Un neuropsicólogo explica el «coste cognitivo» de los trastornos de salud mental

a model of a human brain
The cognitive difficulties that accompany mental health disorders can potentially lead to misdiagnoses and improper treatment.Image: UNSPLASH/Robina Weermeijer
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  • Un estudio reciente ha descubierto que los trastornos mentales afectan negativamente a nuestra función cognitiva, con déficits de memoria, atención y velocidad de procesamiento.

  • La disfunción cognitiva contribuye al deterioro de la salud mental y puede dar lugar a diagnósticos erróneos.

  • Los profesionales de la salud mental deben comprender mejor la relación entre la salud mental y la disfunción cognitiva para garantizar un tratamiento adecuado.

La idea principal

Todos los tipos de trastornos mentales conllevan un coste oculto en forma de disfunción cognitiva, incluidos déficits de memoria, atención, funciones ejecutivas y velocidad de procesamiento, según un estudio exhaustivo que mis colegas y yo publicamos en junio de 2021 en la revista Clinical Psychology Review.

Descubrimos que tanto los trastornos mentales diagnosticables como algunos síntomas comunes, como la ansiedad y la preocupación, tienen un llamado «coste cognitivo». Denominamos a este fenómeno «factor C», por disfunción cognitiva. Puede definirse como un menor rendimiento en las pruebas cognitivas o como una reducción de capacidades cognitivas, como la atención y la memoria. Nuestro análisis sugiere que puede encontrarse en distintos trastornos y que constituye una parte integral del deterioro de la salud mental.

Nuestro equipo analizó datos de todos los metaanálisis y revisiones sistemáticas existentes sobre la función cognitiva en todos los trastornos reconocidos por el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Incluimos 97 metaanálisis que abarcaban 29 trastornos. En total, nuestro estudio incorporó datos de más de 200.000 personas.

Por qué es importante

En las últimas décadas, los trastornos mentales se han vuelto cada vez más frecuentes en Estados Unidos y en todo el mundo, sobre todo entre los adultos jóvenes y los adolescentes. Incluso antes de la pandemia, 1 de cada 5 estadounidenses padecía un trastorno mental.

De hecho, el estudio más exhaustivo realizado hasta la fecha sobre la prevalencia mundial de los trastornos mentales proyectó que el 55 % de los estadounidenses cumplirá los criterios de al menos un trastorno mental a lo largo de su vida. Cabe señalar que ese estudio, realizado hace 15 años, examinó los trastornos diagnosticables. Sin embargo, la prevalencia de experiencias a lo largo de la vida con síntomas clínicamente significativos en la población general es mucho mayor. Por ejemplo, un estudio concluyó que, aunque solo alrededor del 20 % de los estadounidenses cumplirá los criterios formales del trastorno depresivo mayor a lo largo de su vida, el 62 % de los estadounidenses experimentará síntomas de depresión significativos.

Dado que nuestros hallazgos demuestran que el deterioro de la salud mental está asociado con cierto grado de disfunción cognitiva, este tipo de deficiencia podría ser mucho más frecuente de lo que se pensaba.

Estos hallazgos son importantes porque algunos trastornos mentales pueden diagnosticarse erróneamente al atribuir los problemas a la disfunción cognitiva. Por ejemplo, cabe esperar que un estudiante universitario con trastorno obsesivo-compulsivo tenga ciertas dificultades de concentración, organización, gestión del tiempo y memoria. Sin embargo, en ese caso, estos problemas cognitivos no se deben a afecciones como la dislexia o el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, sino al TOC. Esta posible confusión puede dar lugar a un diagnóstico erróneo.

De hecho, el TDAH, un trastorno caracterizado por déficits en las funciones ejecutivas, es uno de los trastornos que más a menudo se diagnostican erróneamente en todos los grupos de edad. Según un estudio de 2010, cerca del 20 % de los jóvenes diagnosticados con TDAH y que reciben medicación reciben un diagnóstico erróneo. Además, hay indicios de que los médicos recetan con demasiada facilidad medicamentos estimulantes para los síntomas de falta de atención, incluso sin un diagnóstico completo o formal de TDAH.

Por tanto, desconocer las disfunciones cognitivas asociadas al TOC en el ejemplo anterior podría conducir a un tratamiento inadecuado. De hecho, la medicación estimulante puede aumentar la irritabilidad y la ansiedad y agravar la disfunción cognitiva en esas personas. Por ello, es fundamental que los profesionales de la salud mental comprendan mejor cómo se relacionan la salud mental y la disfunción cognitiva, sobre todo cuando se interpretan erróneamente los síntomas cognitivos.

Lo que aún se desconoce

De los resultados de nuestro estudio se desprenden dos preguntas importantes. En primer lugar, ¿por qué cualquier problema significativo de salud mental conlleva un coste en forma de disfunción cognitiva? Esto resulta sorprendente, ya que los distintos trastornos de salud mental difieren considerablemente en cuanto a síntomas y tipos de intervención. Nuestro equipo trabaja para descubrir los factores que pueden afectar negativamente al funcionamiento cognitivo, como la disminución de la motivación, el escaso esfuerzo y una menor autoeficacia.

En segundo lugar, ¿cuál es el mecanismo real que subyace a este fenómeno? Por ejemplo, si descubrimos que el sufrimiento general es común a todos los trastornos mentales, ¿cuál es el mecanismo específico por el que el sufrimiento dificulta el rendimiento en las pruebas cognitivas? Se necesita más investigación para examinar estas preguntas.

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