Las personas quieren marcar una diferencia en la vida de los demás y se sienten bien cuando pueden ayudarles, afirma la psicóloga social Xuan Zhao.
Pedir ayuda también es importante: fomenta la bondad y abre oportunidades para crear vínculos sociales positivos, afirma Zhao.
Sin embargo, quienes piden ayuda suelen subestimar la disposición de los demás a ayudarles y lo bien que se sentirán quienes les ayuden después.
Las culturas deberían tratar de evitar promover el «autocuidado» —lo que implica que es responsabilidad de cada persona resolver sus dificultades— y destacar el valor de cuidarnos unos a otros.
Evitamos pedir ayuda porque no queremos molestar a los demás y suponemos que nuestra petición les resultará inoportuna. Sin embargo, muchas veces ocurre lo contrario: las personas quieren marcar una diferencia en la vida de los demás yse sienten bien—incluso felices— cuando pueden ayudar a otras personas, afirma Xuan Zhao, psicóloga social de la Universidad de Stanford.
La investigación de Zhao se centra en ayudar a las personas a crear mejores interacciones sociales, tanto en persona como en línea, en las que se sientan vistas,escuchadas, conectadas y valoradas. Su investigación más reciente se publica enPsychological Science.
Aquí, Zhao habla de la investigación sobre cómo pedir ayuda puede dar lugar a experiencias significativas y fortalecer las relaciones con los demás, tanto con amigos como condesconocidos:
P: ¿Por qué cuesta pedir ayuda? ¿Qué le diría a alguien a quien le resulta difícil pedirla?
R:Hay varias razones habituales por las que a las personas les cuesta pedir ayuda. Algunas temen que hacerlo les haga parecer incompetentes, débiles o inferiores; una investigación reciente de Kayla Good, estudiante de doctorado en Stanford, revela que incluso niños de siete años pueden tener esta creencia. A algunas personas les preocupa que las rechacen, algo que puede resultar vergonzoso y doloroso. A otras les preocupa ser una carga y causar molestias a los demás, un tema que exploré hace poco. Estas preocupaciones pueden parecer más pertinentes en ciertos contextos que en otros, pero todas son muy comprensibles y humanas.
La buena noticia es que, muchas veces, esas preocupaciones son exageradas e infundadas.
P: ¿Qué malentendidos tiene la gente sobre pedir ayuda?
R: Cuando necesitan ayuda, las personas suelen estar tan absortas en sus propias preocupaciones e inquietudes que no reconocen plenamente las motivaciones prosociales de quienes las rodean y están dispuestos a ayudarlas. Esto puede generar una diferencia persistente entre la forma en que quienes piden ayuda y quienes podrían prestarla perciben una misma situación de ayuda. Para poner a prueba esta idea, realizamos varios experimentos en los que las personas interactuaban directamente para pedir y ofrecer ayuda, o imaginaban o recordaban experiencias similares de la vida cotidiana. Observamos sistemáticamente que quienes pedían ayuda subestimaban la disposición de los desconocidos —e incluso de sus amigos— a ayudarles y lo bien que se sentirían quienes les ayudaran después, y sobrestimaban lo molestos que se sentirían estos últimos.
Estos patrones coinciden con el trabajo del psicólogo de Stanford Dale Miller, que muestra que, cuando pensamos en qué motiva a los demás, tendemos a adoptar una visión más pesimista y egoísta de la naturaleza humana. Al fin y al cabo, las sociedades occidentales suelen valorar la independencia, por lo que pedirles a otros que se esfuercen para hacer algo por nosotros puede parecer incorrecto o egoísta y quizá les genere una experiencia algo negativa.
La verdad es que la mayoría somos profundamente prosociales y queremos marcar una diferencia positiva en la vida de los demás. El trabajo del psicólogo de Stanford Jamil Zaki ha demostrado que empatizar con quienes necesitan ayuda y ayudarles parece ser una respuesta intuitiva; además, decenas de estudios, incluido el mío, han concluido que las personas suelen sentirse más felices después de realizar actos de bondad. Estos hallazgos amplían investigaciones anteriores del profesor de Stanford Frank Flynn y sus colegas, según las cuales las personas tienden a sobrestimar la probabilidad de que otros rechacen una petición directa de ayuda. Por último, otras investigaciones incluso han demostrado que pedir consejo puede hacer que quien lo pide parezca más competente a ojos de quien lo da.
