Por qué la verdadera felicidad no consiste en estar feliz todo el tiempo

People sit in the sunshine in St James's park in central London March 1, 2012. REUTERS/Paul Hackett (BRITAIN - Tags: CITYSPACE ENVIRONMENT) - LM1E83117B501
Happiness experts have argued that happiness is not a stable, unchangeable trait.Image: REUTERS/Paul Hackett
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Durante las últimas dos décadas, el movimiento de la psicología positiva ha dado un nuevo impulso a la investigación psicológica con su ciencia de la felicidad, el potencial humano y el florecimiento. Sostiene que los psicólogos no solo deberían investigar las enfermedades mentales, sino también qué hace que la vida merezca la pena.

El padre fundador de la psicología positiva, Martin Seligman, describe la felicidad como la experiencia frecuente de emociones positivas, como la alegría, el entusiasmo y la satisfacción, combinada con sentimientos más profundos de sentido y propósito. Implica una mentalidad positiva en el presente y una perspectiva optimista de futuro. Es importante señalar que los expertos en felicidad sostienen que esta no es un rasgo estable e inmutable, sino algo flexible en lo que podemos trabajar y hacia lo que podemos aspirar.

Durante los últimos cuatro años he impartido talleres sobre la felicidad basados en las pruebas de este campo de la psicología. Los talleres son divertidos y me he ganado la reputación de «Mrs Happy», pero lo último que querría es que alguien creyera que estoy feliz todo el tiempo. Aspirar a una vida feliz es una cosa; aspirar a estar feliz todo el tiempo es poco realista.

Investigaciones recientes indican que la flexibilidad psicológica es clave para alcanzar una mayor felicidad y bienestar. Por ejemplo, estar abiertos a las experiencias emocionales y ser capaces de tolerar periodos de malestar puede ayudarnos a avanzar hacia una existencia más plena y con más sentido.

Los estudios han demostrado que la manera en que respondemos a las circunstancias de nuestra vida influye más en nuestra felicidad que los propios acontecimientos. Experimentar estrés, tristeza y ansiedad a corto plazo no significa que no podamos ser felices a largo plazo.

La ciencia de la felicidad. Dos caminos hacia la felicidad

Desde un punto de vista filosófico, hay dos caminos para sentirse feliz: el hedonista y el eudaimónico. Los hedonistas consideran que, para llevar una vida feliz, debemos maximizar el placer y evitar el dolor. Esta perspectiva busca satisfacer los apetitos y deseos humanos, pero sus efectos suelen durar poco.

En cambio, el enfoque eudaimónico adopta una perspectiva a largo plazo. Sostiene que debemos vivir de forma auténtica y en favor del bien común. Debemos buscar el sentido y desarrollar nuestro potencial mediante la bondad, la justicia, la honestidad y el valor.

Si entendemos la felicidad en sentido hedonista, debemos seguir buscando nuevos placeres y experiencias para «recargar» nuestra felicidad. También intentaremos reducir al mínimo los sentimientos desagradables y dolorosos para mantener el ánimo alto.

Image: Blog Wonk

Si, en cambio, adoptamos el enfoque eudaimónico, aspiramos a encontrar sentido y aprovechamos nuestras fortalezas para contribuir a algo más grande que nosotros mismos. Esto puede implicar experiencias y emociones desagradables en ocasiones, pero a menudo conduce a niveles más profundos de alegría y satisfacción. Por tanto, llevar una vida feliz no consiste en evitar los momentos difíciles; consiste en poder responder a la adversidad de una manera que nos permita crecer a partir de la experiencia.

Crecer a partir de la adversidad

Las investigaciones muestran que experimentar adversidad puede ser bueno para nosotros, según cómo respondamos a ella. Tolerar el malestar puede hacernos más resilientes y llevarnos a actuar en nuestra vida, por ejemplo, cambiando de trabajo o superando dificultades.

En estudios sobre personas que afrontan un trauma, muchas describen su experiencia como un catalizador de cambios y transformaciones profundos, que dan lugar a un fenómeno conocido como «crecimiento postraumático». A menudo, después de afrontar dificultades, enfermedades o pérdidas, las personas describen su vida como más feliz y con más sentido.

A diferencia de sentirse feliz, que es un estado pasajero, llevar una vida más feliz consiste en crecer como persona al encontrar sentido. Consiste en aceptar nuestra humanidad, con todos sus altibajos, disfrutar de las emociones positivas y aprovechar los sentimientos dolorosos para alcanzar todo nuestro potencial.

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