneficios laborales que les ayuden a lidiar con el estrés. Entre ellos figuran cápsulas para dormir, salas de meditación y sillones de masaje.
La atención que se presta al sueño es importante. Un análisis realizado en 2018 por la organización de investigación RAND Corporation indica que un país podría perder hasta el 3 % de su PIB debido a la falta de sueño. A nivel organizativo, algunas empresas conocen los beneficios de dormir bien. Según se informa, la sede de Nike en Portland, Oregón, cuenta con salas que los empleados pueden usar para echarse una siesta. Otras empresas han instalado sistemas de iluminación para regular la melatonina, la hormona del sueño, y así facilitar que los empleados desconecten al terminar la jornada por la noche.
Pero la idea de «dormir en el trabajo» incorporando siestas a la jornada laboral sigue siendo anatema para la mayoría de las empresas, aunque mejore el bienestar mental o ayude a atraer al mejor talento. La ciencia del sueño ha avanzado mucho en los últimos años, y los experimentos de laboratorio confirman lo que muchos ya sospechaban: dormir poco puede perjudicar la función cognitiva y la salud mental.
De hecho, un estudio que realicé con académicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts, Harvard y la Universidad de Pensilvania utilizó actígrafos (dispositivos que miden los patrones de sueño de pacientes con trastornos del sueño) para monitorizar el sueño de un grupo de unos 450 adultos en Chennai, India. Descubrimos que solo dormían 5,5 horas por noche y que el sueño que conseguían era de mala calidad. Aunque pasaban ocho horas en la cama, su sueño se interrumpía muchísimo, a un nivel comparable al de personas con trastornos como la apnea del sueño o el insomnio.
Durante tres semanas, ofrecimos una serie de intervenciones a distintos grupos de trabajadores para ver cómo afectaban a su cognición, productividad, toma de decisiones y bienestar mientras desempeñaban tareas de introducción de datos en una oficina con horario flexible. En ese entorno, pudimos registrar las horas trabajadas, medir la productividad y la oferta de trabajo, y encuestar a los participantes sobre su bienestar psicológico y físico.
A algunos integrantes del grupo del ensayo se les ofrecieron tratamientos para dormir por la noche, incluidos artículos para mejorar su entorno, como antifaces para dormir, ventiladores o colchones. También recibieron consejos sobre los beneficios de dormir bien, las horas de sueño recomendadas y estrategias para mejorar el sueño. A otros se les ofrecieron incentivos económicos y se les prometió un pago cuando los actígrafos registraran que habían dormido más.
Dormir por la noche o echarse una siesta
Estas intervenciones para dormir por la noche aumentaron el tiempo de sueño en un promedio de 27 minutos. Sin embargo, dormir más no mejoró la cognición, la productividad, la toma de decisiones ni el bienestar de los trabajadores. También redujo ligeramente la oferta de trabajo, ya que las personas llegaban más tarde a la oficina porque dormían durante más tiempo.
A otro grupo de participantes se le ofreció la posibilidad de echarse una siesta de 30 minutos por la tarde en un entorno cómodo y tranquilo. Este grupo mostró mejoras notables en los resultados que examinábamos, entre ellos el bienestar psicológico y la cognición, además de un aumento promedio del 2,3 % en la productividad a lo largo del día.
Esto podría deberse a que las siestas coincidían con el bajón de energía habitual a media tarde. Además, el entorno que preparamos para las siestas propiciaba un sueño de mayor calidad que el que los participantes del estudio solían tener en casa, donde habían señalado interrupciones como el ruido del tráfico o los mosquitos.
Como parte del experimento, también variamos aleatoriamente la remuneración según el período: en algunos momentos, los participantes ganaron cuatro veces más que los demás. Esto nos permitió comparar nuestros resultados con un aumento salarial. Esa medida elevó la productividad un 14 %, y nuestros resultados sugirieron que echarse una siesta al mediodía aumentaba la productividad tanto como una subida salarial del 50 %.
Limitaciones de la investigación sobre el sueño
La investigación sobre el sueño suele centrarse en el sueño nocturno y en cómo afecta a las personas de las economías desarrolladas. Además, casi siempre se ha llevado a cabo en laboratorios del sueño, en lugar de estudiar las experiencias reales de las personas en casa.
Investigar más en este ámbito sería muy beneficioso tanto para los trabajadores de las economías de bajos ingresos como para los empleadores del mundo desarrollado. De hecho, otro artículo más reciente en el que trabajé anima a otros a realizar experimentos de campo para obtener más pruebas sobre el sueño. Esto podría incluir explorar los efectos de distintas intervenciones, como modificar el entorno físico para dormir, o de políticas sociales, como cambiar los horarios de trabajo.
Las empresas también podrían realizar experimentos informales para estudiar el valor de las siestas. Identifiquen dos grupos de empleados, permitan que uno de ellos se eche la siesta y comparen los resultados a lo largo del tiempo para ver si le conviene a la empresa. Instalar unos pocos espacios insonorizados para dormir o «cápsulas para dormir» también podría mejorar la productividad o el bienestar de los empleados a un costo relativamente bajo.
Educar a los empleados sobre el valor de dormir bien y animarlos a reservar tiempo en su agenda diaria —sobre todo ahora que muchas personas trabajan desde casa a veces— también podría traducirse en mejoras de productividad.
Reducir el tiempo de trabajo de una persona durante el día puede parecer contradictorio, sobre todo cuando los presupuestos son ajustados y el costo de la vida está subiendo. Sin embargo, los beneficios a largo plazo para el bienestar podrían mejorar la retención de los empleados y la buena disposición hacia las empresas que sí les permiten dormir en el trabajo.



