Emociones y memoria: aquí está el vínculo

A girl plays with a giant bubble as the sun sets at Moonlight Beach in Encinitas, California June 30, 2011. Picture taken June 30. REUTERS/Mike Blake (UNITED STATES - Tags: SOCIETY IMAGES OF THE DAY)
When we get emotional, the amygdala in our brain is stimulated.Image: REUTERS/Mike Blake
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Desde hace tiempo se sabe que experimentar emociones puede influir en lo bien que recordamos las cosas.

Investigadores de la Universidad de Nueva York han ampliado estos conocimientos y han encontrado pruebas de que reaccionar emocionalmente ante algo —como ver una escena triste en una película— también puede mejorar el recuerdo de algo que se ha visto, y que este impulso de la memoria podría durar hasta 30 minutos después de experimentar la emoción.

Esto contradice la teoría popular de que emocionarse puede, en realidad, volver borrosos los recuerdos.

Un grupo de 115 voluntarios participó en el estudio, que fue publicado el mes pasado en la revista Nature Neuroscience. Se los dividió en grupos y se les mostraron imágenes que provocarían una reacción emocional, seguidas de imágenes neutras al cabo de 10 a 30 minutos, o en el orden inverso. Seis horas después, los participantes realizaron una prueba sorpresa de memoria, en la que los investigadores les hicieron preguntas sobre las imágenes neutras para comprobar cuánto recordaban de ellas.

Los investigadores midieron las reacciones fisiológicas de los participantes mediante la conductancia de la piel. En las personas sanas, la piel conduce momentáneamente mejor la electricidad cuando experimentamos algo que provoca excitación fisiológica, por lo que los investigadores la monitorizaron para comprobar si los participantes experimentaban realmente el nivel de emoción necesario. Al mismo tiempo, utilizaron un escáner de resonancia magnética funcional para observar la actividad cerebral de los voluntarios.

Los investigadores querían averiguar dos cosas: primero, si las personas podían recordar mejor las imágenes neutras cuando se las mostraban antes o después de que las imágenes emocionales provocaran una reacción emocional; y segundo, si las regiones cerebrales que sustentan la memoria emocional estaban más activas y mostraban mayor conectividad en alguno de los dos casos.

Resultó que quienes vieron los estímulos emocionales antes de que se les mostraran las imágenes neutras tendían a recordarlas mejor.

Según la nueva investigación, cuando nos emocionamos, se estimula la amígdala del cerebro y el cuerpo suele secretar adrenalina. De algún modo, estos dos procesos actúan sobre el hipocampo, que es el centro de la función de la memoria, y agudizan nuestros recuerdos de ese período.

La Dra. Lila Davachi, autora principal del estudio y profesora asociada del Departamento de Psicología y del Centro de Ciencias Neurales de la Universidad de Nueva York, declaró que esto se debe a que la creación de recuerdos no depende únicamente del mundo que experimentamos externamente.

«[También] está muy influida por nuestros estados internos», dijo. «Estos estados internos pueden persistir y colorear las experiencias futuras».

Añadió que este tipo de «resaca emocional» influye en cómo asimilamos la información durante bastante tiempo después.

«La emoción es un estado mental», dijo Davachi. «Estos hallazgos dejan claro que nuestra cognición está muy influida por las experiencias previas y, en particular, que los estados emocionales del cerebro pueden persistir durante largos períodos».

Las imágenes de resonancia magnética apuntaban a esta explicación. Regiones cerebrales como la amígdala y el hipocampo anterior están relacionadas tanto con la memoria como con las emociones; se activaron más después de la respuesta emocional y siguieron activas hasta 30 minutos después.

Esto llevó al equipo a pensar que la influencia de las emociones en la memoria en estas áreas del cerebro puede persistir durante muchos minutos, como mostraron los resultados, aunque los efectos a largo plazo siguen siendo un misterio.

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