Cada 67 segundos, a alguien en Estados Unidos se le diagnostica la enfermedad de Alzheimer, y nuevas estimaciones sugieren que podría ser la tercera causa principal de muerte entre las personas mayores.
La enfermedad de Alzheimer se asocia con pérdidas de memoria en las personas mayores que, con el tiempo, llegan a ser lo bastante graves como para interferir con las funciones cotidianas normales. Otros signos del Alzheimer incluyen cambios en la capacidad de comunicarse, pérdidas del lenguaje, una menor capacidad de concentración y atención, deterioro del juicio y otros cambios de conducta.
Las personas con enfermedad de Alzheimer experimentan cambios en el cerebro (que podemos observar en las autopsias). A lo largo de la enfermedad, se acumulan grupos de proteínas (llamados placas seniles) y ovillos en las neuronas (llamados ovillos neurofibrilares). Estas placas y ovillos interfieren con el funcionamiento del cerebro y alteran conexiones importantes para conservar intactas las capacidades de aprendizaje y memoria.
La mayoría de los estudios destinados a desarrollar tratamientos para la enfermedad de Alzheimer utilizan ratones modificados genéticamente para producir proteínas humanas con mutaciones. Pero estas mutaciones suelen estar presentes en menos del 5 % de las personas con enfermedad de Alzheimer. Esta limitación puede dificultar la traslación a las personas de los beneficios de un tratamiento probado en estudios con ratones. Sin embargo, hay varios animales que desarrollan de forma natural cambios cerebrales similares a los humanos y muy parecidos a los de la enfermedad de Alzheimer, incluidos los perros.
Perros mayores, nuevos trucos de investigación
Los perros mayores pueden enseñarnos mucho sobre el envejecimiento. A medida que envejecen, algunos desarrollan problemas de aprendizaje y memoria, como nosotros. Y, al igual que ocurre con las personas, no todos los perros mayores sufren deterioro. De hecho, algunos siguen siendo vivaces y capaces de aprender tan bien como los perros más jóvenes, aunque quizá tarden un poco más en alcanzar niveles altos de rendimiento.
Cuando un perro mayor tiene problemas cognitivos, podemos observarlos como cambios de conducta que pueden afectar la relación entre sus dueños y sus mascotas. Por ejemplo, un perro mayor con problemas cognitivos puede olvidarse de avisar que quiere salir, permanecer despierto por la noche y dormir todo el día, o tener dificultades para reconocer a las personas u otras mascotas de la familia. Esto es similar a lo que ocurre con una persona con enfermedad de Alzheimer, que puede tener dificultades para comunicarse, alteraciones de los ciclos de sueño y vigilia y problemas para recordar a familiares y amigos.
Cuando los perros de edad avanzada presentan cambios cognitivos que no se deben a otras enfermedades sistémicas, estos se relacionan con cambios cerebrales sorprendentemente similares a los de las personas. Por ejemplo, los perros mayores desarrollan placas seniles en el cerebro compuestas por una proteína idéntica a la que producen los humanos. Esta proteína, llamada beta-amiloide, es tóxica para las células cerebrales.
A diferencia de los ratones y las ratas, los perros mayores desarrollan de forma natural una patología cerebral significativa, como la que observamos en las personas. En este sentido, los perros que envejecen pueden parecerse a los humanos que envejecen de una manera más natural o realista que los ratones con mutaciones genéticas.
Hay muchos otros cambios en el cerebro de las personas con enfermedad de Alzheimer que también se observan en perros de edad avanzada. Entre ellos figuran cambios en los vasos sanguíneos del cerebro, la acumulación de proteínas dañadas y la pérdida de células, así como cambios en las sustancias químicas que sustentan las células cerebrales. Estos cambios pueden verse modificados por factores relacionados con el estilo de vida.
Vida saludable, envejecimiento saludable
Hay muchos informes sobre cómo nuestro estilo de vida puede favorecer o perjudicar el envejecimiento. Los alimentos que comemos pueden influir considerablemente en cómo envejece nuestro cerebro. Por ejemplo, varios estudios realizados en personas muestran que las dietas enriquecidas con antioxidantes (que incluyen muchas frutas y verduras) y la dieta mediterránea se asocian con un envejecimiento cerebral más saludable.
