Lecciones de las ciudades del mundo sobre cómo proteger nuestra salud mental

A rainbow arches over Hong Kong's Victoria Harbour June 19, 2012.
Our cities are growing - and growing younger - as mental illness among young people is on the riseImage: REUTERS/Bobby Yip (CHINA - Tags: ENVIRONMENT CITYSPACE TPX IMAGES OF THE DAY) - GM1E86J1I1S01
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En todo el mundo, las personas migran a las ciudades impulsadas por diversas circunstancias económicas, políticas y sociales. Actualmente, el 54 % de la población mundial vive en ciudades, y se prevé que esa cifra aumente al 66 % para 2050. Si bien esta llegada de nuevos residentes ejercerá presión sobre la infraestructura urbana, también ofrece una enorme oportunidad para abordar problemas sociales persistentes, entre los que las enfermedades mentales son uno de los más importantes.

Las enfermedades mentales, que afectan a más de 450 millones de personas, son uno de los problemas más devastadores y desatendidos del mundo. Afectan la vida de personas de todo el planeta en escuelas, lugares de trabajo, prisiones y hogares, desde quienes gozan de privilegios hasta quienes viven en los márgenes. Los jóvenes son quienes se ven más profundamente afectados y, para ellos, los problemas de salud mental pueden dar paso a dificultades que duren toda la vida.

Cada 40 segundos, alguien en el mundo se quita la vida: eso equivale a 800.000 suicidios al año. Para 2030, la depresión por sí sola se convertirá en la enfermedad que más carga impone, por encima del cáncer, la diabetes y las enfermedades respiratorias crónicas juntas. Actualmente, se estima que la depresión provoca una pérdida de entre 2,5 y 8,5 billones de dólares en la producción mundial anual.

La convergencia de tendencias mundiales demuestra que se necesitan medidas audaces y decisivas en materia de salud mentalImage: citiesRISE

Las tendencias demográficas indican que los jóvenes serán el grupo más numeroso en nuestras crecientes poblaciones urbanas. Para 2030, alrededor del 60 % de todos los habitantes de las ciudades tendrá menos de 18 años. Esto ofrece la oportunidad de aprovechar el entusiasmo y el ingenio de los jóvenes, que no solo se ven especialmente afectados por las enfermedades mentales, sino que también tienen la capacidad de desarrollar soluciones imaginativas e innovadoras.

Durante los últimos dos años, hemos buscado las mejores maneras de impulsar cambios sistémicos para mejorar la salud mental de los jóvenes. Viajamos por todo el mundo para reunirnos con emprendedores, gobiernos municipales y líderes comunitarios y juveniles, con el fin de comprender mejor el problema y explorar más a fondo posibles soluciones. Nos inspiró el increíble trabajo que se realiza a nivel local en ciudades y comunidades de 11 países, desde Chennai, India, hasta Nairobi, Kenia, y desde Seattle, Estados Unidos, hasta Bogotá, Colombia.

Las conversaciones de nuestra gira mundial de escucha nos enseñaron que abordar este problema requiere medidas audaces y decisivas, así como una comprensión profunda de cinco principios clave:

Hay que normalizar la salud mental y hablar de ella abiertamente: Aunque las lagunas en los datos disponibles dificultan los esfuerzos por atraer la atención mundial, la falta de información, la vergüenza y los prejuicios son obstáculos para tomar medidas tempranas en nuestras comunidades. Nuestros gobiernos y sociedades civiles deben aprender a valorar la salud mental como una necesidad básica y, luego, reducir el estigma y facilitar la búsqueda de ayuda y la recuperación. El uso inteligente de los datos no solo permite orientar las iniciativas con más eficacia, sino que también puede ayudar a las personas a ver las enfermedades mentales como algo que nos afecta en la vida cotidiana: una de cada cuatro personas las experimentará a lo largo de su vida.

Las soluciones de salud mental deben tener en cuenta ámbitos de la vida pública que van más allá de la atención sanitaria: La vivienda, el transporte, la justicia penal, la educación, la seguridad pública y otros sectores tienen un papel fundamental. Por ello, será esencial que los gobiernos municipales y los líderes comunitarios colaboren para implementar políticas y programas que aborden diversos problemas urbanos, con el objetivo más amplio de mejorar los resultados de salud mental de los jóvenes.

La salud mental debe abordarse con enfoques transformadores, en lugar de transaccionales: A menudo se considera que el acceso a los servicios de salud mental es la única solución, mientras que se pasa en gran medida por alto la necesidad de cambios sistémicos a largo plazo que promuevan la salud mental, así como de medidas que respalden la prevención y el tratamiento de las enfermedades y la recuperación de las discapacidades psicosociales asociadas. De manera similar, los enfoques predictivos y preventivos rara vez se reflejan en las políticas y la práctica, lo que conduce a un marco de tratamiento que aborda las enfermedades solo cuando son crónicas e incapacitantes.

Hay que aprovechar las ideas y la energía de los jóvenes para dar forma al cambio y a los mecanismos de rendición de cuentas: Las enfermedades mentales son enfermedades crónicas que afectan a los jóvenes: más del 75 % de los problemas de salud mental se manifiesta antes de los 24 años. Los métodos y modelos para apoyar a los jóvenes suelen estar desactualizados y carecen de una comprensión integral de las presiones que afrontan hoy, además de pasar por alto el estigma que experimentan las personas al recurrir a los servicios médicos convencionales, basados en la relación entre médico y paciente. Debemos aprovechar al mismo tiempo el uso generalizado de la tecnología entre los jóvenes para acelerar su acceso a información y apoyo para la salud mental, y desarrollar normas que tengan en cuenta su bienestar mental con el fin de crear tecnologías que brinden más apoyo.

La acción coordinada a nivel local y el intercambio de conocimientos entre ciudades son fundamentales para acelerar la adopción de soluciones cuya eficacia está demostrada: Escasean enormemente los modelos y métodos para integrar y medir la salud mental. La vía más prometedora para avanzar en este ámbito consiste en soluciones integrales basadas en el territorio y redes que operen a gran escala para apoyar la implementación local. Una red puede acelerar la integración de intervenciones en los ecosistemas de cada ciudad y, al mismo tiempo, encontrar oportunidades para aprovechar las mejores prácticas y las lecciones aprendidas en otras ciudades similares.

Los problemas de salud mental y de conducta son la principal causa de dificultades de adaptación entre los jóvenes. Obstaculizan la integración social y económica de más de mil millones de jóvenes en todo el mundo, pero la intervención temprana puede garantizar que las personas vulnerables reciban apoyo antes en sus vidas. La planificación urbana, los lugares de trabajo y las crisis de refugiados son ejemplos claros de ámbitos en los que integrar consideraciones de salud mental desde las primeras etapas del diseño reportará amplios beneficios.

Desde hace mucho, las ciudades han demostrado su disposición a impulsar políticas públicas innovadoras que serían poco realistas a escala nacional. Con el liderazgo adecuado de los sectores público y privado, es posible desarrollar apoyo asequible para la salud mental conectando servicios formales e informales de vivienda, transporte, aplicación de la ley, educación y salud. Los servicios accesibles de apoyo psicosocial pueden amortiguar los efectos de problemas urbanos actuales como la falta de vivienda, la pobreza y la pérdida de oportunidades educativas y laborales. Por tanto, las ciudades pueden abrir camino y acelerar la ampliación de las soluciones y catalizar la acción colectiva local para abordar las enfermedades mentales y mejorar la salud mental.

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