¿Te crees a salvo en casa? Piénsalo de nuevo: 5 demonios domésticos a tener en cuenta

The “DEMON” at home: D - Device Addiction, E - Eye strain, M - Mental health problems, O – Obesity, N - Neck and Back pain.Image: Photo by Tran Mau Tri Tam on Unsplash
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  • Con más de la mitad de los adultos que trabajan experimentando ansiedad relacionada con su trabajo y con las modalidades de trabajo desde casa, Alisha Moopen, directora general adjunta de Aster DM Healthcare, identifica cinco peligros específicos de permanecer en casa.

  • El “DEMON” en casa comprende: D - Adicción a los dispositivos, E - Fatiga visual, M - Problemas de salud mental, O – Obesidad, N - Dolor de cuello y espalda.

  • Quienes están en confinamiento o aislamiento y trabajan o estudian desde casa deben abordar estos demonios antes de que los problemas se agraven hasta convertirse en retos de por vida.

A medida que la segunda ola de la pandemia de COVID-19 cobra fuerza en muchas partes del mundo, es evidente que la antigua normalidad se ha desvanecido y que se está instaurando una nueva normalidad. Esto se ha hecho patente con la llegada del modelo de trabajar desde casa, estudiar desde casa y socializar desde casa, siempre que sea posible.

Pero, mientras nos refugiamos en la seguridad de nuestros hogares, debemos mantenernos alerta, ya que la batalla aún no está ganada. Al contrario, existe una serie de peligros que acechan dentro de nuestras propias cuatro paredes, provocados por esta pandemia, que pueden afectar negativamente a nuestra salud. Estos peligros son el DEMON – Dependencia de dispositivos, Esfuerzo visual, salud mental, Obesidad, y Nuca y dolor de espalda – y, si no se controlan, pueden agravarse rápidamente hasta convertirse en retos de por vida.

1. Adicción a los dispositivos

Aunque el uso de dispositivos electrónicos ha permitido trabajar, estudiar y comunicarse con la familia y los amigos, el paso del mundo físico al mundo digital ha tenido un precio. Cada vez dependemos más de nuestras pantallas.

Desde Zoom (que superó los 300 millones de participantes diarios en reuniones en 2021) y Microsoft (cuyos usuarios de su paquete de productividad generaron más de 30 000 millones de minutos de colaboración en un solo día) hasta Netflix (que sumó casi 26 millones de suscriptores en el primer semestre de este año) y Google Classroom (cuyo número de usuarios se duplicó en comparación con el año anterior a medida que se extendían las cuarentenas), hemos pasado a depender de un reducido número de aplicaciones proporcionadas por estas empresas tecnológicas para garantizar el funcionamiento básico de nuestra vida.

«Nomofobia», o el miedo a estar sin un dispositivo móvil, se arraigó más en el vocabulario mundial durante 2020. En tales situaciones, una desintoxicación digital consciente y rutinaria, que consiste en desconectarse de los dispositivos inteligentes durante breves periodos, puede ser la solución.

Los efectos de la COVID-19 en la vida de los trabajadores.Image: Ipsos-Foro Económico Mundial

2. Fatiga visual

Una consecuencia directa de la adicción a los dispositivos y del aumento del tiempo frente a las pantallas es la fatiga visual, que puede derivar en problemas de visión. En el caso de los estudiantes, la llegada del aprendizaje en línea —que complementaba el tiempo ya dedicado a los videojuegos y al entretenimiento frente a las pantallas— se ha asociado a un aumento significativo de la probabilidad de desarrollar miopía o cortedad de vista. De hecho, la tasa de la miopía aumenta a escala mundial con una prevalencia entre los niños de 6 a 19 años estimada en torno al 40 % en Europa y Norteamérica, y aún mayor en Asia. Entre los adultos, el «síndrome visual informático» o fatiga visual digital es cada vez más frecuente, con síntomas como sequedad ocular, dolores de cabeza persistentes, visión borrosa o visibilidad reducida. Para evitarlo, conviene realizar revisiones oculares periódicas, hacer una pausa cada 20 minutos para mirar un objeto situado a 20 pies de distancia y reducir el tiempo frente a las pantallas siempre que sea posible.

