Los problemas de salud mental en India han quedado relegados durante mucho tiempo frente a otras preocupaciones sanitarias más apremiantes.
Un nuevo informe de CAPI concluye que en los últimos años se ha producido un cambio notable: la filantropía ha surgido como un actor clave para abordar la crisis de salud mental del país.
Lo que se necesita es un enfoque colaborativo en el que la filantropía complemente los esfuerzos del Gobierno y apoye soluciones impulsadas por las comunidades.
India afronta importantes desafíos, como reflejan las preocupantes estadísticas sobre los trastornos mentales. Una de cada siete personas en India padecía trastornos mentales de diversa gravedad, según The Lancet Psychiatry en 2017. Además, la brecha de tratamiento para los trastornos mentales en India podría llegar al 83%, según indicó la Encuesta Nacional de Salud Mental de India 2015–2016.
A pesar de la magnitud de este desafío, la financiación pública para la salud mental sigue siendo escasa, y representa solo alrededor del 1% del presupuesto total de salud. De los 110 millones de dólares asignados a la salud mental en el ejercicio fiscal 2023-24, 86 millones y 7 millones se destinaron, respectivamente, a dos importantes instituciones del país: el Instituto Nacional de Salud Mental y Neurociencias (NIMHANS), en Bengaluru, y el Instituto Regional de Salud Mental Lokpriya Gopinath Bordoloi (LGBRIMH), en Tezpur, Assam.
Los 16 millones de dólares restantes se asignaron al Programa Nacional de Telemedicina para la Salud Mental. Los datos subrayan que el Gobierno de India gasta más en hospitales que en atención comunitaria. También ponen de relieve la necesidad de vías alternativas para abordar la insuficiente financiación de la atención de salud mental en India.
Para impulsar un cambio positivo, se necesitan con urgencia una mayor sensibilización, un cambio en las prioridades filantrópicas e inversiones estratégicas en infraestructura.
Un informe reciente de CAPI (Centre for Asian Philanthropy India) muestra que el sector filantrópico, que incluye a particulares, empresas y fundaciones, se ha centrado en iniciativas para promover el bienestar mental. Este impulso responde a una mayor conciencia sobre las enfermedades mentales tras la pandemia de COVID-19. El nuevo énfasis en la salud mental, que resulta alentador, ofrece una oportunidad única para catalizar el cambio y revolucionar la prestación de atención de salud mental en India.

Atención impulsada por las comunidades
El informe de CAPI también concluye que el apoyo filantrópico a la salud mental se manifiesta de diversas formas, como la financiación institucional, las intervenciones comunitarias y las iniciativas de investigación científica.
Aunque tradicionalmente la financiación institucional recibe más atención, los enfoques impulsados por las comunidades han demostrado un enorme potencial, especialmente en el contexto indio. De hecho, la Organización Mundial de la Salud recomienda centrar más los servicios de salud mental en las comunidades y la atención primaria, en lugar de en hospitales especializados. Este enfoque es beneficioso, sobre todo en India.
Las investigaciones muestran que los trastornos mentales comunes suelen poder atenderse adecuadamente mediante el autocuidado, el apoyo comunitario y la atención primaria de salud. En India han tenido resultados alentadores los modelos en los que habitantes locales capacitados, llamados «consejeros legos», prestan atención de salud mental a nivel de las aldeas. Estos programas han demostrado potencial para reducir el malestar psicológico. Aunque los casos graves requieren atención especializada en clínicas u hospitales, son menos frecuentes. Sin embargo, debido a leyes antiguas y al estigma en torno a la salud mental, India ha dependido principalmente de los hospitales.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en relación con la salud mental?
Sin embargo, leyes recientes, como la Ley de Atención de Salud Mental de 2017, buscan cambiar esta situación acercando la atención a las comunidades. El Gobierno de India debería reconsiderar su estrategia y destinar más fondos a la atención comunitaria, en lugar de centrarse exclusivamente en los hospitales. Los modelos comunitarios de salud mental han demostrado potencial para prestar atención a nivel de las aldeas y ofrecen a los donantes una oportunidad de bajo costo y alto rendimiento, como señala el informe de CAPI.
