El uso de teléfonos inteligentes y redes sociales se ha relacionado con un descenso del rendimiento académico y un aumento de los problemas de salud mental, según Jonathan Haidt, autor de La generación ansiosa.
Los adultos deberían tomarse un día de descanso de la tecnología cada semana, afirma, mientras que los niños necesitan escuelas sin teléfonos.
Haidt habló con Radio Davos del Foro durante la Reunión Anual de 2025. Escucha aquí o en cualquier aplicación de pódcast a través de este enlace. Mira la versión en vídeo.
«Casi todas las grandes verdades que nos dejaron los antiguos sobre cómo vivir mejor y convertirnos en mejores personas —“no juzgues y no serás juzgado”; “no te apresures a enfadarte, apresúrate a perdonar”—, la vida en línea, las redes sociales y la vida basada en el teléfono nos dicen que hagamos lo contrario».
Estas son las palabras de Jonathan Haidt, profesor de liderazgo ético en la Universidad de Nueva York y autor de La generación ansiosa: cómo la gran reconfiguración de la infancia está provocando una epidemia de enfermedades mentales.
En el pódcast Radio Davos del Foro Económico Mundial, Haidt describe su libro como «un intento de explicar por qué los estudiantes que empezaron mis clases universitarias y las de otros profesores en 2014-15 eran tan distintos de los millennials».
La generación ansiosa defiende que se mantengan los teléfonos inteligentes fuera de las escuelas, una idea que ha ganado impulso en todo el mundo desde que el libro se publicó hace un año.
Pero Haidt afirma que no solo los adolescentes sufren lo que él llama una adicción a esta tecnología.
«A la mayoría de nosotros nos han ido drenando la atención. Y, si no tienes atención, no vas a llegar muy lejos en la vida ni vas a hacer gran cosa», afirma Haidt.
¿Su solución? «Cambia tus hábitos diarios. Desactiva la mayoría de las notificaciones. Recupera tu atención».
Una forma de conseguirlo, dice, es reservar un «sabbat digital»: un día a la semana en que no se use la tecnología digital o se reduzca su uso al mínimo.
«Ayuda mucho tener una comunidad o, al menos, unos cuantos amigos que lo hagan contigo», añade Haidt. «Te darás cuenta de que estás mucho más dispuesto a mantener una conversación larga o a compartir una comida larga sin salir corriendo a consultar algo».
Estas son algunas de las otras ideas destacadas de la entrevista de Haidt en Radio Davos.
Teléfonos inteligentes frente a televisión: «la dosis hace el veneno»
Las nuevas tecnologías suelen ser recibidas con desaprobación por las generaciones mayores, preocupadas por su impacto en los jóvenes, pero, según Haidt, los teléfonos inteligentes han traído consigo un cambio sin precedentes.
Imaginen que cuando íbamos a la escuela nos dijeran: pueden traer su televisor, su videograbadora, su guitarra, lo que quieran. Tráiganlo y úsenlo en clase. Es una locura total. No podrían aprender nada. Y eso es lo que ha ocurrido desde 2012.
«La televisión es muy, muy distinta [de los teléfonos inteligentes]», afirma Haidt. «La dosis hace el veneno. Había niños que veían diez horas al día, y seguro que eso les hacía daño. Pero tú y yo probablemente veíamos entre una y tres horas al día y luego salíamos. No podíamos ver la televisión diez horas al día. Pero al pasar de un teléfono básico a uno inteligente, sí se puede. Y la mitad de los adolescentes de Estados Unidos dice que está en línea casi todo el tiempo».
«Imaginen que cuando íbamos a la escuela nos dijeran: pueden traer su televisor, su videograbadora, su guitarra, sus dibujos por números, Play-Doh, lo que quieran. Tráiganlo y úsenlo en clase. Es una locura total. No podrían aprender nada. Y eso es lo que ha ocurrido desde 2012».
Teléfonos inteligentes frente a rendimiento académico: 2012 fue un punto de inflexión
El rendimiento académico se ha desplomado desde 2012, cinco años después del lanzamiento del primer teléfono inteligente y aproximadamente cuando las ventas empezaron a acelerarse de verdad. Los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) muestran caídas del rendimiento en todas las asignaturas troncales.
