Hay una crisis de salud mental en el emprendimiento. Así se puede abordar

Entrepreneurs work at their computer laptops at the so-called "incubator" of French high-tech start-ups "Numa" in Paris, France, in this March 11, 2016 file photo.
A recent study suggests that up to half of all entrepreneurs suffer from poor mental healthImage: REUTERS/Charles Platiau/Files
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Soy una de las 582 millones de personas, casi el 8 % de la población mundial, que han dedicado su vida al emprendimiento. Esto significa que durante la última década he estado en proceso de iniciar o dirigir mi propio negocio. Pero ¿qué implicaciones tiene esta identidad emprendedora para mi bienestar psicológico y para el bienestar de la comunidad mundial?

Se ha descrito al emprendedor como alguien que persigue una idea con pasión y creatividad, desde su concepción hasta su materialización, a raíz de una necesidad o un desafío detectado en el mercado. O, en palabras del icónico Steve Jobs: «Las personas lo bastante locas como para creer que pueden cambiar el mundo son las que lo hacen».

Referentes de opinión de todo el mundo, incluidos quienes se reunieron en Davos a principios de este año, reconocen el extraordinario valor que el emprendimiento aporta a la creación de empleo, el crecimiento económico y la comercialización de la innovación. El mayor conjunto de datos mundial sobre emprendimiento del Banco Mundial muestra un efecto positivo y estadísticamente muy significativo de las empresas emergentes en el PIB per cápita, las exportaciones en relación con el PIB, las patentes por población y la creación de empleo.

Solo en Estados Unidos, las empresas emergentes crean aproximadamente el 43 % de los nuevos empleos cada año, según los datos publicados por las Estadísticas de Dinámica Empresarial (BDS, por sus siglas en inglés) de la Oficina del Censo. La Administración de Pequeñas Empresas ha calculado que, entre 2000 y 2017, las pequeñas empresas crearon 8,4 millones de empleos netos nuevos, frente a los 4,4 millones de empleos creados por las grandes corporaciones. En 2015 había un total de 30,2 millones de pequeñas empresas, que representaban el 99,9 % de todas las empresas.

Aunque históricamente los conjuntos de datos se han centrado en el bienestar macroeconómico de las economías locales y mundiales, no han logrado medir el pernicioso impacto que los trastornos de salud mental tienen en el bienestar individual de los fundadores. Por fortuna, el enfoque del análisis del valor ha empezado a cambiar.

La crisis de salud mental en las empresas emergentes

Según el Dr. Paul Hokemeyer, experto en construcciones identitarias de élite: «Dado el extraordinario impacto que los emprendedores tienen en la economía mundial, es de vital importancia que gocen de una salud emocional y relacional óptima. Por desgracia, en el espíritu de nuestra época, en el que el agotamiento de los fundadores se considera un referente de excelencia emprendedora, no ha sido así».

Un estudio reciente del investigador de la Universidad de San Francisco Michael A. Freeman se centró en la crisis de salud mental que asola a los hombres y mujeres de la comunidad emprendedora, una crisis reconocida, pero abordada de manera ineficaz.

Según este estudio, aproximadamente la mitad (49 %) de los emprendedores padece al menos un trastorno de salud mental a lo largo de su vida. Entre ellos se incluyen el TDAH, el trastorno bipolar y diversos trastornos adictivos.

La investigación de Freeman ha demostrado que los fundadores de empresas emergentes tienen:

- El doble de probabilidades de sufrir depresión

- Seis veces más probabilidades de padecer TDAH

- Tres veces más probabilidades de sufrir abuso de sustancias

- Diez veces más probabilidades de padecer trastorno bipolar

- El doble de probabilidades de ser hospitalizados por motivos psiquiátricos

- El doble de probabilidades de tener pensamientos suicidas

Desde la experiencia clínica del Dr. Hokemeyer, estos hallazgos son, de hecho, conservadores: «En mi práctica clínica, observo que cerca del 80 % de los emprendedores lucha con diversos trastornos de la personalidad, como el narcisismo, el síndrome de la riqueza repentina y el síndrome del impostor».

