Los estudios han demostrado que la calidad de nuestras relaciones puede determinar lo sanos que estamos, lo bien que nos recuperamos de una enfermedad e incluso cuánto vivimos.
Sin embargo, se sabe poco sobre cómo afectan las relaciones al sueño. Esto es especialmente cierto en el caso de las personas jóvenes y solteras. Los adolescentes y los adultos jóvenes, en particular, por lo general no duermen la cantidad recomendada y refieren diversos problemas de sueño, como dificultad para conciliarlo y cansancio durante el día.
Los investigadores han comenzado a estudiar cómo afectan las relaciones con amigos y familiares al sueño nocturno, en particular entre adolescentes y adultos jóvenes.
Los resultados de nuestro estudio reciente con estudiantes de secundaria sugieren que, aunque nos acostemos solos, la compañía que tenemos durante el día puede determinar lo bien que dormimos por la noche.
Las relaciones románticas y el sueño
La mayoría de los estudios anteriores se han centrado en las parejas casadas y en los adultos.
En un estudio con 78 parejas casadas, la preocupación por la disponibilidad del cónyuge se relacionó con mayores dificultades para dormir.
En otro estudio, los investigadores pidieron a 29 parejas que llevaran un diario de sus experiencias cotidianas en la relación y de sus hábitos de sueño. Los días en que las mujeres referían interacciones más positivas con su pareja, dormían con mayor eficiencia. En otras palabras, pasaban durmiendo un porcentaje mayor del tiempo que permanecían acostadas.
Curiosamente, los hombres también dormían con mayor eficiencia cuando sus parejas referían experiencias más positivas en la relación.
Entre los estudiantes universitarios de Estados Unidos, una sensación general de seguridad en las relaciones con otras personas se relacionó con un sueño menos perturbado, independientemente de que los estudiantes tuvieran o no una relación estable en ese momento.
Los vínculos sociales en la universidad
En nuestra investigación, nos centramos en cómo afectan las relaciones platónicas en la universidad a la calidad del sueño de los estudiantes.
En un estudio, preguntamos a más de 900 estudiantes canadienses sobre su vida social durante el primer año de universidad.
Un año después, los estudiantes que habían declarado participar más en actividades sociales tenían menos problemas de sueño. Les costaba menos conciliar el sueño y mantenerse dormidos durante toda la noche.
Tener una vida social más activa y positiva durante el primer año de universidad propició una mejor gestión del estrés. Esto, a su vez, facilitó que los estudiantes conciliaran el sueño y siguieran dormidos durante toda la noche. Este patrón seguía presente en el tercer año de universidad.
También ocurría lo contrario: los estudiantes con menos problemas de sueño durante el primer año de universidad dijeron que, un año después, habían hecho más amigos y participado en más actividades sociales.
Resulta que dormir de forma óptima favorece nuestra capacidad para afrontar el estrés con eficacia. Esto, a su vez, nos permite relacionarnos más con los demás.
Amigos, familia y sueño en niños y adolescentes
Muchos estudios piden a los participantes que informen sobre su propio sueño. Pero ¿se sostienen esos datos cuando medimos objetivamente la calidad del sueño?
En un estudio reciente, hicimos un seguimiento durante tres días de los hábitos cotidianos de 71 jóvenes estadounidenses. Los estudiantes llevaban en la muñeca no dominante un dispositivo de seguimiento del sueño. Este dispositivo utiliza una técnica llamada actigrafía para registrar la actividad durante toda la noche. Así se eliminó el sesgo que implica basarse en lo que las personas cuentan sobre su propio sueño.
Medimos el total de horas dormidas, cuánto tardaban en conciliar el sueño después de acostarse y el porcentaje real del tiempo que pasaban durmiendo respecto del tiempo que permanecían en la cama. También pedimos a los participantes que indicaran cuánto tiempo pasaban interactuando cara a cara con amigos y familiares.
A los jóvenes les resultaba más fácil conciliar el sueño los días que pasaban más tiempo de lo habitual interactuando con amigos. En cambio, tardaban más en dormirse los días que pasaban más tiempo de lo habitual con la familia.
El tiempo que se pasa con la familia, sobre todo por la noche, puede incluir situaciones muy emotivas, como conflictos entre padres e hijos, tareas domésticas o conversaciones sobre lo ocurrido durante el día. Estas actividades familiares pueden retrasar después el inicio del sueño.
Nos interesaron especialmente las diferencias por edad en estas asociaciones. En cuanto a la eficiencia del sueño, los participantes más jóvenes no tenían las mismas experiencias que los de más edad.
Los adolescentes mayores —de más de 16,3 años— que pasaban varias horas cara a cara con su familia dormían con un 4 % más de eficiencia que quienes pasaban menos tiempo con ella. Sin embargo, el tiempo en familia no afectaba al sueño de los niños menores de 12,7 años.
Quizá los adolescentes mayores se beneficien más de pasar más tiempo con la familia debido al aumento de los problemas académicos y sociales, que pueden requerir más apoyo familiar.
Por su parte, los niños más pequeños que pasaban más tiempo con amigos dormían con un 6 % más de eficiencia que quienes pasaban menos tiempo con ellos. Puede deberse a que esta edad es una etapa crucial de transición, en la que los amigos pueden brindar apoyo emocional y facilitar el desarrollo de la identidad.
Cómo mejorar nuestro sueño
Los adolescentes deberían tener presente la importancia de sus amistades para su bienestar. En los niños preadolescentes, los adolescentes y los adultos jóvenes, los amigos ayudan a regular las emociones negativas y, por consiguiente, mejoran la calidad del sueño.
El sueño de mala calidad se ha relacionado con diversos problemas de salud mental y física, entre ellos la depresión y las enfermedades cardiovasculares.
Se debería animar a padres y docentes a crear entornos que favorezcan el desarrollo de amistades entre los jóvenes. Los profesionales de la salud también pueden comprender mejor la salud de los adolescentes evaluando los problemas en sus relaciones con amigos y familiares.