Al empoderar a las organizaciones de base, amplificar las voces de las comunidades marginadas en los debates sobre salud mental y aplicar estrategias adaptadas a cada contexto, quienes financian estas iniciativas garantizan intervenciones específicas que responden a los singulares entornos culturales y socioeconómicos en los que trabajan.
Un ejemplo de este enfoque es el programa rural de salud mental comunitaria llevado a cabo por The Live Love Laugh Foundation en una aldea remota del distrito de Koraput, en el estado indio de Odisha. Las personas beneficiarias del programa han recibido medicamentos y tratamiento gratuitos, asistencia para sus medios de vida y apoyo comunitario.
Una hoja de ruta para el futuro
Las actitudes en torno a la salud mental están evolucionando rápidamente en India, impulsadas por la labor decidida de diversas organizaciones sin ánimo de lucro y del sector privado, así como por personas valientes que comparten sus historias. En un estudio de 2021 de The Live Love Laugh Foundation, el 92% de las personas encuestadas expresó su disposición a buscar tratamiento y a apoyar a una persona que lo buscara por una enfermedad mental, un aumento significativo frente al 54% registrado en 2018. El estudio también señaló un cambio notable en la percepción de las capacidades de las personas con enfermedades mentales: el 65% creía que podían conservar un empleo y llevar una vida estable y saludable, más del doble del 32% registrado en 2018.
Aunque las contribuciones filantrópicas al sector de la salud mental han crecido de forma alentadora, persisten los desafíos. La salud mental es un ámbito relativamente nuevo para quienes financian estas iniciativas, y a veces falta comprensión de las dinámicas del sector. Los donantes suelen querer resultados rápidos, pero el progreso lleva tiempo, sobre todo cuando se trata de cambiar percepciones y reducir el estigma. Evaluar el impacto de los programas de salud mental es difícil porque la salud mental es compleja. Se requiere una evaluación cuidadosa y consultar a especialistas. Factores como la confidencialidad y la participación de las personas beneficiarias lo hacen aún más difícil. Por eso son fundamentales la paciencia y el esfuerzo sostenido.
Está claro que hay un amplio margen para ampliar el papel que puede desempeñar la filantropía en el sector de la salud mental de India. Las contribuciones filantrópicas pueden impulsar nuevos modelos de atención, intervenciones preventivas y reformas de políticas que den prioridad a la salud mental dentro de agendas sanitarias más amplias. La colaboración con organismos gubernamentales puede catalizar la acción colectiva, amplificar el impacto e impulsar cambios sistémicos mediante la participación comunitaria y la colaboración intersectorial. Al asignar estratégicamente recursos a programas de divulgación comunitaria, iniciativas de investigación y desarrollo de capacidades, la filantropía privada puede contribuir a los avances para reducir la brecha entre la demanda y la prestación de atención de salud mental.
El objetivo último es garantizar que se aborden las tres «A» clave de la atención de salud mental (concienciación, accesibilidad y asequibilidad), y que se utilice una combinación de intervenciones preventivas y orientadas al tratamiento. La continuidad asistencial debe abarcar una gama de servicios, desde centros ambulatorios hasta atención de salud mental comunitaria en todos los niveles de prestación. Este sistema acompaña a las personas y las comunidades en sus trayectorias de salud mental y allana así el camino hacia una sociedad más sana y resiliente, en la que nadie se sienta excluido.
La posibilidad de que India materialice todo el potencial de su capital humano depende de su capacidad para dar prioridad a las necesidades de salud mental del país y atenderlas. Es un futuro por el que vale la pena luchar y que exige el compromiso inquebrantable de todas las partes interesadas: el Gobierno, la sociedad civil y las personas filántropas.


