La COVID-19 ha generado retos para los padres, como compaginar el teletrabajo con la vida familiar, la falta de apoyo para el cuidado de los hijos y la educación en casa.
Un estudio realizado en Canadá reveló que las madres reportaron tasas más altas de depresión y ansiedad durante la pandemia.
Cuatro expertos describen cuatro formas de ofrecer un mejor apoyo a las madres, lo que, como resultado, beneficiará a sus familias.
Al cumplirse un año de la declaración de la COVID-19 como pandemia mundial, su impacto en la salud mental y el bienestar de los niños es innegable. Efectivamente, los titulares de prensa sobre si “los niños están bien” han aparecido con frecuencia, poniendo de manifiesto los enormes retos que enfrentan los niños y sus familias mientras afrontan los cambios constantes provocados por la COVID-19, entre ellos la educación en línea y el distanciamiento social con sus amigos.
Si bien la vida y las rutinas de los niños y jóvenes han cambiado radicalmente durante el último año, cada vez es más evidente que el impacto de la pandemia en la salud mental es un asunto familiar. Los padres han perdido el servicio de cuidado infantil, han asumido la responsabilidad de la educación en casa, han pasado al teletrabajo y han sufrido varios factores de estrés adicionales, como la pérdida de empleo y los cambios laborales.
Estos retos relacionados con la COVID-19 han sido especialmente duros para las madres, que son las más propensas a asumir la carga de una mayor educación en casa y de las mayores exigencias del hogar. Nuestro equipo de investigación quiso averiguar si estos factores de estrés están relacionados con el aumento de las dificultades de salud mental materna durante la pandemia.
Salud mental de los padres durante la COVID-19
Los primeros informes durante la pandemia apuntaban a tasas elevadas de depresión y ansiedad, especialmente entre las madres. Lo que no se sabía era si estas tasas reflejaban realmente un cambio en los síntomas de ansiedad y depresión de las madres, en comparación con su estado antes de la pandemia. Para responder a esta pregunta, utilizamos datos de madres que participan en una investigación a largo plazo y comparamos su salud mental durante la pandemia con periodos anteriores.
Durante los últimos 12 años, el Estudio Todas Nuestras Familias ha seguido a casi 3.000 madres canadienses y a sus hijos para comprender mejor su salud y su bienestar. Las madres se incorporaron al estudio durante el embarazo, y sus hijos tienen ahora entre nueve y 11 años.
En un estudio reciente, demostramos que, entre mayo y julio de 2020, las madres participantes en nuestro estudio informaron de tasas más altas de depresión y ansiedad que las que habían reportado anteriormente. En concreto, las tasas de síntomas depresivos aumentaron hasta el 35 % durante la COVID-19, frente al 19 % antes de la pandemia, y las de síntomas de ansiedad también subieron hasta el 31 %, frente al 18 %.
Las dificultades de salud mental materna están aumentando
El aumento de las dificultades de salud mental materna no afecta por igual a todas las madres. En nuestro estudio observamos aumentos especialmente elevados de dificultades de salud mental en las madres que informaron haber perdido su empleo o los ingresos familiares.
También observamos mayores incrementos de ansiedad y depresión en las madres que tenían dificultades para acceder al cuidado infantil y que señalaron que les costaba compaginar la educación en casa con sus responsabilidades laborales, independientemente de sus ingresos.
La pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto desigualdades que ya estaban profundamente arraigadas antes de que estallara. En concreto, las mujeres tienen más probabilidades de tener empleos precarios, de percibir menos ingresos y de asumir la mayor parte de las tareas domésticas y de las responsabilidades de cuidado infantil. Estas brechas son aún mayores para las mujeres de bajos ingresos y las mujeres racializadas. Un plan de recuperación sostenible tras la pandemia debe tener en cuenta cómo se puede apoyar mejor a las familias, y en especial a las madres, para garantizar una salud mental óptima de los niños y jóvenes.
Estrategias para promover el bienestar familiar
Está claro que la presión de la pandemia está afectando a la salud mental de las madres. Esto es preocupante, porque sabemos que cuando las madres no están bien, sus hijos también suelen tener dificultades. Para garantizar que las madres estén bien —lo que ayudará también a que sus hijos lo estén—, necesitan acceso a recursos y apoyo que les permitan superar este difícil momento.
Décadas de investigación han demostrado que el bienestar de las madres es fundamental para que los niños y jóvenes prosperen, lo que sugiere que la salud mental y el bienestar maternos deberían ser una prioridad en los esfuerzos de recuperación tras la pandemia de COVID-19. Hemos identificado cuatro elementos clave para una recuperación exitosa tras la pandemia para las madres y las familias.
1. Apoyo a la salud mental de las madres
La salud mental materna ya era una preocupación nacional antes de la pandemia y nuestros datos demuestran que se ha producido un aumento de casi el doble de los síntomas depresivos y de ansiedad en las mujeres con hijos menores de 12 años.
Es necesario aumentar la disponibilidad de servicios de salud mental de fácil acceso y amplia cobertura. Un mayor uso de los servicios de telesalud mental (apoyo en salud mental prestado en línea o por teléfono) tiene el potencial de brindar a las madres la oportunidad de obtener apoyo en salud mental, a la vez que reduce barreras que a menudo limitan el acceso, como la ubicación o el tiempo.
2. Apoyo continuo a los ingresos familiares
Un factor de estrés importante asociado al aumento de los síntomas de salud mental en nuestro estudio fue la pérdida o la interrupción de los ingresos familiares como consecuencia de la pandemia.
La investigación ha demostrado que el empleo materno se vio más afectado durante la pandemia que el empleo paterno. Los planes de recuperación que incluyan el apoyo y la provisión de recursos en tiempos de crisis serán fundamentales para frenar las dificultades de salud mental que podrían surgir dentro de las familias.
3. Responsabilidades compartidas en la educación en casa, el cuidado infantil y las tareas domésticas
Nuestros hallazgos muestran que las madres que tenían dificultades para equilibrar múltiples funciones presentaban tasas más altas de depresión y ansiedad. Aunque los padres han aumentado su participación en el trabajo no remunerado durante la pandemia, incluidas las tareas de cuidado infantil y domésticas, sigue existiendo una brecha en estas contribuciones entre madres y padres.
Mientras la COVID-19 siga azotando, es fundamental que los responsables políticos inviertan en apoyos universales para el cuidado infantil y el cuidado fuera del horario escolar, y que se centren en políticas de permisos flexibles que permitan tanto a las madres como a los padres cuidar adecuadamente de sus hijos y encargarse de su educación en casa.
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El impacto constante de la pandemia en las familias
Un año después, la pandemia de COVID-19 sigue afectando al bienestar de las familias. El impacto que ha tenido en las madres, en forma de pérdida de empleos y de mayores responsabilidades en el cuidado infantil y la educación de sus hijos, se ha traducido en un marcado efecto sobre la salud mental.
Muchas redes de apoyo tradicionales han pasado de lo presencial a lo virtual debido a los requisitos de distanciamiento físico. Esto puede traducirse en una pérdida de acceso a ayuda práctica. El apoyo de amigos, familiares y la comunidad es esencial, pero también lo es el apoyo institucional.
En tiempos de crisis, las familias necesitan acceso a apoyos estables, como asistencia financiera y servicios predecibles de cuidado infantil y educación. Cuando los cuidadores reciben un buen apoyo, toda la familia se beneficia.