El ejercicio físico y una buena salud cardiovascular también parecen asociarse con un menor riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer y la enfermedad cerebrovascular, que es una causa de demencia. Mantener el cerebro activo y estimularlo con rompecabezas, juegos para el cerebro y una vida social enriquecedora también se relaciona con una mejor memoria y un menor riesgo de enfermedad; hay estudios en curso con personas para medir sistemáticamente sus efectos.
Beagles y el cerebro
Los perros pueden ser muy adecuados para ayudarnos a entender cómo estos factores del estilo de vida ayudan al cerebro a medida que envejecemos. Nuestro laboratorio empezó a estudiar beagles a principios de la década de 1990, cuando había interés en desarrollar un fármaco para tratar la «demencia canina», a partir de las observaciones de los dueños de mascotas sobre los cambios de conducta en sus perros mayores. En aquel momento se sabía poco sobre los cambios en el aprendizaje y la memoria de los perros que envejecían (beagles de más de ocho años), y nuestras primeras investigaciones se diseñaron para encontrar formas de medir sistemáticamente esos cambios.
El primer paso fue enseñar a los perros a observar distintos objetos (por ejemplo, un bloque de Lego o un camión de juguete) y a aprender que uno de los dos siempre escondía una recompensa de comida. Cuando cambiamos la recompensa al objeto que antes no la ofrecía, los perros mayores siguieron eligiendo el objeto equivocado. Los perros jóvenes cambiaron muy rápidamente al objeto nuevo.
Al contar cuántos errores cometían los perros al aprender la tarea, vimos que, en general, los perros mayores cometían muchos más. Curiosamente, no todos sufrían deterioro. Otro subgrupo de perros mayores mostraba pérdidas significativas en su capacidad para recordar información, y algunos presentaban cambios en su capacidad para ser «flexibles» al modificar su conducta.
Esto es muy parecido a lo que ocurre con las personas. No todo el mundo envejece de la misma manera: algunas personas se mantienen muy lúcidas hasta bien entrada la vejez. Tras medir los cambios en el aprendizaje y la memoria de los perros, estudiamos a continuación los cambios cerebrales más estrechamente vinculados con esas pérdidas cognitivas. Descubrimos que las placas seniles eran más frecuentes en el cerebro de los perros mayores que tenían problemas de aprendizaje y memoria. En nuestros estudios más recientes, hemos buscado maneras de mejorar la salud cerebral de los perros mayores, con la esperanza de que estos enfoques puedan aplicarse al envejecimiento saludable de las personas.
Por ejemplo, en varios estudios sobre el envejecimiento de los beagles, hemos descubierto que una dieta rica en antioxidantes, que incluya vitaminas E y C y, algo muy importante, frutas y verduras, puede aportar grandes beneficios a las capacidades de aprendizaje y memoria, que pueden mantenerse durante años.
Por ejemplo, los perros que tenían dificultades para recordar dónde habían visto una recompensa de comida (un ejemplo de memoria espacial) mostraron mejoras significativas de la memoria con el tiempo. Además, los perros mayores mejoraron rápidamente su capacidad para modificar su conducta cuando cambiaban las reglas de la tarea que estaban aprendiendo (un ejemplo de mejora de la función ejecutiva).
Además, proporcionar a los perros ejercicio físico, enriquecimiento social y «juegos para el cerebro» (como el juego de la recompensa de comida) también puede mejorar significativamente la cognición a medida que envejecen.
Si tenemos en cuenta estos factores, quizá podamos adoptar estrategias y cambios en el estilo de vida que beneficien a ambas especies. El ejercicio, la interacción social y aprender nuevos trucos: participar en las mismas actividades que nuestros animales de compañía de edad avanzada puede tener beneficios para ambos: para ellos y para nosotros.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: La Dra. Elizabeth Head es profesora asociada en el Sanders-Brown Center on Aging de la University of Kentucky.
Imagen: Modelos de yeso frenológicos de cabezas, que muestran distintas partes del cerebro, expuestos en la Wellcome Collection de Londres el 27 de marzo de 2012. REUTERS/Chris Helgren.


