El enfoque novedoso de la primera ministra Jacinda Ardern sobre las finanzas de Nueva Zelanda se enfrenta a su primera prueba real.
Tras hablar de «hacer las cosas de otra manera» con un «presupuesto de bienestar» en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en enero, el Gobierno de Ardern ha presentado esta semana sus planes para hacer realidad esa estrategia.
El ministro de Finanzas, Grant Robertson, expuso el plan ante el Parlamento del país, con miles de millones destinados a servicios de salud mental, lucha contra la pobreza infantil y medidas para combatir la violencia familiar.
«El éxito consiste en hacer de Nueva Zelanda un gran lugar para ganarse la vida y un gran lugar para tener una buena vida», afirmó.
El enfoque del bienestar
Partiendo de la idea de que evaluar el impacto a largo plazo de las políticas en la calidad de vida de las personas es preferible a centrarse en medidas de resultados a corto plazo, la iniciativa ha cinco prioridades para 2019: favorecer la transición hacia una economía sostenible y de bajas emisiones, respaldar una nación próspera en la era digital, mejorar los ingresos, las competencias y las oportunidades de los maoríes y de los pueblos del Pacífico, reducir la pobreza infantil y apoyar la salud mental de todos los neozelandeses.
«Estamos incorporando la idea de tomar decisiones que no se limiten al crecimiento por el crecimiento en sí, sino que se pregunten cómo les va a nuestros ciudadanos», declaró Ardern. «¿Cuál es su bienestar general y su salud mental? ¿Cómo está nuestro medio ambiente? Estas son las medidas que nos darán una verdadera medida de nuestro éxito».
Un impulso mundial
Si bien los planes del Gobierno de alejarse de los métodos tradicionales para medir el crecimiento y el desarrollo encajan con un impulso mundial hacia un capitalismo con propósito, las nuevas métricas pueden resultar difíciles de cuantificar y podrían tardar años en perfeccionarse.
Las ideas sobre la medición y la promoción del bienestar no son nuevas. Ya existen marcos de referencia y algunas naciones, entre ellas Bután y los Emiratos Árabes Unidos, ya los han incorporado a sus políticas públicas. Políticos, economistas y grupos de presión de otros países, como el Reino Unido, piden a los gobiernos que hagan más.

Los Emiratos Árabes Unidos cuentan con un ministro de Estado para la Felicidad y un Programa Nacional para la Felicidad y la Positividad. Su agenda se basa en tres pilares: incluir la felicidad en las políticas, programas y servicios de todos los organismos públicos y en el lugar de trabajo, promover la positividad y la felicidad como estilo de vida, y desarrollar referencias y herramientas para medir la felicidad.
Bután mide la Felicidad Nacional Bruta a partir de nueve dominios: bienestar psicológico, salud, educación, uso del tiempo, diversidad cultural, buena gobernanza, vitalidad comunitaria, diversidad ecológica y nivel de vida. Se utiliza para respaldar la elaboración de políticas y hacer un seguimiento de su eficacia a lo largo del tiempo.
Este tipo de iniciativas también podrían beneficiar a los políticos, ya que la satisfacción vital es un factor clave para que los ciudadanos reelijan a sus gobiernos, según lord Richard Layard, director de programas de la London School of Economics y vicepresidente del Grupo Parlamentario Multipartidista del Reino Unido sobre Economía del Bienestar. En una entrevista con la BBC afirmó que la felicidad debería ocupar un lugar más destacado en la política de gobierno.
Su grupo elaboró un informe sobre el bienestar para el Gobierno del Reino Unido, en el que se exponían propuestas como un presupuesto mayor para la salud mental, una estrategia para mejorar el bienestar de los niños en las escuelas y un mayor gasto en educación superior para las personas que no cursan estudios universitarios.
Mejorar el bienestar debería “servir como objetivo central de nuestra sociedad y como finalidad primordial de la política de gobierno”, según el informe. Este señala que un examen del gasto centrado en el bienestar permitiría al Gobierno del Reino Unido orientar el gasto hacia los ámbitos que más influyen en la vida de las personas.
Resultados significativos
Salvaguardar el futuro y promover el bienestar a medida que la Cuarta Revolución Industrial trae consigo cambios es una parte fundamental del trabajo del Foro Económico Mundial. El Foro ha estudiado si el producto interno bruto sigue siendo una medida pertinente y qué alternativas podrían ofrecer a medida que empeoran el cambio climático y los avances tecnológicos.
Ardern afirma que espera que centrarse en objetivos más altruistas y a más largo plazo ayude a combatir algunas de las profundas y divisivas fuerzas políticas que operan en todo el mundo. El estancamiento sin precedentes de los salarios es motivo de preocupación para los países de la OCDE, ya que reduce el nivel de vida de muchas personas y favorece el auge del populismo.
Y la jefa de Estado más joven del mundo ya ha puesto en marcha algunas políticas, entre ellas más de 200 millones de dólares en financiación para servicios de ayuda a víctimas de violencia doméstica y sexual.
«Esto no es algo vago, es fundamental», afirmó Ardern a los delegados en la Reunión Anual del Foro de 2019 en Davos. «Así es como aportamos sentido y resultados a las personas que nos votan. Tampoco es ideológico. Se trata de decir por fin que así es como cumplimos con las expectativas y de intentar recuperar la confianza en nuestras instituciones, estemos donde estemos en el mundo».




