Liz Kakooza espera que su hija de siete años crezca en un país en el que no exista estigma en torno a la salud mental.
“Empieza a entender algunas de mis dificultades”, afirma Kakooza, que vive en Kampala (Uganda) y dirige La Fundación Tumaini, cuyo objetivo es sensibilizar sobre la salud mental y crear espacios seguros en los que las personas puedan hablar.
Le diagnosticaron depresión en 2015, más de una década después de que un trauma la desencadenara; esto la llevó a sufrir pensamientos suicidas y síntomas dolorosos durante la adolescencia.
“Algunos días no podía levantarme de la cama; había una sensación de tristeza extrema que simplemente no desaparece”, afirma.
“Viví muchas cosas durante mi infancia. Sé que me afectaron durante mucho tiempo y he tenido que trabajar con un terapeuta para superarlas.
“Subí mucho de peso, perdí el interés por cosas que antes me entusiasmaban y no tenía esperanza. Mis profesores solían decir que era brillante e inteligente, pero me costaba muchísimo terminar el colegio.”
Diagnóstico erróneo
La depresión también se manifestó en síntomas físicos, como dolores articulares, por lo que, durante años, los profesionales sanitarios diagnosticaron erróneamente a Kakooza, quienes le dijeron que padecía artritis “y un montón de otras enfermedades que en realidad eran solo una manifestación de la depresión que sufría”.
Considera que en Uganda la mayor parte del estigma en torno a la salud mental procede de los profesionales sanitarios: “No son muy sinceros con los pacientes. Prefieren dar un diagnóstico distinto en lugar de sugerir que consulte a un psiquiatra o que considere investigar un problema de salud mental”.
Tras investigar por su cuenta a través de “Google University”, Kakooza habló con su familia y decidió acudir a un psiquiatra para comprender sus síntomas. Afortunadamente, su madre la apoyó, mientras que otras personas de su entorno siguen considerándolo un tabú.
Los afortunados
Con la ayuda del seguro médico de su empleo, Kakooza pagó por consultar a un psiquiatra, que le diagnosticó depresión y probó con distintos tipos de medicación, hasta que encontró una que ha aliviado sus síntomas.
Aunque tardó 15 años en recibir ayuda, considera que tiene más suerte que otras personas de Uganda que no pueden permitirse la atención que necesitan. Solo el 1 % del gasto sanitario público se destina a la salud mental en el país, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En 2016, la OMS constató que solo había 0,09 camas para salud mental en hospitales generales por cada 100 000 habitantes en Uganda, frente a 11,1 en Estados Unidos.
Esta falta de recursos y de financiación, junto con sus propias experiencias, impulsó a Kakooza a cofundar la Fundación Tumaini, nombre que en suajili significa “esperanza”.
“Nadie debería sufrir durante tanto tiempo como yo lo hice antes de siquiera plantearse acudir a un psiquiatra”, afirma.
“Acudo a un terapeuta y hago terapia cognitivo-conductual, que me ayuda a sobrellevarlo, pero contar mi experiencia y trabajar para crear conciencia resulta muy terapéutico.”
Pasar a la acción

Junto con una red de psiquiatras, Kakooza, que acaba de terminar su mandato como coordinadora del Centro de Kampala del Foro Económico Mundial, promueve la defensa de la salud mental y organiza sesiones para que las mujeres se abran sobre sus dificultades en espacios seguros. Ofrece talleres pro bono a organizaciones y recopila datos sobre quienes trabajan en salud mental para facilitar las colaboraciones.

En el futuro, espera encuestar a jóvenes para conocer mejor el panorama de la salud mental en Uganda, abrir un centro de rehabilitación, poner en marcha una línea telefónica de asesoramiento para casos de suicidio y trabajar con el ejército.
“Hemos iniciado conversaciones con algunos generales que se han interesado mucho; algunos de ellos han compartido sus dificultades personales relacionadas con la adicción y los problemas de salud mental.
“Hay mucha política en el trabajo con el ejército en este país, y lidiar con esa burocracia es un reto. Pero confiamos en que todo salga bien.”
También quiere ir a los colegios y hablar de cómo el acoso escolar puede afectar al bienestar mental de los niños.
“Tiene un gran impacto en la forma en que se ven a sí mismos a medida que crecen”, afirma, y revela que su hija ha sido víctima de acoso escolar.
“Es toda una tarea sentarme con ella para tranquilizarla y reafirmarla. Y no dejo de pensar que probablemente hay niños pequeños por ahí cuyos padres ni siquiera tienen tiempo para hacerlo.”
Brecha de financiación
Todos estos planes necesitan fondos, y Kakooza es consciente de que las donaciones que recibe de familiares y amigos no bastan para hacerlos realidad.
“Pero el trabajo ha tenido que empezar simplemente para transmitir el mensaje, para que la gente abra los ojos y la mente y normalice la conversación en torno a la salud mental.”
Se estima que la salud mental afecta a 1100 millones de personas en el mundo, pero el 80 % de las personas con trastornos de salud mental viven en países de ingreso bajo y medio, como Uganda. Para 2050, la prevalencia de las afecciones de salud mental en el África subsahariana podría aumentar un 130 %.
Los estudios demuestran que tres de cada cuatro trastornos de salud mental comienzan antes de los 24 años, lo que equivale a un 80 % estimado de la población ugandesa.
“Tenemos que lograr que quienes controlan grandes presupuestos, es decir, los gobiernos y los socios para el desarrollo, comprendan que la salud mental no es un concepto descabellado, sino que en realidad es una crisis. Y una crisis creciente, sobre todo aquí, en el continente africano, con una población tan joven”, afirma Kakooza.
“Como se trata de una enfermedad no transmisible, no se considera una prioridad alta, como sí ocurre con la malaria, la tuberculosis y el VIH. Pero va de la mano con estas enfermedades.
“Las personas que viven con VIH y sida necesitan mucho apoyo en materia de salud mental. No basta con darles las pastillas que necesitan. Sí, salvan vidas, pero para que prosperen y vivan una vida plena, también necesitan atención en salud mental.
“Lograr que el sector sanitario comprenda esto y cambie esas perspectivas es muy, muy importante.”


