Hay una razón biológica por la que te sientes decaído después de haber vivido momentos inolvidables

Happiness is a part of pleasure, and pleasure is something we only feel at certain times.
Happiness is a part of pleasure, and pleasure is something we only feel at certain times.Image: Reuters/Reuters/Christian Hartmann
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  • El placer procede de zonas concretas del cerebro llamadas puntos hedónicos y, cuando vivimos algo placentero, estas liberan neurotransmisores similares a las drogas.

  • Pero el psicólogo Richard Solomon señala que, cada vez que sentimos una emoción, pronto llegamos a sentir la opuesta, lo que podría explicar por qué, después de sentir felicidad, podemos sentirnos algo tristes.

  • Desde una perspectiva evolutiva, tiene sentido que bajemos de los momentos de euforia, pues, de lo contrario, nunca prestaríamos atención a posibles amenazas, como los depredadores.

Piensa en la última vez que te sentiste realmente feliz. No cuando te llevaste una grata sorpresa o lo pasaste «bien», sino en un momento en que sonreías sin control y te reías no porque alguien hubiera dicho algo gracioso, sino porque era un instante de pura dicha.

Esos momentos suelen ser escasos y estar muy espaciados (merece mucho la pena anotarlos para empezar a reconocer qué los propicia) y, aunque nos dejan algunos de nuestros recuerdos más entrañables, también suelen tener una contrapartida: una sensación apagada de tristeza cuando terminan.

El curso sobre la felicidad de la Universidad de Yale se está impartiendo a estudiantes de secundaria en Estados Unidos.
El curso sobre la felicidad de la Universidad de Yale se está impartiendo a estudiantes de secundaria en Estados Unidos.
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La resaca de felicidad no es depresión

Desde que tengo memoria, he llamado a esto «resaca de felicidad» (aunque estoy bastante seguro de que no se me ocurrió el término a mí; creo que lo tomé de un amigo). Estas resacas no son síntomas de depresión ni de enfermedad mental, sino una sensación pasajera de que la realidad es un poco más gris de lo habitual. A mí, las rutinas cotidianas me parecen decepcionantes y suelo quedarme pensando en el contraste entre la felicidad del pasado y el presente anodino.

No existe un término científico técnico para esta sensación, pero casi todos la experimentamos en cierta medida. Lo más probable es que sea consecuencia de la forma en que los seres humanos experimentamos el placer.

El placer es un regalo de la evolución. Por lo general, afirma la vida; por eso lo sentimos a través de cosas como el sexo y el sustento. Como los seres humanos hemos evolucionado hasta ser más complejos que máquinas de comer y reproducirnos, también obtenemos placer de actividades que requieren un buen grado de pensamiento de orden superior, como pasar tiempo con seres queridos, por ejemplo, familiares, ir a conciertos o disfrutar de la naturaleza, lo que a su vez conduce a la felicidad. Según el mejor conocimiento científico disponible, todos los animales pueden experimentar placer, pero solo los seres humanos pueden experimentar felicidad.

Desde el punto de vista neurológico, el placer procede de zonas concretas del cerebro llamadas puntos hedónicos. «Conocemos unos cinco» en el cerebro humano, afirma Kent Berridge, neurocientífico de la Universidad de Michigan. Como Berridge explica en Scientific American (PDF), cuando los puntos hedónicos detectan señales de que estamos viviendo algo placentero, liberan sus propios neurotransmisores similares a las drogas. Los receptores cercanos captan estos neurotransmisores y generan una sensación de agrado. Al mismo tiempo, los puntos hedónicos trabajan con otras partes del cerebro para coordinar el deseo, que activa el neurotransmisor dopamina. A partir de ahí, desarrollamos una comprensión consciente de que lo que estamos experimentando es placentero. En conjunto, el sistema nos brinda una sensación de disfrute y un profundo deseo de prolongarla o de volver a sentirla en el futuro.

No se comprende del todo cómo se activan y desactivan estos puntos hedónicos, pero Berridge cree que tiene sentido que estén relacionados con los momentos de euforia y los bajones que vienen después. Según él, la felicidad forma parte del placer, y el placer es algo que solo sentimos en determinados momentos.

Teoría del proceso oponente

En 1980, el psicólogo Richard Solomon propuso una idea que llamó «teoría del proceso oponente» (artículo de pago). En términos generales, sostiene que, cada vez que sientes una emoción, después te toca sentir la opuesta. Esto explicaría por qué, después de sentir felicidad, nos sentimos algo tristes.

«[La teoría del proceso oponente] es un fenómeno fisiológico básico: el cuerpo reacciona ante cualquier desafío relacionado con él y, a menudo, lo hace de una manera que contrarresta los efectos de ese desafío», afirma George Koob, fisiólogo del comportamiento y director del Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo de Estados Unidos.

Koob explica que la idea detrás de la teoría es que todos tenemos un estado de referencia llamado homeostasis, un punto de equilibrio en el que no estamos ni demasiado felices ni demasiado tristes, sino que simplemente seguimos adelante con la vida. Un fin de semana muy divertido o recibir un premio inclinaría ese equilibrio hacia un lado, y el cerebro podría intentar corregirlo en exceso para restablecerlo. También funciona a la inversa. «También puedes soportar dolor y tener un proceso oponente placentero», afirma. Por eso, algo como el paracaidismo puede pasar de ser aterrador a resultar estimulante.

Momentos de euforia

Desde una perspectiva evolutiva, tiene sentido que queramos bajar de esos momentos de euforia. Koob ha sostenido (artículo de pago) que, si estuviéramos felices todo el tiempo, nunca prestaríamos atención a posibles amenazas, como los depredadores. La estabilidad y la precaución quizá no sean divertidas, pero son bastante prácticas para sobrevivir.

Por lo general, superamos sin consecuencias los bajones que siguen a la felicidad. Pero pueden surgir problemas cuando empezamos a buscar una felicidad más intensa de la que podemos experimentar sin estar bajo los efectos de sustancias.

«Creo que este sistema de proceso oponente es clave para entender por qué la adicción persiste y empeora», afirma Koob. Explicó que, cuando una droga te provoca un momento de euforia —y estas son al menos un orden de magnitud más potentes que lo que podríamos obtener únicamente de nuestros neurotransmisores naturales—, el bajón emocional posterior también es mucho más intenso. Una dosis más tarde no solo vuelve a hacer feliz a una persona, sino que el efecto se amplifica porque ya estaba decaída. A medida que este patrón continúa, el cuerpo también acaba dependiendo físicamente de la droga. Por tanto, dejarla se convierte en un desafío tanto físico como psicológico.

Al margen de la adicción, estos procesos oponentes son simplemente parte de la vida, una consecuencia inevitable de ser feliz, lo cual podría decirse que es algo maravilloso. En teoría, podrías intentar evitarlos buscando una vida sin emociones intensas. Pero, personalmente, prefiero soportar un poco de tristeza después de la dicha antes que renunciar por completo a la alegría. Quizá la mejor manera de superarlos sea simplemente saber que la felicidad volverá.

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