Es más probable que los soldados hablen abiertamente sobre el estrés postraumáticocuando los entrevista un entrevistador virtual que cuando responden una encuesta, según un estudio publicado hoy en la revista de acceso abierto Frontiers in Robotics and AI. Un entrevistador «humano» generado por ordenador combina las ventajas del anonimato con la conexión social y la compenetración, lo que podría ayudar a los soldados a revelar más sobre sus síntomas de salud mental.
Los soldados que han vivido situaciones de combate pueden desarrollar trastorno de estrés postraumático (TEPT), que incluye pensamientos, sentimientos y sueños perturbadores. El estigma que rodea a los problemas de salud mental puede hacer que las tropas se muestren reacias a admitir que tienen síntomas o a pedir ayuda. «Dejar el TEPT sin tratar puede tener consecuencias potencialmente desastrosas, incluidos intentos de suicidio, afirma Gale Lucas, de la Universidad del Sur de California.
Tras una misión, el ejército estadounidense evalúa la salud mental de sus tropas mediante una encuesta escrita llamada Evaluación de Salud Posterior al Despliegue (PDHA, por sus siglas en inglés), que mide los síntomas del TEPT. Sin embargo, los resultados pueden afectar las perspectivas profesionales de un soldado en el ejército. Por eso, es posible que no estén dispuestos a ser completamente sinceros.
Estudios anteriores han demostrado que las personas suelen estar más dispuestas a proporcionar información delicada en encuestas anónimas, porque se sienten más seguras y menos expuestas. Sin embargo, los entrevistadores humanos pueden establecer una buena relación con las personas entrevistadas, algo que no es posible en una encuesta anónima. Cuando un entrevistador establece una conexión social con una persona entrevistada, esta suele abrirse con más facilidad.
Un entrevistador «humano» generado por ordenador podría ofrecer una solución que combine las habilidades de los entrevistadores humanos para establecer una buena relación con la sensación de anonimato y seguridad que ofrecen las encuestas anónimas. Estos entrevistadores virtuales pueden utilizar diversas técnicas para crear esa relación, como una expresión y una postura acogedoras, además de mostrarse atentos y receptivos.
Lucas y sus colegas plantearon la hipótesis de que un entrevistador virtual ayudaría a los soldados a revelar con mayor facilidad los síntomas del TEPT. El equipo de investigación puso a prueba esta hipótesis con un grupo de soldados tras un despliegue de un año en Afganistán.
Las tropas completaron la encuesta oficial PDHA y, a continuación, una versión anónima en la que seleccionaron respuestas en un ordenador. También participaron en una entrevista anónima con un entrevistador virtual, que estableció una buena relación antes de preguntarles por los síntomas habituales del estrés postraumático.
Sorprendentemente, las tropas revelaron muchos más síntomas de TEPT al entrevistador virtual que en cualquiera de las dos encuestas. El equipo de investigación repitió el experimento con un grupo más numeroso de soldados y veteranos; esta vez comparó únicamente la encuesta PDHA anónima y una entrevista anónima con un entrevistador virtual.
En este segundo experimento, los soldados y veteranos con síntomas más leves de trastorno de estrés postraumático se abrieron y revelaron más síntomas al entrevistador virtual que en la encuesta PDHA anónima. Esto sugiere que las entrevistas virtuales podrían ayudar a detectar síntomas de TEPT que las técnicas de entrevista actuales no logran identificar y facilitar que los soldados accedan a tratamientos que necesitan con urgencia.
«Estas tecnologías podrían ofrecer a los soldados una forma segura de recibir información sobre su riesgo de padecer trastorno de estrés postraumático», afirma Lucas. «Al recibir de un entrevistador humano virtual comentarios anónimos que les indiquen que están en riesgo de sufrir TEPT, podrían animarse a pedir ayuda sin que sus síntomas queden registrados en su expediente militar».
El potencial de la tecnología informática visual para recopilar o transmitir información es enorme, y los investigadores empiezan a explorar sus aplicaciones en distintos ámbitos de la atención sanitaria. Por ejemplo, en un artículo reciente publicado en Frontiers in Public Health, unos investigadores probaron una demostración educativa para personas que consumen drogas, presentada en tabletas en una clínica de intercambio de jeringuillas. Después de la demostración, estas personas demostraron tener más conocimientos sobre las infecciones por hepatitis C, las pruebas del VIH y la prevención de sobredosis.