3. Deterioro de la salud mental

El tercer problema —que ha sido ampliamente debatido— es el deterioro de la salud mental de muchas personas. El último año ha traído dificultades para todas las edades y grupos. Los estudiantes no han podido relacionarse físicamente con sus compañeros y profesores, y han sufrido una creciente ansiedad por su futuro. Muchas personas no han podido ver a sus padres ni a sus seres queridos. En el caso de los adultos que trabajan, más de la mitad a escala mundial ha experimentado ansiedad relacionada con la seguridad laboral y estrés debido a cambios en sus modalidades de trabajo. Los emprendedores también han tenido que introducir cambios significativos para intentar mantener a flote sus negocios.

Sin duda, el año pasado estuvo marcado por la turbulencia, ya que las preocupaciones y el temor por el futuro se han colado en nuestra realidad cotidiana. La Organización Mundial de la Salud prevé que la necesidad de apoyo en salud mental y psicosocial aumentará de forma considerable en los próximos meses y años. Por ello, es fundamental que las estrategias de autocuidado formen parte de la rutina diaria para proteger la salud mental y física. Entre las medidas sencillas y eficaces figuran mantener un ritmo diario, limitar la exposición a noticias negativas, centrarse en pensamientos positivos, establecer prioridades y mantenerse ocupado, además de seguir en contacto con los familiares.

4. Obesidad

La obesidad ya se había señalado como un problema mundial incluso antes de que se hicieran evidentes los mayores riesgos de la COVID-19. Diversos factores han contribuido al aumento de la obesidad, entre ellos los alimentos baratos y ricos en calorías, la dependencia de las pantallas, la transformación de la estructura de las comunidades que reduce o sustituye la actividad física, y el entretenimiento no físico barato. Con las cuarentenas y las directrices de permanecer en casa convertidas en la norma, se redujeron las oportunidades de salir de casa para hacer ejercicio y realizar actividades sencillas como caminar.

Pero, aunque quedarse en casa pueda haber sido seguro a corto plazo, a largo plazo corre el riesgo de agravar enfermedades como la diabetes y la hipertensión, lo que a su vez aumenta nuestra vulnerabilidad a la COVID-19. De hecho, hace solo unos años, más de 400 000 millones de dólares del gasto sanitario directo excesivo se debieron a la obesidad en Estados Unidos.

Para prevenir la obesidad, medidas sencillas como dormir 8 horas al día, hacer ejercicio con regularidad (aunque sea en casa), seguir una dieta equilibrada y saludable, evitar el tabaco y el alcohol, y reservar tiempo para relajarse y recargar energías pueden marcar la diferencia.

5. Dolor de cuello y espalda

El último reto es el dolor de cuello y espalda causado por las largas horas de trabajo en el despacho de casa. La falta de movimiento puede endurecer los músculos del cuello y la espalda, provocando dolor intenso e incomodidad. Si no se controla, puede derivar en un dolor permanente que obligue a acudir repetidamente a médicos y quiroprácticos para recibir tratamiento. Además, puede agravarse con puestos de trabajo improvisados que no siempre son adecuados para el trabajo regular a largo plazo. Algunas soluciones consisten en trabajar de pie como parte de la configuración del puesto, mediante mesas y soportes ajustables, invertir en una silla que ofrezca un buen apoyo lumbar y hacer pausas frecuentes para estirar brazos, cuello y espalda. Una pequeña pausa, quizá una vez por hora, marca la diferencia.

Dado que nos espera una situación prolongada, las personas deben reconocer el DEMON que acecha en sus hogares y mantenerse alejadas de él.

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