¿Te has propuesto objetivos para este año? He aquí por qué la mayoría fracasa

A woman jogs along the Charles River on an early spring evening in Boston, Massachusetts April 3, 2014. REUTERS/Brian Snyder (UNITED STATES - Tags: SOCIETY ENVIRONMENT) - RTR3JV6Z
Faith in fresh beginnings on significant calendar days is robust.Image: REUTERS/Brian Snyder
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Todos recibimos el mensaje sobre cómo fijar objetivos eficaces. Que sean realistas, nos dicen los expertos en productividad. Nuestros objetivos deben ser específicos, medibles y alcanzables.

Cuando hacemos propósitos antes de un año nuevo, la mayoría de las personas sigue estas reglas generales. Por desgracia, nuestra mente también aprovecha una laguna en su capacidad para imaginar el futuro: a las personas se nos da muy mal reconocer que las limitaciones que existen hoy serán las mismas mañana, la semana que viene y más adelante. En el futuro, tendrás los mismos plazos laborales que interfieren con el yoga o el CrossFit. Tus amigos seguirán insistiendo en que socialices tomando algo, y no bebiendo zumo prensado en frío. Y seguirás teniendo la misma personalidad.

Para empeorar las cosas, las investigaciones psicológicas han descubierto que nuestra ceguera ante las molestas realidades del presente aumenta en función de lo lejano que esté un objetivo futuro. Eso significa que cuanto más lejos esté la fecha en la que nos hemos prometido dejar de comer postres, más seguros estamos de que estaremos preparados para renunciar a los dulces cuando llegue el gran día.

Ahora, un nuevo estudio sobre esta forma de pensamiento mágico aporta más información sobre cómo la mente se engaña a sí misma y cree en sus mejores intenciones. Resulta que, al centrarnos en un nuevo ciclo definido por el calendario, como el comienzo de una nueva semana, un mes o un año, podemos hacer que cualquier fecha parezca más lejana de lo que realmente está y, así, volvernos demasiado optimistas y prestar menos atención a los obstáculos futuros.

En un artículo publicado recientemente en Scientific American, los dos autores del estudio, Marie Hennecke, psicóloga e investigadora de la Universidad de Zúrich, y Benjamin Converse, profesor de políticas públicas de la Universidad de Virginia, presentan sus últimas investigaciones, que pronto se publicarán en la revista Social Psychological and Personality Science.

La pareja realizó una serie de estudios en los que modificó los calendarios para probar distintas respuestas, explican. El primer estudio se llevó a cabo el 31 de julio. Los psicólogos pidieron a un grupo de 110 adultos de entre 18 y 67 años que planeaban empezar una dieta que completaran encuestas relacionadas con su objetivo y anotaran todo lo que se les ocurriera al pensar en cambiar su alimentación. Después, los científicos clasificaron sus respuestas escritas y buscaron ideas que expresaran resultados (por ejemplo, «Tendré más energía») u obstáculos posibles («Odio lavar la licuadora»).

A la mitad del grupo se le dio una encuesta que presentaba el futuro como días de la semana y situaba «mañana» dentro de esta semana. Como se había previsto, en estas respuestas las complicaciones de la vida seguían ocupando un lugar destacado en su imaginación: enumeraron tres limitaciones por cada dos resultados prometedores.

La encuesta que recibió la otra mitad de los participantes situaba «mañana», 1 de agosto, en el contexto del próximo mes. Esta vez, la proporción entre limitaciones y resultados positivos fue de 1,2 a dos.

«Era como si, al ver el día siguiente como parte de un período distinto, desaparecieran las preocupaciones de quienes harían dieta», escriben los autores del estudio. «No negaban esas preocupaciones. Simplemente no se les venían a la mente desde el principio».

En otros dos experimentos, los investigadores también descubrieron que quienes se proponían hacer dieta prestaban menos atención a lo que podía frustrar sus planes si la nueva dieta empezaba un lunes en vez de un jueves, y el 1 de marzo en vez del 27 de febrero. Sus resultados coinciden con lo que se ha informado sobre el aumento de las búsquedas en Google de temas relacionados con la salud o el ejercicio los lunes y el día de Año Nuevo, señalan.

Al parecer, nuestra fe casi infantil en los nuevos comienzos en fechas señaladas del calendario es muy sólida, algo bastante entrañable y que, sin duda, tiene sus ventajas: la vida podría ser sombría si no pudiéramos mostrarnos optimistas ante una fecha futura importante. Sin embargo, cuando nos proponemos adoptar hábitos que afectan a la salud, dejar que nuestra mente se deje seducir por el poder de los nuevos ciclos nos desvía y puede causar más daño que beneficio. Converse y Hennecke esperan que su investigación anime a otros investigadores a encontrar formas de aprovechar este rasgo del comportamiento humano en nuestro beneficio.

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