Tumbarse en el suelo y fingir que se ruge como un león puede hacer maravillas por el bienestar de un hombre mayor. No es un hecho científico, pero fue uno de los momentos sorprendentes y memorables que observamos al realizar un programa de televisión en el que un grupo de niños muy pequeños conoció a los residentes de una residencia para jubilados.
Los dos episodios de El hogar de los mayores para niños de 4 años se propusieron explorar el creciente aislamiento de las personas mayores en nuestras comunidades.
Ya se ha demostrado que el impacto de que niños pequeños y personas mayores compartan centros de atención diurna es generalmente positivo. Pero esta fue la primera vez que se llevó a cabo un experimento en el Reino Unido para medir el impacto de la interacción intergeneracional en la salud y la felicidad del grupo de mayor edad.
Diez niños de cuatro años y 11 personas de alrededor de 90 años se reunieron durante seis semanas en una nueva guardería instalada en una comunidad para jubilados de la ciudad de Bristol. Antes de empezar, se evaluaron la cognición, el estado de ánimo y la depresión de los participantes mayores, así como sus capacidades físicas, entre ellas el equilibrio y la capacidad para levantarse y caminar («Timed Up and Go»). Estas mediciones se repitieron a las tres semanas y una vez más al final del programa de seis semanas.
El programa consistió en un calendario de actividades en el que se brindó a las dos generaciones tiempo y espacio para relacionarse física y socialmente. Incluyó juegos que a veces exigían que las personas se tumbaran y se levantaran del suelo, paseos al aire libre, picnics y actividades en interiores con distintos tipos de manualidades y trabajos artísticos. La última semana también incluyó una jornada deportiva intergeneracional y una breve representación teatral.
Tras tres semanas, justo a mitad del programa, se observaron mejoras notables en las puntuaciones de las mediciones de los residentes. Las mediciones finales revelaron mejoras significativas en la mayoría de los indicadores: el 80 % de los residentes mejoró en la prueba «Timed Up and Go». En general, aumentó la fuerza de agarre, y las puntuaciones de los monitores de actividad mostraron que los residentes se habían vuelto cada vez más activos a lo largo de un período de 24 horas. En la jornada deportiva, se vio a una mujer que no recordaba cuándo había corrido por última vez salir corriendo con su compañero de cuatro años para ganar la competición.
Al comienzo del experimento, se determinó que casi todos los residentes padecían depresión; dos de ellos, de forma grave. Después de seis semanas, ninguno figuraba como deprimido. Habían cambiado por completo su perspectiva de la vida y sus esperanzas de futuro. Incluso la persona más escéptica del grupo, a quien se había oído decir «No veo que esto pueda marcar una gran diferencia para nosotros», admitió que los niños les habían brindado «una gran alegría».
Levantar el ánimo
No se trató de un ensayo científico ni de un proyecto de investigación académica tradicional. Fue un experimento social en el que participó un grupo muy pequeño de personas. Sin embargo, los resultados mostraron cambios notables en la capacidad física y el estado de ánimo de los residentes.
Cuando uno llega a una edad muy avanzada, pierde movilidad, mueren sus amigos y ya no puede salir a conocer gente. Si vive en una residencia, las únicas personas más jóvenes que ve a diario son los empleados. Por eso la depresión es la epidemia de la vejez, y es importante ofrecerles oportunidades para conocer a jóvenes.
Los niños tienen la mente abierta. Les encanta recibir atención y se interesan por los adultos. A su vez, aprenden de los adultos habilidades bastante maduras, así que esta relación intergeneracional es recíproca.
No se puede curar completamente la artritis, pero sí se puede aumentar la confianza. Con la ayuda y el estímulo de los niños, vimos a las personas mayores hacer cosas que nunca imaginaron que volverían a hacer: saltar, bailar y revolcarse por el suelo.
Como consecuencia de nuestro experimento televisivo, se están llevando a cabo importantes iniciativas en la organización que participó en el programa. Se ha fomentado y mantenido el contacto con los niños y sus familias. La organización está estudiando otras formas de aumentar la interacción social de los residentes con las comunidades de su entorno. Incluso hay planes para construir una guardería permanente en una de sus residencias.
Muchos adultos mayores viven deprimidos y aislados, con tristeza, desesperanza y sentimientos negativos hacia sí mismos. Este experimento ha demostrado que, en poco tiempo y cuando las personas comparten una visión similar de la convivencia intergeneracional, es posible mejorar significativamente el bienestar de las personas mayores.


