6 pasos para reducir el riesgo de demencia

An elderly man takes part in a chess competition at a gerontological center in Stavropol November 25, 2010. Some 40 participants from elderly homes around the region took part in the competition. REUTERS/Eduard Korniyenko (RUSSIA - Tags: SPORT CHESS HEALTH SOCIETY)
30% of people aged over 85 live with dementia.Image: REUTERS/Eduard Korniyenko
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El envejecimiento de la población está haciendo que aumente el número de personas que viven con demencia. Demencia es un término general que engloba un conjunto de síntomas, entre ellos el deterioro de la memoria, la confusión y la pérdida de la capacidad para realizar las actividades cotidianas.

La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia y causa un deterioro progresivo de la salud cerebral.

La demencia afecta a más de 425.000 australianos. Es la segunda causa de muerte en general y la principal causa entre las mujeres.

El principal factor de riesgo de demencia es la edad avanzada. Alrededor del 30% de las personas mayores de 85 años viven con demencia. Los factores genéticos también influyen en la aparición de la enfermedad, pero su efecto es mayor en tipos de demencia menos frecuentes, como la enfermedad de Alzheimer de aparición temprana.

Aunque no podemos cambiar nuestra edad ni nuestro perfil genético, sí podemos hacer varios cambios en nuestro estilo de vida para reducir el riesgo de demencia.

Image: Gates Notes

1. Realizar actividades que estimulen la mente

La educación es un factor importante que determina el riesgo de demencia. Tener menos de diez años de educación formal puede aumentar las probabilidades de desarrollar demencia. El riesgo es mayor entre quienes no terminan la educación secundaria.

La buena noticia es que podemos seguir fortaleciendo el cerebro a cualquier edad mediante los logros en el trabajo y actividades de ocio, como leer periódicos, jugar a las cartas o aprender un idioma o una habilidad nuevos.

Los indicios sugieren que los programas grupales de entrenamiento de la memoria y de estrategias para resolver problemas podrían mejorar la función cognitiva a largo plazo. Sin embargo, estos indicios no pueden generalizarse a los programas informáticos de «entrenamiento cerebral». Participar en actividades que estimulan la mente en un entorno social también podría contribuir al éxito del entrenamiento cognitivo.

2. Mantener el contacto social

Un contacto social más frecuente —por ejemplo, visitar a amigos y familiares o hablar por teléfono— se ha relacionado con un menor riesgo de demencia, mientras que la soledad podría aumentarlo.

Una mayor participación en actividades grupales o comunitarias se asocia con un menor riesgo. Curiosamente, el tamaño del grupo de amistades parece menos relevante que mantener un contacto regular con otras personas.

3. Controlar el peso y cuidar la salud del corazón

Existe un fuerte vínculo entre la salud del corazón y la del cerebro. La hipertensión y la obesidad, sobre todo durante la mediana edad, aumentan el riesgo de demencia. En conjunto, estas afecciones podrían contribuir a más del 12% de los casos de demencia.

En un análisis de datos de más de 40.000 personas, quienes tenían diabetes tipo 2 presentaban hasta el doble de probabilidades de desarrollar demencia que las personas sanas.

Controlar o revertir estas afecciones mediante medicamentos o cambios en la alimentación y el ejercicio, o ambas cosas, es fundamental para reducir el riesgo de demencia.

4. Hacer más ejercicio

Se ha demostrado que la actividad física protege contra el deterioro cognitivo. Según un análisis combinado de datos de más de 33.000 personas, quienes realizaban mucha actividad física tenían un riesgo de deterioro cognitivo un 38% menor que las personas inactivas.

Todavía se debate cuánto ejercicio hace falta para mantener las capacidades cognitivas. Sin embargo, una revisión reciente de estudios sobre los efectos de hacer ejercicio durante un mínimo de cuatro semanas indicó que las sesiones deberían durar al menos 45 minutos y tener una intensidad de moderada a alta. Esto significa jadear y que resulte difícil mantener una conversación.

Por lo general, los australianos no alcanzan el objetivo de 150 minutos de actividad física por semana.

5. No fumar

Fumar cigarrillos perjudica la salud del corazón, y las sustancias químicas presentes en ellos desencadenan inflamación y cambios vasculares en el cerebro. También pueden provocar estrés oxidativo, proceso en el que unas sustancias llamadas radicales libres pueden dañar nuestras células. Estos procesos podrían contribuir al desarrollo de la demencia.

La buena noticia es que la tasa de tabaquismo en Australia ha bajado del 28% al 16% desde 2001.

El riesgo de demencia es mayor entre quienes fuman actualmente que entre quienes fumaron en el pasado o nunca han fumado, lo que supone otro motivo para dejarlo de una vez por todas.

6. Buscar ayuda para la depresión

Alrededor de un millón de adultos australianos viven actualmente con depresión. Esta afección provoca ciertos cambios en el cerebro que podrían afectar al riesgo de demencia. Los niveles elevados de cortisol, la hormona del estrés, se han relacionado con la reducción del tamaño de regiones cerebrales importantes para la memoria.

También se han observado enfermedades vasculares, que dañan los vasos sanguíneos, tanto en personas con depresión como en personas con demencia. Los investigadores sugieren que el estrés oxidativo y la inflamación a largo plazo también podrían contribuir a ambas afecciones.

Un estudio de 28 años con más de 10.000 personas concluyó que el riesgo de demencia solo aumentaba entre quienes habían tenido depresión durante los diez años anteriores al diagnóstico. Una posibilidad es que la depresión en la vejez pueda ser un síntoma temprano de demencia.

Otros estudios han demostrado que sufrir depresión antes de los 60 años también aumenta el riesgo de demencia, por lo que se recomienda buscar tratamiento para la depresión.

Otros aspectos que conviene tener en cuenta

Reducir los factores de riesgo de demencia no garantiza que nunca vayas a desarrollarla. Sin embargo, a nivel de la población, significa que afectará a menos personas. Según estimaciones recientes, hasta el 35% de todos los casos de demencia podrían deberse a los factores de riesgo descritos anteriormente.

Esta cifra también incluye el tratamiento de la pérdida auditiva, aunque las pruebas que lo respaldan son menos sólidas.

La influencia de los trastornos del sueño y la alimentación en el riesgo de demencia está cobrando importancia y probablemente recibirá más atención a medida que aumenten las pruebas disponibles.

Aunque la demencia pueda considerarse una enfermedad de las personas mayores, en el cerebro pueden producirse procesos perjudiciales durante varias décadas antes de que aparezca. Por eso, el mejor momento para actuar y reducir el riesgo es ahora.

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