El estrés puede hacernos mejores personas. Pero también puede entorpecer nuestro juicio. Esa es la conclusión de un experimento realizado por científicos de la Universidad de Viena.
El estudio, publicado en la revista Social, Cognitive and Affective Neuroscience, analizó qué ocurre en el cerebro cuando personas sometidas a mucho estrés intentan empatizar con los demás.
El estudio concluyó que mostraban más empatía hacia los demás y querían ayudarles más, pero que el estrés distorsionaba su juicio.

El estudio
Se pidió a un grupo de 80 participantes varones que resolviera problemas difíciles contrarreloj mientras recibía comentarios negativos (para intensificar la sensación de estrés).
Después, se les pidió que empatizaran con otras personas observando fotografías de una intervención médica dolorosa e imaginando vívidamente el dolor de ese paciente. En algunas fotos, se les dijo que los pacientes habían recibido anestesia antes de la operación. Esto permitió a los investigadores determinar si el grupo podía separar su propia reacción ante las imágenes de los sentimientos reales del paciente; en otras palabras, si podía mostrar empatía.
Luego, los investigadores analizaron la relación entre la empatía y la conducta prosocial (ayudar a los demás). El grupo participó en un juego en el que debía compartir con una persona desconocida una cantidad de dinero, tanta o tan poca como quisiera.
Los resultados
Mientras realizaban esta tarea, las imágenes cerebrales revelaron su actividad cerebral y sus niveles de estrés. Los investigadores se centraron especialmente en los cambios en la llamada «red de la empatía», la parte del cerebro que controla la empatía.
Las imágenes cerebrales mostraron que, a medida que aumentaba el estrés de los participantes, también aumentaba su empatía.
Además, cuanto más intensamente reaccionaba su cerebro al dolor de otra persona, más dinero decidían dar a una persona desconocida.
Sin embargo, los participantes mostraron el mismo nivel de actividad cerebral incluso cuando sabían que los pacientes sometidos a las operaciones no habían sentido dolor gracias a la anestesia.
Esto llevó a los investigadores a concluir que, cuando estamos en situaciones estresantes, no siempre podemos analizar con precisión los sentimientos de otra persona. Dicho de otro modo, si alguien llora de alegría, podríamos pensar que está triste, debido a nuestra falta de juicio y a que nuestra propia perspectiva está dominada por el estrés.
«Por lo tanto, según el contexto y la situación, el estrés puede ser beneficioso o perjudicial en las interacciones sociales», concluye Claus Lamm, director del estudio.


