La alegría es distinta de la felicidad y a menudo se refiere a una amplia sensación de satisfacción con la vida.
Puede desencadenar cambios en nuestro cuerpo y en el cerebro, y algunas investigaciones sugieren que la capacidad de sentir alegría es genética.
Tres formas de incorporar la alegría a nuestra vida son la alimentación, la actividad física y la escritura.
La alegría es una emoción que muchos experimentan, pero que pocos comprenden. Suele confundirse con la felicidad, aunque su efecto en la mente y en el cuerpo es único.
La alegría no es solo una emoción pasajera: desencadena una serie de cambios fisiológicos y psicológicos significativos que pueden mejorar nuestra salud física y mental. Y, afortunadamente, hay muchas cosas sencillas que podemos hacer cada día para aumentar la intensidad de lo que sentimos.
La alegría es muy distinta de nuestras otras emociones. Está relacionada con lograr algo que hemos deseado durante mucho tiempo, cuyo resultado supera nuestras expectativas.
La alegría se refiere a menudo a una amplia sensación de satisfacción con la vida que aparece tras experimentar una sensación de asombro o admiración. Muchos de nosotros la asociaríamos mejor con sentirnos “bendecidos”. Mientras que la alegría se experimenta de forma natural, la felicidad suele buscarse.
Incluso la forma en que expresamos la alegría es diferente de nuestras otras emociones. La sonrisa que produce es distinta de la que esbozamos cuando estamos felices.
La alegría crea lo que se conoce como una sonrisa de Duchenne – una sonrisa involuntaria y genuina que llega a los ojos. Este tipo de sonrisa se asocia con una serie de beneficios, como mejoras en la salud física, una mejor recuperación tras una enfermedad y vínculos más fuertes con los demás.
La alegría también desencadena una serie de cambios en el cuerpo.
Cuando sentimos alegría, nuestra respiración se acelera, aumenta el ritmo cardíaco y el pecho y todo el cuerpo se sienten más cálidos. Estas sensaciones se deben a la liberación de adrenalina, que prepara el cuerpo para la acción y el movimiento, y nos hace sentirnos mentalmente más preparados para afrontar los retos de la vida. Estos cambios fisiológicos también se asocian con una mejora del estado de ánimo.
En el cerebro, la alegría activa varios focos de activación relacionados con el placer distribuidos por todo el cerebro. La sensación de alegría se extiende después a otras partes del sistema nervioso central a través de mensajeros químicos llamados neurotransmisores.
Existen muchos tipos diferentes de neurotransmisores, pero normalmente se liberan dopamina (asociada con el placer), serotonina, noradrenalina y endorfinas (los opiáceos naturales del organismo) cuando sentimos alegría.
Curiosamente, la alegría es a la vez un rasgo y un estado. Esto significa que, mientras algunos solo la experimentan como resultado de una situación alegre, otros tienen la capacidad de sentirla, es decir, son capaces de experimentar alegría independientemente de si se han encontrado con algo alegre.
Algunas investigaciones sugieren que esta capacidad es genética, y se estima que aproximadamente el 30 % de las personas tienen lo que se conoce como “plasticidad genética”. Esto significa que están influidas de forma desproporcionada por su entorno externo – y, tras aprender técnicas para inducir la alegría, puede que les resulte más fácil experimentarla. Así, su predisposición genética a las experiencias positivas puede traducirse en más alegría.
Pero que algunas personas puedan encontrar más fácil experimentar alegría no significa que no haya cosas sencillas que todos podamos hacer para aumentar nuestra experiencia de ella.
1. Alimentación
Compartir la comida con otras personas puede ayudarnos a experimentar más alegría – y no es solo porque estar en la compañía de otras personas aumenta nuestra experiencia de la alegría. El simple acto de compartir comida también puede despertarla. Por eso, las investigaciones demuestran que comer con otras personas puede potenciar lo que se conoce como florecimiento psicológico – el nivel más alto de bienestar.
Preparar la comida con amigos y familiares también puede estimular la alegría. Así que, si quieres añadir un poco más a tu vida diaria, quizá puedas salir a cenar con amigos o, mejor aún, organizar una cena en la que todos preparéis juntos la comida.
2. Actividad física
Que realmente experimentemos alegría mientras hacemos ejercicio depende en gran medida de las circunstancias que rodean la actividad física, más que de la actividad en sí.
Por ejemplo, cuando corremos con otras personas, tendemos a experimentar más alegría que cuando corremos solos.
Las investigaciones también demuestran que alcanzar un objetivo relacionado con el ejercicio que nunca creímos que fuéramos capaces de lograr puede llevarnos a la alegría.
Si quieres usar el ejercicio para aumentar la alegría en tu vida, intenta marcarte un reto que quieras conseguir y busca amigos que te acompañen en el camino para lograrlo.
3. Escritura
Otra forma sencilla de aumentar la sensación de alegría es escribir cómo te sientes.
En un experimento, los participantes que dedicaron 20 minutos al día a escribir sobre experiencias positivas intensas – como la alegría de ver regresar a casa a un familiar o de ver cómo tu hijo da sus primeros pasos – durante tres meses experimentaron mejores estados de ánimo en comparación con los participantes que escribieron sobre otros temas. Quienes escribieron sobre sus experiencias positivas también acudieron al médico con menos frecuencia durante el periodo de tres meses.
Aunque el experimento original pretendía volver a experimentar emociones positivas intensas (como el asombro, la inspiración o el amor), puedes optar en cambio por centrarte únicamente en la sensación de alegría.
Sin embargo, aunque la alegría es maravillosa de experimentar, no es la única emoción que encontraremos en la vida. Es importante intentar abrazar todas las emociones que sentimos, ya sea tristeza, ira, felicidad o alegría.



