Este artículo se publica en colaboración con Duke Forward. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde los puntos de vista expresados.
Usted sabe que algo ocurre con su salud cuando su temperatura corporal supera los 99 grados Fahrenheit, siente dolor o su corazón late a un ritmo acelerado sin explicación. Prestamos atención a estas señales claras de funciones corporales atípicas. Cualquiera puede medirlas fácilmente en cualquier lugar, y estas mediciones motivan a nuestros médicos o a nosotros mismos a actuar. Nuestros signos vitales nos indican cuándo el cuerpo no funciona correctamente y cuándo nuestra salud requiere atención.
Los cinco signos vitales para medir las funciones básicas del cuerpo son:
presión arterial,
temperatura corporal,
frecuencia respiratoria,
frecuencia cardíaca, y
dolor.
¿Sabía usted que existe otro signo vital igual de importante, pero ampliamente ignorado? Es su velocidad al caminar.
Janet Bettger es profesora asociada e investigadora en servicios de salud de la Facultad de Enfermería de la Universidad de Duke, del Instituto de Investigación Clínica de Duke y del Instituto de Salud Global de Duke. Afirma que la movilidad no solo se asocia con la capacidad de una persona para mantenerse físicamente activa, sino que también aporta información sobre lo que ocurre actualmente en el cuerpo y puede predecir la salud futura.
“La movilidad está asociada con todos los sistemas del cuerpo”, afirmó Bettger. “Cuando la velocidad al caminar de una persona se vuelve más lenta de lo normal, nos indica que algo podría estar fallando en uno de estos sistemas o que deberíamos preguntar por su bienestar mental y social.”
Como miembro sénior del Centro de Estudio del Envejecimiento y el Desarrollo Humano de Duke y miembro de la American Heart Association, Bettger centra su investigación en mejorar la salud y la atención sanitaria, especialmente para las personas en riesgo de deterioro funcional o que viven con discapacidades.
“Quiero lograr que el mundo reconozca la velocidad al caminar como signo vital, porque podríamos prevenir mucho dolor y sufrimiento”, afirmó Bettger. “Incluso en Estados Unidos, con más de 35 millones de altas hospitalarias cada año y millones más que reciben atención en la comunidad, monitorear la velocidad al caminar proporcionaría intervenciones directas y específicas, y serviría de base para promover una mejor salud.”
Escuche más de Bettger sobre la velocidad al caminar como signo vital crítico en Duke Forward in Denver—Ideas That Move the World Forward el 16 de noviembre. Aquí destaca cinco datos sorprendentes sobre su velocidad al caminar:
La velocidad al caminar es un indicador crítico de su salud.
Su velocidad al caminar es un predictor más preciso de su esperanza de vida que solo la edad o el sexo.
La velocidad al caminar también predice un conjunto complejo de otros indicadores de salud, como la función cognitiva y el bienestar mental y físico.
Más que cualquier otro signo vital, la velocidad al caminar puede predecir caídas, hospitalizaciones y deterioro funcional en personas mayores.
Una persona necesita caminar 1,14 metros por segundo para cruzar de forma segura una carretera de dos carriles. Si determinamos que existen diferencias comunitarias o regionales en la velocidad normal al caminar de una población, podríamos modificar la sincronización de las señales de los cruces peatonales y mejorar la seguridad de los peatones.
Acuda a Duke Forward in Denver para mejorar sus pasos hacia una mejor salud y para unirse al movimiento social que busca clasificar la velocidad al caminar como el sexto signo vital.
Para más información sobre la velocidad de la marcha y los indicadores de salud:
“Gait Speed and Survival in Older Adults.” JAMA, 2011.
“Walking Speed: the Sixth Vital Sign.” Journal of Geriatric Physical Therapy, 2009.
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Autora: Janet Bettger es profesora asociada e investigadora en servicios de salud de la Facultad de Enfermería de la Universidad de Duke, del Instituto de Investigación Clínica de Duke y del Instituto de Salud Global de Duke.
Imagen: Peatones caminan dentro de una estación de tren en Tokio, noviembre de 2006. REUTERS/Yuriko Nakao.


