¿Qué papel puede desempeñar la filosofía para ayudarte a recuperarte de los fracasos?

Failure can be accompanied by a loss of hope.
Failure can be accompanied by a loss of hope.Image: Pexels/ Alex Green
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  • Aunque algunos fracasos pueden tener una función formativa, hay otros que pueden afectarnos a un nivel mucho más profundo e incluso causar daño psicológico, afirma un profesor de filosofía.

  • Aquí analiza las distintas clases de fracasos y explica por qué puede ser importante aceptar cuándo hemos fracasado de verdad.

  • Según afirma, ver con claridad los fracasos profundos puede ayudarnos a reflexionar sobre lo que más valoramos en la vida.

Desde el punto de vista filosófico, algunos tipos de fracaso son más interesantes que otros. Llegar tarde a una reunión o no poder levantarse de la cama sin pulsar el botón de posponer de la alarma al menos una vez entrarían en la categoría de «menos interesantes».

Sin embargo, existe una clase diferente de fracasos: aquellos que pueden afectar profundamente a nuestra comprensión de nosotros mismos (conocida como nuestro autoconcepto). Ejemplos de estos fracasos podrían ser no alcanzar la ambición de ser un escritor o músico de éxito, fracasar en los estudios universitarios o el fin de un matrimonio. Voy a llamar a estos «fracasos existenciales».

Este tipo de fracaso suele venir acompañado de un conjunto de emociones negativas intensas. Cuando fracasamos de esta manera, es posible que nos sintamos no solo decepcionados, sino, en cierto sentido, carentes de valor o de mérito. Y cuando el fracaso es lo suficientemente significativo, puede ir acompañado de una pérdida de la esperanza. Este tipo de fracaso implica, con toda probabilidad, una forma de sufrimiento psicológico.

Contar historias de éxito

Este concepto es crucial para el éxito de un equipo.
Este concepto es crucial para el éxito de un equipo.
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Además, el fracaso existencial puede resistirse a una narrativa predominante sobre el fracaso: que el fracaso es un ingrediente necesario del éxito.

No cabe duda de que algunos tipos de fracaso cumplen una función. Por ejemplo, uno mejora y puede llegar a tener éxito en la oratoria pública mediante, en distinta medida, el fracaso seguido de intentos por hacerlo mejor. La adquisición de un conjunto de capacidades y habilidades, tanto prácticas como cognitivas, depende posiblemente de este proceso de fracaso.

Estas narrativas de éxito proporcionan un contexto en el que dar sentido y valor al fracaso, así como a algunas de las emociones negativas asociadas a él. Cabe destacar que estas narrativas de éxito no solo se invocan cuando por fin alcanzamos el éxito, como cuando logramos una presentación brillante o conseguimos el trabajo de nuestros sueños tras una serie de entrevistas terribles. También se utilizan durante el proceso de fracaso reiterado. Se dice a las personas que «sigan intentándolo» pese a fracasar, con la promesa de un éxito futuro.

En el caso del fracaso existencial, sin embargo, interpretarlo como parte de un camino hacia el éxito puede no ser posible, y hacerlo podría correr el riesgo de autoengaño.

Quizá siempre has soñado con ser artista. Esta carrera está íntimamente ligada a tu sentido del yo: tu percepción de quién eres, a qué te dedicas y qué valoras. Pero si una ruina económica inminente te obliga a renunciar a este sueño, es posible que simplemente no exista una narrativa de éxito verosímil a tu alcance. Dicho sin rodeos: a veces, un fracaso es realmente un fracaso.

No obstante, podrías intentar ofrecerte a ti mismo (o adoptar de otros) una narrativa de éxito sobre posibilidades futuras. Esto podría incluir tópicos como «aprender del fracaso».

La razón por la que recurrimos a estas garantías incluso ante un fracaso significativo, aunque en el mejor de los casos parezcan muy especulativas y en el peor sean autoengañosas y falsas, es el alto grado de sufrimiento psicológico al que nos enfrentamos. Como afirmó el filósofo alemán Friedrich Nietzsche:

El hombre … no niega el sufrimiento en sí; lo quiere, incluso lo busca, siempre que se le muestre un sentido para él, una finalidad del sufrimiento … cualquier sentido es mejor que ningún sentido.

Las narrativas de éxito resultan psicológicamente reconfortantes. Dotan a nuestros fracasos del sentido y la finalidad que de otro modo carecerían. Pero cuando el fracaso es profundo, pueden resultar vacías y banales. Además, contarnos estas narrativas puede significar que nos negamos a ver los efectos negativos de nuestros fracasos sobre nosotros mismos y los demás, lo que podría conducir a resultados aún peores.

Aceptar el fracaso

La alternativa sería vivir el fracaso como fracaso. Esto implica un reconocimiento sobrio del fracaso existencial correspondiente por lo que es y por lo que afecta. Tu hipotético fracaso en convertirte en artista, por ejemplo, es el fracaso en alcanzar algo que considerabas de gran valor, y esto supone una pérdida significativa. También requiere una revisión de tu autoconcepto – una forma de daño al yo.

Al resistir la tentación de buscar una narrativa de éxito reconfortante, es posible que alcances una forma de lo que un grupo de filósofos conocidos como los existencialistas denominaban «autenticidad».

Se trata de una forma de honestidad o veracidad con nosotros mismos y con nuestra situación. En este caso, tal honestidad significaría ver tus fracasos existenciales con ojos claros, algo que requiere fortaleza psicológica y valor.

Al margen del hecho de que la veracidad y la fortaleza psicológica son virtudes que debemos procurar cultivar en nosotros mismos, ver con claridad tales fracasos existenciales puede llevarnos a reflexionar sobre lo que en nuestra vida tiene más valor para nosotros. Aferrarnos a narrativas de éxito, que siempre buscan dar sentido a los fallos y al fracaso, dificulta abordar plenamente la cuestión importante de qué debemos valorar y por qué.

Además, esta autenticidad puede cambiar la forma en que respondemos a otros que atraviesan un fracaso existencial. En lugar de pasar por alto la profundidad de lo que experimentan prometiéndoles que aprenderán de sus fracasos, podemos reconocer de verdad su pérdida e intentar ser realmente sensibles a su sufrimiento psicológico. Este tipo de empatía auténtica podría sentar las bases de una conversación más honesta y significativa.

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