Hay tantas personas que viven con depresión como ciudadanos de los Estados Unidos de América. Es la principal causa de discapacidad y mala salud en todo el mundo, destroza vidas y debilita las economías, pero con demasiada frecuencia se estigmatiza o se pasa por alto.
Según la Organización Mundial de la Salud, la depresión y la ansiedad cuestan 1 billón de dólares a la economía mundial cuando quienes las padecen abandonan el mercado laboral, y cada dólar invertido en mejorar la atención generaría un rendimiento de 4 dólares. Además, las estadísticas frías no alcanzan a reflejar el dolor de quienes viven con el «perro negro», como Winston Churchill llamó célebremente a su propia depresión recurrente.
Día Mundial de la Salud 2017, el 7 de abril, busca concienciar sobre la depresión. A continuación, se presentan algunos conceptos erróneos comunes sobre una enfermedad sorprendentemente frecuente.
1. La depresión es algo raro e inusual
No lo es. Más de 300 millones de personas en todo el mundo padecen depresión: el 5% de la población mundial, una cifra comparable a los 320 millones de habitantes de Estados Unidos. Entre el 10% y el 15% de las madres primerizas padecen depresión posparto.
2. La depresión es simplemente una forma de tristeza
La tristeza forma parte de la vida, pero la depresión clínica es otra cosa. Puede aparecer sin aviso ni motivo y afectar a personas que, según ellas mismas, no tienen nada por lo que sentirse tristes. El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos enumera los síntomas; entre ellos figuran la ansiedad persistente, la sensación de vacío o culpa, la pérdida de interés por el mundo, las dificultades para dormir y comer, así como la inquietud y los pensamientos suicidas.
3. Las personas con depresión no alcanzan grandes logros
Que se lo digan a Winston Churchill, Mohandas Gandhi o Abraham Lincoln, quienes soportaron el peso de la depresión y aun así dejaron un legado que pocas personas sanas podrían igualar.

No hay pruebas claras de hasta qué punto los problemas de salud mental afectan a quienes hoy triunfan, pero un estudio realizado en Estados Unidos en 2015 reveló que el 30% de los emprendedores padecía depresión. Una mujer con diagnóstico de depresión moderada contó en una entrada de blog:
«Ser cofundadora de una empresa es lo más difícil que he hecho hasta ahora. Pensaba: “Tienes que ser fuerte”, “No puedes mostrar tus debilidades”, “Tienes que sobrellevar los altibajos”.
Muchas empresas emergentes y, en especial, sus cofundadores no quieren hablar de la depresión por miedo a que los consideren un fracaso. La cultura del emprendimiento y los negocios dificulta hablar de la depresión».
4. La depresión es un problema de los países ricos
Es universal y afecta por igual a países ricos y pobres. Lo que varía de un lugar a otro es la probabilidad de recibir un diagnóstico y tratamiento.
Según la Organización Mundial de la Salud, los gobiernos destinan, en promedio, el 3% de sus presupuestos de salud a la salud mental; la proporción va de menos del 1% en los países de ingresos bajos al 5% en los de ingresos altos. Incluso en los países ricos, solo la mitad de las personas afectadas recibe tratamiento; en algunos países, hay pocas opciones de ayuda o ninguna. Además, los traumas causados por desastres naturales, enfermedades y conflictos, mucho más frecuentes en los países pobres, repercuten en la depresión.

5. La depresión no tiene remedio
Puede ser más complicado que curar una pierna rota, pero hay diversos tratamientos para la depresión. El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido enumera opciones que varían según la gravedad de la depresión, entre ellas el ejercicio, la terapia cognitivo-conductual y los medicamentos.



