Los trabajadores de las fábricas se enfrentan a una crisis de salud mental. Así podemos responder

Factory workers for H&M in Cambodia, December 2018.
'Sitting is the new smoking,' according to Harvard business schoolImage: Reuters/Samrang Pring
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La mala salud mental es uno de los mayores problemas a los que nos enfrentamos hoy. Para 2030, el coste para la economía mundial de todos los problemas de salud mental podría ascender a 16 billones de dólares. Sin embargo, rara vez se aborda el tema en el contexto de los trabajadores de las fábricas que ensamblan los productos que usamos a diario.

La mayoría de los trabajadores de fábricas en el mundo hoy son migrantes nacionales o internacionales. Su tiempo en la fábrica se caracteriza por condiciones laborales subóptimas, jornadas largas, espacio limitado para trabajar y vivir y, en algunos casos, acoso. Afrontan todas estas presiones mientras viven en un entorno extranjero. Estas condiciones podrían seguir empeorando a medida que las fábricas compiten por ofrecer la mano de obra más barata para competir con la automatización. Aunque los informes sobre trabajadores que se suicidan en fábricas han cesado en gran medida, la crisis de salud mental continúa. Sencillamente, no se habla de ella ni se mide con precisión.

Al situar a las personas en el centro de la toma de decisiones, recomendamos un enfoque de tres frentes para limitar y tratar esta crisis de salud mental.

Empatía

En este contexto, empatía significa diseñar soluciones que tengan en cuenta la percepción que los trabajadores tienen de su entorno. Datos recientes de Elevate, recopilados en 149 fábricas de China y representativos de más de 30.000 trabajadores de fábricas, muestran que los trabajadores que afirman que sus supervisores les gritan «a menudo» tienen tres veces más probabilidades de decir que deben repetir su trabajo que quienes dicen que sus supervisores les gritan «a veces».

Image: Elevate

Hay tres pasos clave para fomentar una mayor empatía en las fábricas:

1) Evaluar la comunicación actual. Empiece por preguntar: «¿Cómo se comunican los supervisores de las fábricas con los trabajadores? ¿Qué tono y lenguaje utilizan?». Los gritos, el lenguaje grosero y la comunicación despectiva o poco clara pueden disuadir a los trabajadores de hacer preguntas cuando no tienen claras las exigencias de calidad o cuando tienen una idea para mejorar la productividad.

2) Elaborar un plan de mejora. Una investigación de la Universidad Tufts muestra que intervenciones sencillas pueden tener un gran impacto. Los supervisores a quienes se pidió que imaginaran qué habían desayunado sus trabajadores tenían más probabilidades, al mostrarles datos sobre el maltrato verbal en las fábricas, de reconocerlo como un problema y decir que pensaban tomar medidas. Los datos recopilados de varias marcas en China muestran que las intervenciones de comunicación entre la dirección y los trabajadores se asociaron con una disminución del 15% en los niveles de estrés declarados por los trabajadores. Por su parte, la formación de Mattel pone especial énfasis en enseñar a los supervisores a sonreír más.

3) Medir los avances. Medir la empatía es un reto, pero preguntar a los trabajadores de las fábricas si se sienten cómodos hablando con sus supervisores es un buen punto de partida.

Salud y nutrición

A nivel empresarial, las compañías entienden que la nutrición influye en la productividad. Se habla menos de cómo mejorar la nutrición de los trabajadores de las fábricas puede mejorar los resultados de una empresa y contribuir a otras externalidades ambientales positivas. La nutrición desempeña un papel clave en los niveles de azúcar en sangre: se ha demostrado que las subidas y bajadas del azúcar en sangre afectan al autocontrol en una actividad determinada y al funcionamiento cerebral.

Better Work Cambodia, una iniciativa de la Organización Internacional del Trabajo, descubrió que el 67% de los gerentes de fábricas cree que la nutrición es el principal obstáculo para la productividad en su fábrica. Los resultados también muestran que la mayoría de los encuestados considera que las empresas y fábricas deberían participar en la respuesta a los retos relacionados con la nutrición, y un porcentaje significativo cree que los trabajadores no tienen acceso a información sobre nutrición y no siguen una dieta saludable. El estudio se realizó en 2011 en 27 fábricas del país, que empleaban a algo más de 34.000 trabajadores, lo que entonces representaba alrededor del 10% del sector.

Los propios trabajadores de fábricas también reconocen los beneficios de la nutrición. Según Elevate, cuando se les pregunta directamente qué apoyo adicional les gustaría recibir, el 22% señala que la formación en nutrición es una prioridad (según datos de 21.000 trabajadores de fábricas en 14 países).

Ejercicio y atención plena

En el ámbito médico está bien establecido que la salud mental está indisolublemente ligada a la salud física. Las implicaciones prácticas de la división del trabajo de Adam Smith hacen que, en última instancia, un mismo trabajador de fábrica realice una y otra vez una tarea hiperespecializada, probablemente durante al menos nueve horas al día y hasta siete días a la semana. En estas maratonianas jornadas, el cuerpo y la mente pueden volverse insensibles para sobrellevar la repetición de coser una manga a una chaqueta 400 veces al día o de unir dos piezas de 700 teléfonos.

A nivel empresarial, sabemos que se anima a los trabajadores a moverse cada 30 minutos para optimizar el rendimiento y a variar el contenido de su trabajo para potenciar la creatividad. Entonces, ¿por qué no hacemos lo mismo en las fábricas? Todos los trabajadores necesitan estirarse y cuidar su cuerpo para evitar tensiones y rendir al máximo. Muchas fuentes fiables, incluida la Escuela de Negocios de Harvard, afirman que «sentarse es el nuevo tabaquismo», y algunos trabajadores de fábricas, según su puesto o departamento, pueden pasar sentados todo el día, todos los días. Según los datos de Elevate, el 18% de los supervisores calcula que la rotación periódica de los puestos de los trabajadores mejoraría la productividad en la fábrica.

Green Mountain Coffee en Estados Unidos incorporó sesiones diarias de estiramientos con atención plena al inicio de cada jornada laboral para más de 5.000 trabajadores manuales en sus instalaciones de tostado, envasado y distribución. Gracias a estas prácticas, que se centran en las zonas del cuerpo donde suele acumularse tensión, GMC vio disminuir los índices de lesiones en toda la empresa.

A modo de anécdota, los trabajadores que participaron en el programa de estiramientos con atención plena afirmaron que sentían menos dolor al final del día y menos estrés al final de la semana.

Una situación beneficiosa para todos

Mejorar las medidas de apoyo a la salud mental de los trabajadores de fábricas no solo es lo correcto, sino también lo económicamente sensato, porque los trabajadores satisfechos producen artículos de mayor calidad, favorecen una mayor retención en las fábricas y, en última instancia, mejoran los resultados de las empresas. Con la puesta en marcha de la Cuarta Revolución Industrial, es más importante que nunca recordar a las personas que hay detrás de nuestros productos.

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