El cerebro social: cómo el aislamiento puede afectar a la estructura y la cognición de nuestro cerebro

Social isolation carries an increased risk of dementia in older adults.
Social isolation carries an increased risk of dementia in older adults.Image: Unsplash/Ben Sweet
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  • Un nuevo estudio muestra que el aislamiento social está relacionado con cambios en la estructura cerebral y la cognición, y con un mayor riesgo de demencia en las personas mayores.

  • El aislamiento social puede someternos a estrés crónico, que tiene un gran impacto en nuestro cerebro y nuestra salud física.

  • El uso del lenguaje y otros procesos cognitivos, como la atención y la memoria, también pueden deteriorarse si no hay interacción social regular.

  • La tecnología puede ofrecer una alternativa, pero quizá sea más adecuada para las generaciones jóvenes, que están familiarizadas con las formas modernas de comunicación.

  • Las autoridades sanitarias deberían hacer más para detectar quiénes están aislados y organizar actividades sociales que les ayuden.

¿Por qué nos entusiasma estar en grandes grupos en festivales, jubileos y otros actos públicos? Según la hipótesis del cerebro social, se debe a que el cerebro humano evolucionó específicamente para favorecer las interacciones sociales. Los estudios han demostrado que pertenecer a un grupo puede mejorar el bienestar y aumentar la satisfacción con la vida.

Por desgracia, muchas personas se sienten solas o están socialmente aisladas. Y si el cerebro humano realmente evolucionó para la interacción social, cabe esperar que esto le afecte de manera significativa. Nuestro estudio reciente, publicado en Neurology, muestra que el aislamiento social está relacionado con cambios en la estructura cerebral y la cognición —el proceso mental de adquirir conocimientos— y que incluso conlleva un mayor riesgo de demencia en las personas mayores.

Cómo afecta el aislamiento social a nuestro cerebro

Ya hay muchas pruebas que respaldan la hipótesis del cerebro social. Un estudio cartografió las regiones cerebrales asociadas con la interacción social en aproximadamente 7.000 personas. Demostró que las regiones cerebrales que intervienen de forma sistemática en diversas interacciones sociales están estrechamente vinculadas a redes que sustentan la cognición, entre ellas la red neuronal por defecto (activa cuando no nos centramos en el mundo exterior), la red de saliencia (que nos ayuda a seleccionar aquello a lo que prestamos atención), la red subcortical (relacionada con la memoria, las emociones y la motivación) y la red ejecutiva central (que nos permite regular las emociones).

Queríamos examinar más detenidamente cómo afecta el aislamiento social a la materia gris, es decir, las regiones del cerebro situadas en la capa externa y formadas por neuronas. Por ello, analizamos datos de casi 500.000 personas del Biobanco del Reino Unido, con una edad media de 57 años. Se clasificó a las personas como socialmente aisladas si vivían solas, tenían contacto social con una frecuencia inferior a una vez al mes y participaban en actividades sociales con una frecuencia inferior a una vez por semana.

Nuestro estudio también incluyó datos de neuroimagen (resonancia magnética) de aproximadamente 32.000 personas. Estos mostraron que las personas socialmente aisladas tenían peores capacidades cognitivas, incluida la memoria y el tiempo de reacción, y un menor volumen de materia gris en muchas partes del cerebro. Entre estas zonas estaban la región temporal (que procesa los sonidos y ayuda a codificar los recuerdos), el lóbulo frontal (que interviene en la atención, la planificación y las tareas cognitivas complejas) y el hipocampo, una zona clave para el aprendizaje y la memoria que suele verse afectada en las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer.

También encontramos una relación entre el menor volumen de materia gris y determinados procesos genéticos implicados en la enfermedad de Alzheimer.

Se hizo un seguimiento de los participantes 12 años después. Este mostró que quienes estaban socialmente aislados, pero no se sentían solos, tenían un riesgo de demencia un 26 % mayor.

Procesos subyacentes al aislamiento social

En futuros estudios habrá que examinar con más detalle el aislamiento social para determinar los mecanismos exactos que explican sus profundos efectos en el cerebro. Sin embargo, está claro que, si se encuentra en aislamiento, podría estar sufriendo estrés crónico. Esto, a su vez, tiene un gran impacto en el cerebro y también en la salud física.

Otro factor podría ser que, si no usamos ciertas zonas del cerebro, perdemos parte de su función. Un estudio con taxistas mostró que cuanto más memorizaban las rutas y las direcciones, más aumentaba el volumen del hipocampo. Es posible que, si no participamos regularmente en conversaciones sociales, por ejemplo, disminuya nuestro uso del lenguaje y de otros procesos cognitivos, como la atención y la memoria.

Esto puede afectar a nuestra capacidad para realizar muchas tareas cognitivas complejas: la memoria y la atención son fundamentales para el pensamiento cognitivo complejo en general.

Cómo combatir la soledad

Sabemos que mantener el cerebro activo permite desarrollar a lo largo de la vida un conjunto sólido de capacidades de pensamiento, denominado «reserva cognitiva». Una buena manera de hacerlo es aprender cosas nuevas, como otro idioma o a tocar un instrumento musical. Se ha demostrado que la reserva cognitiva atenúa el curso y la gravedad del envejecimiento. Por ejemplo, puede proteger contra diversas enfermedades o trastornos de salud mental, incluidas algunas formas de demencia, esquizofrenia y depresión, especialmente después de una lesión cerebral traumática.

El aislamiento social o estar a solas puede afectar a la memoria y al tiempo de reacción. Image: Unsplash/ Atharva Tulsi

También hay factores relacionados con el estilo de vida que pueden mejorar la cognición y el bienestar, como una alimentación saludable y el ejercicio. Para la enfermedad de Alzheimer existen algunos tratamientos farmacológicos, pero es necesario mejorar su eficacia y reducir sus efectos secundarios. Hay esperanzas de que en el futuro se disponga de mejores tratamientos para el envejecimiento y la demencia. Una línea de investigación en este ámbito son las cetonas exógenas —una fuente de energía alternativa a la glucosa— que pueden ingerirse mediante suplementos nutricionales.

Pero, como muestra nuestro estudio, combatir el aislamiento social también podría ayudar, sobre todo en la vejez. Las autoridades sanitarias deberían hacer más para detectar quiénes están aislados y organizar actividades sociales que les ayuden.

Cuando las personas no pueden interactuar en persona, la tecnología puede ofrecer una alternativa. Sin embargo, quizá sea más adecuada para las generaciones jóvenes, que están familiarizadas con el uso de la tecnología para comunicarse. Pero con formación, también puede ser eficaz para reducir el aislamiento social entre las personas mayores.

La interacción social es de enorme importancia

Un estudio descubrió que el tamaño de nuestro grupo social está efectivamente relacionado con el volumen de la corteza orbitofrontal (implicada en la cognición social y las emociones).

Pero ¿cuántos amigos necesitamos? Los investigadores suelen aludir al «número de Dunbar» para describir el tamaño de los grupos sociales y concluyen que no podemos mantener más de 150 relaciones y que normalmente solo conseguimos mantener cinco relaciones estrechas. Sin embargo, algunos informes señalan que faltan pruebas empíricas que respalden el número de Dunbar y que se necesitan más investigaciones sobre el tamaño óptimo de los grupos sociales.

Es difícil cuestionar que los seres humanos somos animales sociales y disfrutamos al relacionarnos con otras personas, sea cual sea nuestra edad. Pero, como cada vez descubrimos más, esto también es crucial para la salud de nuestras capacidades cognitivas.

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