Cuando las escuelas dejan de permitir teléfonos, todas dicen que vuelven a oír risas en los pasillos. Porque durante los últimos diez años, la mayoría de los niños se ha pasado el tiempo mirando hacia abajo.
«[Los resultados de PISA] subieron desde la década de 1970 hasta 2012, y luego empezaron a caer», afirma Haidt. «En respuesta, algunas escuelas —Francia fue la primera— dijeron: “Vamos a prohibir los teléfonos”».
«Cuando las escuelas dejan de permitir teléfonos, algo que está ocurriendo en todo el mundo, todas dicen que vuelven a oír risas en los pasillos. Dicen que el comedor vuelve a estar lleno de ruido. Porque durante los últimos diez años, la mayoría de los niños se ha pasado el tiempo mirando hacia abajo. Y esa es una de las principales razones por las que se sienten tan solos».
Teléfonos inteligentes frente a salud mental: un «colapso internacional instantáneo»
Este aumento de la soledad coincide con lo que Haidt describe como un «colapso internacional instantáneo» de la salud mental desde la llegada del teléfono inteligente. «[La situación] se descontrola», afirma. «No solo en Estados Unidos, sino también en Australia, Nueva Zelanda, Escandinavia y muchísimos países».
Tenemos que conseguir que nuestros hijos dejen de recibir tantos estímulos, porque cuando están estimulados durante la mitad del día, la otra mitad les resulta terriblemente aburrida. Los circuitos de la dopamina dicen: «Espera, ¿dónde están los estímulos?».
A sus ojos, la mejor respuesta está clara: «Lo más importante que pueden hacer por la salud mental de los adolescentes es seguir el ejemplo de Australia: elevar a 16 años la edad mínima para usar las redes sociales.
«Brasil va a prohibir los teléfonos [en las escuelas]. Indonesia dice que seguirá el ejemplo de Australia [y] elevará la edad [mínima para usar las redes sociales]. No han dicho cuál será, pero espero que sea 16 años».
Para Haidt, elevar los límites de edad es mucho más eficaz que ajustar los algoritmos para intentar proteger a los adolescentes en línea.
«Tenemos que conseguir que nuestros hijos dejen de recibir tantos estímulos, porque cuando están estimulados durante la mitad del día, la otra mitad les resulta terriblemente aburrida. Los circuitos de la dopamina dicen: “Espera, ¿dónde están los estímulos?”. Así que, básicamente, tenemos que reducir entre un 70 % y un 90 % el tiempo que los niños pequeños pasan en internet y frente a las pantallas».
Teléfonos inteligentes frente al lenguaje: elige bien tus palabras
Según Haidt, para animar a los niños a usar menos el teléfono, el lenguaje es clave para que la medida les resulte menos dolorosa.
«Lo que he observado es que aquí en Europa a la gente le encanta la palabra “prohibición”. Todo el mundo quiere hablar de esto como de una “prohibición de los teléfonos”. En cambio, en Estados Unidos no nos gustan las prohibiciones, salvo que sean absolutamente necesarias, así que lo llamamos “escuela sin teléfonos”. Es algo positivo, es una virtud; eso es lo que necesitamos: escuelas sin teléfonos».
Otra diferencia importante que conviene tener en cuenta es que un teléfono inteligente es muy distinto de un teléfono tradicional.
«Un teléfono inteligente no es un teléfono. Es un portal de entretenimiento múltiple», afirma Haidt. «Si todos los niños tuvieran un teléfono básico, no pasarían todo el día con él. Dirían: “Nos vemos a las tres en la pizzería”, y luego quedarían; sería estupendo».
Esto nos devuelve a la sabiduría antigua, que, según Haidt, transmite un mensaje claro: «Intenta calmar la cacofonía que zumba en tu mente. Siéntate en silencio y lograrás una armonía interior entre tu mente, tu espíritu y el mundo».
La armonía interior individual es una cosa, pero también hace falta algo más amplio para reducir algunos de los posibles efectos negativos que los teléfonos inteligentes y las redes sociales han tenido en todos nosotros.
«Este es un problema de acción colectiva», afirma Haidt. «Cuando intentas hacerlo por tu cuenta, es muy difícil. Necesitamos normas claras que todos podamos seguir, y no son tan difíciles si las aplicamos juntos. Estamos logrando avances increíbles».
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