Si no intensificamos nuestros esfuerzos para abordar los problemas de salud mental, la economía mundial podría perder hasta 16 billones de dólares en 2030;
En Tailandia, más de 3 millones de personas viven con una mala salud mental y se enfrentan a la estigmatización;
La aplicación Sati pretende abordar el problema y ofrecer un enfoque más empático en la atención a la salud mental.
Cuando termine de leer este artículo, al menos cuatro personas se habrán quitado la vida. Según la OMS, se produce un suicidio cada 40 segundos y cada año más de 800 000 personas ponen fin a su vida. Una de las principales causas del suicidio son los trastornos de salud mental. A nivel mundial, uno de cada cuatro vive con algún tipo de trastorno de salud mental, es decir, unos 450 millones de personas.
Durante los últimos cuatro años he convivido con un trastorno depresivo mayor y esquizofrenia, y he llegado a extremos para recibir tratamiento. Desde principios de 2015 he sufrido dolores de cabeza intensos, soledad, letargo, autodesprecio, inseguridad y aislamiento social. Mi familia no tenía idea de lo que ocurría. Me hice una resonancia magnética cerebral para determinar si había algo mal, pero no se encontró nada. Hacia finales de 2015 empecé a tener alucinaciones tanto visuales como auditivas. Recurrimos a un camino espiritual, pero la incertidumbre constante no hizo más que empeorar las cosas.
En 2016 por fin acudí a un psiquiatra, que me diagnosticó trastorno depresivo mayor y esquizofrenia. En abril de 2016 tomaba 16 pastillas al día, me habían practicado 36 sesiones de terapia electroconvulsiva (TEC), tenía pensamientos suicidas y me autolesionaba gravemente. Con la medicación y el tratamiento, mi peso aumentó de 95 a 150 kg, lo que me obligó a interrumpir la TEC, ya que dejaba de respirar bajo anestesia. Empecé a tratarme con medicación y otros tipos de terapia, como hablar con amigos cercanos, cocinar, el arte y la música.
Entrar y salir constantemente del hospital me pasó factura. Estar fuera me daba una sensación de libertad, mientras que estar dentro me daba una sensación de seguridad. Fuera del hospital, la salud mental estaba muy estigmatizada y pocas personas la comprendían.

En 2018 decidí llamar a la línea de atención al suicidio, pero nadie contestó a mi llamada. Fuera del hospital, la frustración me invadía y no dejaba de preguntarme por qué nadie había atendido mi llamada. Descubrí que la línea a la que había llamado solo funciona entre las 12:00 y las 22:00. Después me facilitaron otro número de un centro gestionado por el Gobierno, pero, tras esperar cinco minutos en la línea, me rendí.
Convertir las experiencias traumáticas en soluciones
Mi frustración y los años que llevo lidiando con mi propia salud mental me impulsaron a investigar el problema en Tailandia. Mediante la investigación, empecé a reunir las piezas que revelaban la falta de comprensión, de ayuda y de empatía hacia la salud mental.
Estos son algunos de los datos que encontré:
Más de 3 millones de tailandeses viven con una mala salud mental;
Cada 9 minutos y 55 segundos, una persona intenta suicidarse;
Cada dos horas, una persona es declarada muerta a causa de un suicidio;
Más de 50 000 personas intentaron suicidarse en 2018;
En 2018 se registraron 4134 muertes como suicidios;
No todas las muertes se notificaron debido a la estigmatización;
La línea de atención al suicidio gestionada por el Gobierno recibió 800 000 llamadas en 2018;
Menos del 20 % de las llamadas fueron atendidas por la línea debido al número limitado de personal y de líneas.
Teniendo todo esto en cuenta, puse en marcha mi propio proyecto, Sati, un servicio de escucha bajo demanda que conecta a los usuarios con un oyente capacitado y empático a través de una aplicación.

La recopilación de datos en tiempo real nos permitirá crear estrategias de prevención para el futuro.

Los usuarios contactarán con oyentes que hablan el mismo dialecto, en función de su ubicación y sus preferencias.
¿Por qué invertir en salud mental?
Si no intensificamos nuestros esfuerzos para abordar los problemas de salud mental, la economía mundial podría perder hasta 16 billones de dólares en 2030. En Estados Unidos, por sí solo, el coste de un suicidio se estima en 1,32 millones de dólares. Pese a estas cifras, la salud mental ha sido descuidada a escala mundial. Las acciones de un solo grupo no bastarán para cambiar esta situación. Necesitamos al sector privado, al público y a los grupos de defensa para abordar el problema que azota a las sociedades de todo el mundo.
La salud mental es uno de los temas más estigmatizados en las culturas orientales. Necesitamos ofrecer una educación mucho mejor sobre este asunto al público y a los medios de comunicación, con el fin de prevenir los suicidios por imitación o el efecto Werther. Además de educar al público, los gobiernos deben aumentar de forma notable su gasto en salud mental. Según la OMS, en 2017 la mediana mundial del gasto en salud mental era de solo 2,5 dólares per cápita, frente a 141 dólares per cápita para la salud general en el ámbito nacional. También hay escasez de profesionales de la salud mental – la mediana mundial es de 9 profesionales por cada 100 000 habitantes.
El sector privado debe invertir en salud mental. Un estudio sugiere que más de la mitad de los millennials y el 75 % de la Generación Z han dejado su trabajo por motivos de salud mental. Para el sector privado, esto resulta alarmante, ya que reduce su plantilla. Según un estudio de Deloitte, existe un retorno de la inversión (ROI) para las empresas que invierten en la salud mental de sus empleados, pero es posible que tengan que esperar al menos tres años antes de ver resultados.
Los defensores de la salud mental desempeñan un papel fundamental a la hora de abordar y eliminar el estigma de la salud mental, empoderar a las personas y generar comprensión sobre ella. Esto se debe a que muchos, si no todos, estos defensores tienen experiencia personal con trastornos de salud mental. No existe una única causa, una única solución ni una única forma de experimentar estos trastornos: mi experiencia con el trastorno depresivo mayor puede parecerse a la de otra persona, pero no es la misma. Por eso necesitamos dar voz a quienes viven con estos trastornos para que compartan sus historias. Cuanto más podamos compartir, mayor será nuestra comprensión del problema y más podremos asegurar a quienes actualmente viven con trastornos de salud mental que no están solos.
Durante mucho tiempo hemos descuidado lo que significa ser un ser humano empático. Siempre nos han enseñado a presentarnos y a parecer listos e inteligentes, pero cuando se trata de escuchar con el corazón, no sabemos qué hacer.
Trabajemos por un mundo en el que no nos limitemos a mirar el PIB para saber lo bien que va nuestra economía, sino el bienestar de las personas. Avancemos hacia un mundo en el que ROI no signifique retorno de la inversión, sino «retorno sobre las personas».