«Estas afecciones no solo menoscaban la eficacia de los fundadores de empresas emergentes; también perjudican los proyectos que estos seres humanos sumamente inteligentes se han arriesgado a emprender, poniendo en juego su capital financiero, relacional, intelectual y emocional».

Al pedirle que explicara por qué pensaba eso, el Dr. Hokemeyer respondió: «A los emprendedores se les enseña a ignorar las necesidades cualitativas de su bienestar, que se miden en relaciones significativas y auténticas, satisfacción general con la vida y felicidad. El mensaje que han interiorizado de los emprendedores más célebres del sector es la anticuada máxima de “sin dolor no hay recompensa” y el pernicioso mensaje de que el éxito se mide exclusivamente en rendimientos cuantitativos, rentabilidad de la inversión y beneficios».

«Para estas personas sumamente inteligentes, los rendimientos cuantitativos prevalecen sobre las consideraciones cualitativas. Por desgracia, bajo este paradigma los emprendedores se derrumban y luchan por conciliar la conciencia interna de que su sufrimiento físico y emocional perjudica su rendimiento con la norma del sector, basada en una competitividad despiadada que ha definido este ámbito durante siglos».

Por fortuna, hay una solución. En la reunión de este año del Foro Económico Mundial en Davos, referentes de opinión y figuras destacadas como el príncipe Guillermo del Reino Unido, Bernard Tyson, director ejecutivo de Kaiser Permanente, y John Flint, director ejecutivo de HSBC, entre otros, han empezado a hablar de los problemas de salud mental desde una perspectiva terapéutica y sin estigmas. Pero, aunque la concienciación es importante, hacen falta medidas concretas para reducir al mínimo los riesgos para la salud mental y maximizar los beneficios sociales y culturales de las iniciativas emprendedoras.

Nuestro plan de acción

Para aprovechar el impulso de Davos, el Dr. Hokemeyer y yo hemos propuesto medidas concretas para mitigar el daño causado por el agotamiento de los fundadores y otros problemas de salud mental.

1. Eliminar el estigma: Los inversores deben predicar con el ejemplo y mostrar a los fundadores que está bien mostrarse vulnerables y hablar abiertamente de sus problemas de salud mental. La comunicación abierta y el apoyo a los fundadores pueden comenzar ya durante el proceso de diligencia debida de las empresas emergentes. Una excelente forma de que los inversores respalden esta iniciativa es suscribir el Compromiso de los inversores creado por Erin Frey y Ti Zhao. Se trata de un compromiso público para asumir un papel activo en materia de salud mental.

2. Recursos para el bienestar: La comunidad mundial de inversión debe cambiar de mentalidad y ampliar sus horizontes más allá de los indicadores financieros y otros indicadores clave de rendimiento, teniendo también en cuenta el bienestar mental y físico de su activo más importante: los fundadores. Que una empresa emergente haya recaudado 2 millones de dólares o más no significa que sus fundadores tengan los medios para buscar apoyo y ayuda. Es responsabilidad del inversor permitir que los fundadores destinen una fracción de la inversión a su bienestar personal.

3. Apoyo de los inversores: Los fondos de inversión deben incluir profesionales de la salud mental en su ecosistema organizativo, para que sirvan de apoyo y pongan en práctica estrategias de mejora y tratamiento cuya eficacia esté demostrada empíricamente, dirigidas a quienes lideran las empresas y administran las inversiones.

Dada la volatilidad del entorno geopolítico en el que los emprendedores se esfuerzan por crear valor social y económico, es de vital importancia que sus evaluaciones del éxito incluyan medidas cualitativas de salud mental, además de medidas cuantitativas del rendimiento financiero de la inversión. Para ello, como comunidad mundial debemos incorporar herramientas consolidadas, como WHOQOL para medir la salud psicológica y relacional de las personas y las comunidades.

Davos sentó las bases para esta ampliación. Ahora debemos llenar este escenario de activistas que amplíen los límites tradicionales de las evaluaciones, pasando de un enfoque puramente cuantitativo a una combinación de rendimientos cuantitativos y cualitativos.

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