P: ¿Por qué es especialmente importante pedir ayuda?
R: Nos encantan las historias de ayuda espontánea, y eso quizá explique por qué los actos de bondad al azar se hacen virales en las redes sociales. Pero, en realidad, la mayoría de la ayuda se presta solo después de que alguien la pide. A menudo, no es porque las personas no quieran ayudar y haya que insistirles para que lo hagan. Todo lo contrario: quieren ayudar, pero no pueden hacerlo si no saben que alguien está sufriendo o pasando por dificultades, qué necesita esa persona ni cómo ayudarla eficazmente, o si les corresponde intervenir; quizá quieran respetar la privacidad o la autonomía de los demás. Una petición directa puede despejar esas dudas, de modo que pedir ayuda fomenta la bondad y abre oportunidades para crear vínculos sociales positivos. También puede generar cercanía emocional cuando uno se da cuenta de que alguien confía lo suficiente como para compartir sus vulnerabilidades y cuando se trabaja en equipo para alcanzar un objetivo común.
P: Parece que algunas peticiones de ayuda pueden ser más difíciles de hacer que otras. ¿Qué dice la investigación sobre los distintos tipos de ayuda y cómo podemos aprovechar esos conocimientos para decidir cómo pedir ayuda?
R: Muchos factores pueden influir en lo difícil que nos resulta pedir ayuda. Nuestra investigación reciente se ha centrado principalmente en situaciones cotidianas en las que la otra persona puede ayudar claramente y lo único que hace falta es presentarse y pedirlo. En otros casos, el tipo de ayuda que se necesita puede requerir habilidades o recursos más específicos. Siempre que formule la petición de manera específica, significativa, orientada a la acción, realista y con un plazo definido (los criterios SMART, por sus siglas en inglés), es probable que las personas estén encantadas de ayudar y se sientan bien después de hacerlo.
Por supuesto, no todas las peticiones tienen que ser específicas. Cuando afrontamos problemas de salud mental, puede que nos cueste expresar qué tipo de ayuda necesitamos. Está bien acudir a los servicios de apoyo a la salud mental y tomarse el tiempo para aclarar las cosas en conjunto. Están ahí para ayudar y estarán encantados de hacerlo.
P: Ha mencionado que las normas culturales pueden impedir que la gente pida ayuda. ¿Qué podemos hacer todos para replantearnos el papel que desempeña la sociedad en nuestras vidas?
R:El trabajo de Hazel Markus sobre las culturas independientes e interdependientes, directora académica deStanford SPARQ, puede arrojar mucha luz sobre esta cuestión. A partir de sus ideas, creo que a todos nos beneficiaría un poco más de interdependencia en nuestros entornos micro y macro. Por ejemplo, en lugar de promover el «autocuidado» e insinuar que cada persona debe resolver sus propias dificultades, quizá nuestra cultura podría destacar el valor de cuidarnos unos a otros y crear más espacios seguros donde hablar abiertamente de nuestros retos e imperfecciones.
P: ¿Qué inspiró su investigación?
R:Siempre me ha fascinado la interacción social: cómo entendemos y malinterpretamos la mente de los demás, y cómo la psicología social puede ayudar a las personas a crear vínculos más positivos y significativos. Por eso he estudiado temas como hacer cumplidos, hablar de los desacuerdos, compartir fracasos personales, crear conversaciones inclusivas en las redes sociales y traducir la investigación en psicología social y positiva en prácticas cotidianas para el público. Este proyecto también nace de esa pasión general.
Pero el impulso más inmediato para este proyecto fue leer trabajos académicos que sugerían que las personas subestiman sus posibilidades de recibir ayuda porque no reconocen lo incómodo y embarazoso que sería para alguien decir «no» a su petición. Estoy de acuerdo en que las personas subestiman sus posibilidades de recibir ayuda cuando la piden directamente, pero, por mi experiencia personal, observé otra razón: cuando la gente me pide ayuda, a menudo siento una motivación sincera para ayudarla, más que presión social o deseos de evitar decir que no.
Este proyecto busca expresar mi interpretación distinta de por qué las personas aceptan ayudar. Y, dado que he visto a personas pasar demasiado tiempo lidiando con sus problemas hasta que ya era demasiado tarde para pedir ayuda, espero que mis hallazgos les den un poco más de tranquilidad cuando realmente necesiten una mano y estén pensando si deberían pedirla.


