Al cruzar la entrada principal del Policlínico de Hatcliffe, al final de un callejón que separa dos cabañas, hay dos bancos marrones uno junto al otro, bajo un árbol. En uno de ellos está sentada Siridzai Dzukwa, de 52 años, conversando animadamente con Elector Mudziwechi, de 25, que habla en voz baja y con la cabeza gacha.
Hablan de temas que pocas personas mencionan en Zimbabue, como la ansiedad, la depresión y el suicidio. Dzukwa es una trabajadora de salud comunitaria sin formación médica formal, conocida como «abuela» comunitaria; Mudziwechi atraviesa dificultades desde que su marido la dejó hace dos años. Para personas como ella, que afrontan problemas de salud mental, este sencillo banco de madera es un lugar de esperanza en una situación desesperada.
En clínicas públicas de todo el país hay bancos bajo los árboles donde los pacientes pueden hablar gratis con voluntarios capacitados sobre sus preocupaciones y problemas. El Proyecto Banco de la Amistadrecurre principalmente a mujeres mayores como consejeras, porque estas «abuelas» suelen ser respetadas y gozar de la confianza de la gente.
Dzukwa lleva más de 10 años como voluntaria en el Banco de la Amistad del Policlínico de Hatcliffe, a 12 millas (19 km) al noreste de Harare. Recibe formación periódica del Departamento de Salud de la Ciudad de Harare sobre cómo realizar terapia conversacional y una asignación mensual del gobierno de 122 dólares. Cuenta que ella y las demás consejeras han atendido todo tipo de casos: desde personas con ideas suicidas hasta otras que intentan aceptar un divorcio o la muerte de su pareja, así como algunas que sufren violencia de género o viven con el VIH/sida.
La mala salud mental es un importante problema de salud pública en Zimbabue. La depresión es una de las principales causas de morbilidad y discapacidad, especialmente entre las mujeres y otras poblaciones vulnerables. El tema rara vez se aborda en público; a menudo se considera que las personas con enfermedades mentales están malditas o poseídas como castigo por sus malas acciones, por lo que muchas sufren en silencio. Se sabe que los profesionales médicos diagnostican la afección por debajo de su prevalencia real.
Cómo afecta la depresión a las mujeres
En Zimbabue, como en gran parte del mundo, los trastornos mentales, como la depresión y la ansiedad, afectan principalmente a las mujeres. Se prevé que la depresión unipolar, también conocida como trastorno depresivo mayor, sea la segunda causa de discapacidad a nivel mundial para 2020 y es dos veces más frecuente en las mujeres.
Mudziwechi, madre de tres hijos, cuenta que estuvo a punto de suicidarse tras su divorcio. Incluso antes, ya sufría depresión durante su matrimonio. «Aunque mi marido trabajaba, nunca contribuía al sustento de los niños ni de nuestro hogar», dice. Su marido se volvió física y emocionalmente abusivo.
En 2015, el marido de Mudziwechi la echó de la casa familiar junto con sus hijos y se divorció de ella. Durante mucho tiempo, no quiso aceptar el divorcio. En junio, una amiga le habló del Banco de la Amistad y empezó a ir todas las semanas. Hace poco terminó un ciclo de seis semanas con Dzukwa, pero sigue visitando el banco cuando necesita apoyo adicional.
«Recibí asesoramiento, sobre todo para aceptar la separación de mi exmarido, lo que me permitió seguir adelante con mi vida», dice Mudziwechi. «Empecé a fijarme en cómo otras mujeres de mi edad salían adelante pese a no tener marido. Entonces decidí hacer algunos trabajos ocasionales en mi comunidad para ganar dinero y, a veces, vender ropa de segunda mano».
«Animamos a la mayoría de las mujeres a trabajar con las manos y a poner en marcha proyectos que generen ingresos, como vender ropa, frutas y verduras, prestar servicios de limpieza y ayudar a las familias con sus labores agrícolas», dice Dzukwa. «No les decimos a nuestras clientas qué hacer, sino que les hacemos preguntas mediante una estrategia terapéutica de tres pasos: kuvhura pfungwa (abrir la mente), kusimudzira (elevar) y kusimbisa (fortalecer)».
Las consejeras pueden sugerir que alguien quizá sufra de kufungisisa, o «pensar demasiado», el equivalente en shona de «depresión», y guiar a esa persona por las distintas etapas de la terapia conversacional, explica Dixon Chibanda, psiquiatra principal e investigador principal del proyecto, a quien se le ocurrió la idea en 2006. «Usamos términos indígenas, palabras con las que la gente de la comunidad se identifica».
Según Chibanda, los bancos ayudan a cubrir una carencia de los servicios de salud de Zimbabue, provocada por la falta de reconocimiento de los trastornos mentales por parte de los médicos, sumada a un sistema de salud con recursos insuficientes. Alrededor del 25 por ciento de los pacientes de atención primaria del país sufren depresión, ansiedad y otros trastornos mentales comunes, pero solo hay 10 psiquiatras y 15 psicólogos clínicos para atender a una población de 15 millones.
Más eficaz que el tratamiento convencional
El Proyecto Banco de la Amistad, que se puso en marcha por primera vez en 2007 en el suburbio densamente poblado de Mbare, recibió el año pasado 1 millón de dólares canadienses (780.000 dólares estadounidenses) del Gobierno de Canadá . Ahora cuenta con bancos en 72 clínicas de Harare y el departamento de salud emplea a más de 250 trabajadores comunitarios de salud para asesorar a los pacientes. En junio de 2017, más de 40.000 personas habían visitado los Bancos de la Amistad de todo el país.
Un estudio reciente del programa, que hizo seguimiento durante seis meses a 573 pacientes con ansiedad o depresión, reveló que las sesiones semanales de terapia conversacional con un miembro capacitado de la comunidad eran más eficaces que los tratamientos convencionales.
La mitad de los participantes acudió a una enfermera, que les ofreció asesoramiento y les recetó medicamentos si era necesario. La otra mitad visitó el Banco de la Amistad. Al final del estudio, la mitad de quienes recibieron el tratamiento estándar todavía presentaba síntomas de depresión, mientras que solo el 13 por ciento de los pacientes del Banco de la Amistad aún los presentaba.
Mudziwechi dice que las sesiones en el banco bajo el árbol le han permitido seguir adelante con su vida y encontrar los medios para mantener a sus hijos. Todavía le cuesta pagar las matrículas escolares de sus hijos, pero ya no tiene ideas suicidas.
«El banco me ha ayudado a mantenerme fuerte pese a las dificultades de la vida y a buscar maneras de salir adelante», dice. «Sigue sin ser fácil, pero ya no estoy donde estaba antes de ir al banco».


