La curva de la felicidad en forma de U está equivocada: muchas personas no se sienten más felices al envejecer

Research debunks the U-shaped happiness curve.
Research debunks the U-shaped happiness curve.Image: Jaddy Liu/Unsplash
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  • Según el análisis más reciente, para muchas personas la felicidad disminuye en realidad durante la vejez.

  • Esto refuta estudios anteriores que afirmaban que las personas experimentan una curva de la felicidad en forma de U a lo largo de su vida.

  • De hecho, no existe un patrón universal de felicidad: las personas afrontan dificultades relacionadas con la edad, como el deterioro de la salud y la pérdida de familiares.

  • También se observó que la felicidad disminuye más pronunciadamente en los países con un estado del bienestar menos eficaz.

En promedio, la felicidad disminuye a medida que nos acercamos a la mediana edad, toca fondo a los 40 y luego vuelve a aumentar al acercarnos a la jubilación, según varios estudios estudios. Esta llamada curva de la felicidad en forma de U resulta reconfortante, pero, por desgracia, probablemente no sea cierta.

Mi análisis de datos de la Encuesta Social Europea muestra que, para muchas personas, la felicidad disminuye en realidad durante la vejez, al afrontar dificultades relacionadas con la edad, como el deterioro de la salud y la pérdida de familiares. El patrón en forma de U no se observó en casi la mitad de los 30 países que investigué.

Entonces, ¿por qué la diferencia?

Mi estudio corrige una interpretación errónea de los métodos de investigación en estudios anteriores. La idea de la forma de U procede de análisis estadísticos que ajustan los datos para comparar a personas de riqueza y salud similares en la mediana edad y la vejez. Ese ajuste pretende aislar el efecto de la edad de otros factores que influyen en la felicidad.

Pero, dado que las personas suelen empobrecerse y tener peor salud durante la vejez, el ajuste puede inducir a error. Cuando omitimos el ajuste, se hace evidente en muchos países un descenso de la felicidad relacionado con la edad.

Este descenso es más pronunciado en los países con un estado del bienestar menos eficaz. Esto es especialmente cierto en Turquía, donde la felicidad (medida en una escala de cero a diez) cae, en promedio, de 6.4 a la edad de jubilación a menos de 5.0 entre las personas de edad muy avanzada.

En Estonia, Eslovaquia y la República Checa, la felicidad disminuye de forma constante a partir de los primeros años de la treintena.

En los Países Bajos, en cambio, la felicidad aumenta a partir de los 30 años y luego se mantiene estable incluso en la vejez. En Finlandia, la felicidad permanece bastante constante a lo largo de la vida, por encima de ocho en la escala de cero a diez.

En resumen, no existe un patrón universal de felicidad. En cambio, hay una amplia variedad de patrones entre los distintos países. No debería sorprender demasiado que diferentes condiciones sociales contribuyan a resultados distintos.

Una historia bonita

La idea de la forma de U resulta atractiva, en parte, porque va contra la intuición: claro, la vida se vuelve más difícil en la vejez, pero, aun así, las personas se sienten más felices. ¿Por qué? Se dice que con la edad se adquieren sabiduría y aceptación. Desarrollamos la capacidad de apreciar lo que tenemos, en lugar de darle vueltas a lo que nos falta. La edad lima el filo de la ambición y las frustraciones que suelen acompañarla.

La sabiduría popular de la psicología nos dice que «la felicidad viene de dentro». Así que quizá, en la vejez, las personas por fin ponen en orden su mundo interior y la felicidad es la recompensa.

Es una historia bonita. Pero, en muchas sociedades, ese resultado aparente es un artefacto de un ajuste estadístico que no es adecuado para este tema. La felicidad podría aumentar con la edad siempre que las personas no enfermen, sufran la pérdida de seres queridos ni empiecen a perder a sus amistades. Eso es lo que nos ofrece el ajuste estadístico: un resultado que supone que nada sale mal en la vejez.

Pero muchas personas sí afrontan grandes dificultades al envejecer, y no sorprende que entonces no se sientan muy felices.

No digo que las personas no pongan a veces en orden su mundo interior con el paso del tiempo. Vale la pena aceptar esa parte de la sabiduría popular de la psicología, ya que es algo que potencialmente está bajo nuestro control. Pero mi análisis sugiere que nuestra capacidad para compensar de este modo los desafíos que suele traer el envejecimiento podría tener límites.

Que la felicidad aumente o disminuya depende del equilibrio entre estas fuerzas contrapuestas (grandes desafíos frente a adaptación mental), y no hay garantía de que el resultado sea positivo.

Para aclarar estos patrones, necesitamos un análisis que refleje lo que realmente ocurre a medida que las personas envejecen. Cuando hacemos el análisis de esta manera, la forma de U desaparece en muchos países, principalmente porque muchas personas, de hecho, no se sienten más felices al envejecer.

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