Una psicóloga de Harvard afirma que demasiadas personas entienden la felicidad al revés

Japanese women wearing kimonos smile after their Coming of Age Day celebration ceremony at an amusement park in Tokyo, Japan January 9, 2017. REUTERS/Kim Kyung-Hoon
Obsessing over your happiness can only make you more unhappy.Image: REUTERS/Kim Kyung-Hoon
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En general, esforzarse mucho es una excelente manera de conseguir la mayoría de las cosas que uno desea en la vida.

Esfuérzate más en el trabajo y tus posibilidades de ascender casi con toda seguridad mejorarán, al menos más de lo que lo harían si simplemente aceptaras la situación actual y te dedicaras a holgazanear.

Ten muchas citas y tendrás más posibilidades de conocer a tu alma gemela que si te quedaras en casa, abatido en el sofá.

Así que, si lo que quieres es ser feliz, tiene sentido pensar que tratar activamente de ser más feliz es el camino seguro para lograrlo, sobre todo si lo comparamos con resignarse a un futuro en el que no volverás a sonreír.

Pero los psicólogos están descubriendo cada vez más que, cuando se trata de la felicidad, esforzarse puede ser contraproducente. En cambio, la clave paradójica de la verdadera felicidad parece consistir en aceptar la infelicidad, en vez de obligarte a sentir algo que no sientes.

Susan David lo llama «estar presente» ante las propias emociones.

David es psicóloga en la Facultad de Medicina de Harvard y autora del libro «Agilidad emocional». En el libro, enseña a los lectores a lidiar con sus emociones de forma saludable, sin ocultarlas ni dejar que sus sentimientos controlen su comportamiento.

David sostiene que, una vez que aprendas a afrontar tus emociones, vivirás una vida más plena y auténtica.

Cuando me reuní con David en agosto, me dijo:

«Cuando nos fijamos una meta concreta en torno a la felicidad, eso puede llevarnos a interpretar cada decepción, cada revés y cada preocupación como prueba de que no somos lo bastante felices o casi como prueba de que hemos fracasado en nuestro intento de ser felices. Y, sencillamente, no es una forma realista de vivir».

Quienes se obsesionan con ser felices suelen acabar siendo menos felices que los demás

Cada vez hay más pruebas que respaldan esta idea.

En su libro, David cita un estudio que descubrió que las personas a quienes se pidió que leyeran sobre los beneficios de la felicidad estaban menos felices después de ver una película alegre que quienes habían leído algo sin relación con el tema.

Mientras tanto, el año pasado informé sobre una investigación que descubrió que cuanto más valoran las personas la felicidad (por ejemplo, si están muy de acuerdo con la afirmación «Si no me siento feliz, quizá haya algo malo en mí»), menor es su bienestar general.

David tenía una explicación de por qué esto podría ser cierto: «Cuando las personas son muy infelices y se centran en pensar en positivo, eso puede llevarlas, en realidad, a apartar los pensamientos y emociones difíciles».

Imagínate que barres tus sentimientos difíciles y los escondes bajo la alfombra de la sala de estar de tu mente. Claro, todo parece perfecto, pero es solo cuestión de tiempo antes de que la basura empiece a desbordarse.

Prestar atención a las emociones negativas es fundamental

David dijo que es importante prestar mucha atención a esas emociones negativas, porque normalmente intentan decirte algo. Por ejemplo, quizá te sientas frustrado con tu jefe. La solución rápida sería restarle importancia a tu frustración y fingir que todo está bien.

En cambio, David anima a las personas a explorar esa frustración: quizá estés molesto porque tu jefe no reconoció debidamente la contribución de un compañero a un proyecto. Eso te indica que la justicia es un valor muy importante para ti.

«Esa información es muy, muy importante», dijo David. «Cuando nos centramos demasiado en ser felices, lo que ocurre es que dejamos de lado información fundamental que nos ayuda a aprender y adaptarnos en la vida. Y eso nos ayuda a forjar una vida conectada con nuestro propio latido».

Ahí es donde entra en juego «estar presente»:

«Con “estar presente” me refiero a dejar de luchar contigo mismo sobre si deberías sentir algo o no, si deberías pensar algo o no, ya sea un pensamiento malo o bueno».

No es más que un pensamiento.

«De una manera extraña», dijo David, «la aceptación es un paso previo al cambio».

Cuando escuchas esas emociones negativas y dejas que afloren sin juzgarlas, obtienes información valiosa que te permite ajustar tu vida en consecuencia.

En un caso extremo, quizá estés en el trabajo equivocado y haya llegado el momento de buscar otro. O quizá simplemente tengas que defenderte mejor en el trabajo.

Estas ideas se basan en la atención plena, es decir, la capacidad de prestar atención a los pensamientos, sentimientos y sensaciones corporales sin juzgarlos. El trabajo de David sugiere que no es necesario empezar a meditar para desarrollar más atención plena (aunque probablemente ayudaría): se trata más bien de aprender a mantenerte, en general, abierto a lo que piensas y sientes durante todo el día.

En última instancia, el objetivo es simplemente ser, en lugar de ser feliz; y eso resulta bastante liberador.

Esto es lo que dice David:

«Nuestro pacto con la vida es un pacto que se negocia con fragilidad, tristeza y ansiedad. Y, si queremos estar en este mundo de manera auténtica y significativa, no podemos centrarnos en una sola dimensión de la vida y esperar que ese enfoque nos dé una vida plena y equilibrada».

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