El aumento de las tasas de obesidad es un problema mundial, pero a menudo la atención se centra en los graves problemas de salud asociados con el sobrepeso peligroso. Se han estudiado menos sus efectos en la percepción social. En un nuevo artículo, «The Affective and Interpersonal Consequences of Obesity», el profesor de operaciones y gestión de la información de Wharton Maurice Schweitzer y la doctoranda de Wharton Emma E. Levine descubren que, en el entorno laboral, las personas con obesidad suelen ser consideradas menos competentes que las personas con un peso normal. El artículo se publicará próximamente en la revista Organizational Behavior and Human Decision Processes.
Este sesgo contra la obesidad existe incluso entre quienes tienen sobrepeso y podría tener amplias consecuencias para las oportunidades disponibles para las personas que padecen esta condición. En esta entrevista con Knowledge@Wharton, Schweitzer analiza los hallazgos y también la sorprendente manera en que, según él y Levine, las personas con obesidad pueden combatir el sesgo.
A continuación se ofrece una transcripción editada de la conversación.
Los costes sociales de la obesidad:
En Estados Unidos, en los últimos 50 años, las tasas de obesidad se han triplicado. Actualmente, el 68% de los estadounidenses tiene sobrepeso y un 30% de esas personas tiene obesidad. Gran parte de las investigaciones anteriores se han centrado en las consecuencias para la salud y en las consecuencias económicas para nuestro sistema sanitario. Se ha prestado mucha menos atención a los costes interpersonales y sociales. Mi investigación analiza cómo se discrimina a las personas con obesidad y cómo se las percibe de manera distinta en el entorno laboral. Se las discrimina de tal forma que vemos a las personas con obesidad como menos competentes que a las personas sin obesidad.
Conclusiones principales:
Una de las cosas que descubrimos es que existe un sesgo; es decir, podemos separar la competencia real de la competencia percibida y vemos que la gente juzga injustamente a las personas con obesidad.
La segunda cosa que descubrimos es que estas percepciones sociales son muy maleables. Pueden cambiar en función de factores como la calidez [personal] de alguien. Así pues, que alguien despierte simpatía o repulsión depende de cuán cálido se lo perciba.
«Podemos separar la competencia real de la competencia percibida y vemos que la gente juzga injustamente a las personas con obesidad».–Maurice Schweitzer
Conclusiones sorprendentes:
Primero, este sesgo se da tanto en hombres como en mujeres con sobrepeso. Segundo, descubrimos que incluso las personas con sobrepeso tienen prejuicios contra otras personas con sobrepeso. Y tercero, nos sorprende lo importante que es esta idea de la calidez; es decir, expresar los vínculos estrechos con la familia, los amigos y las mascotas. Cuando las personas expresan calidez, se las juzga como mucho más dignas de simpatía. También agradan mucho más. De hecho, estas expresiones de calidez podrían ser incluso más importantes que perder peso para cambiar la forma en que los demás nos perciben.
Mostrar calidez:
Creo que las dos implicaciones distintas de este trabajo se aplican tanto a quienes juzgan —como los gerentes que contratan y ascienden a personas— como a las personas que son objeto de ese juicio. Primero, como gerentes, queremos pensar en maneras de juzgar a los demás sin sesgos. Eso podría implicar cambiar la forma de entrevistar o ascender a las personas. En concreto, pienso en intentar que todo sea lo más objetivo posible: juzgar realmente a las personas por sus méritos objetivos y no mediante algún otro juicio global que pueda estar sujeto a sesgos.
El segundo conjunto de implicaciones se refiere a las propias personas, aquellas que son objeto del juicio. Cuando nos preocupa cómo nos juzgan los demás, mostrar calidez resulta muy importante. Transmitir el afecto que sentimos por nuestra familia, nuestros amigos y nuestros compañeros de trabajo realmente importa. Y descubrimos que importa especialmente en el caso de las personas con obesidad, que de otro modo podrían ser objeto de discriminación.
El punto de inflexión:
En nuestra investigación analizamos a personas de, básicamente, dos categorías. Centramos las comparaciones en personas de talla normal y personas con obesidad. Por normal, nos referimos a las estadísticas medianas de Estados Unidos. Por ejemplo, analizamos a mujeres que miden 5’4” y pesan 132 o 220 libras. En el caso de los hombres, analizamos a quienes miden 5’9” y pesan 168 o 243 libras. Esos pesos más altos se clasifican como obesidad.
Lo interesante es que descubrimos que estos efectos se daban con fotografías, lo que quizá resulte más intuitivo. Pero también se daban cuando solo presentábamos información escrita. Mostrábamos a las personas datos de currículums y solo podían ver cifras [de estatura y peso]. Aun así, tenían reacciones viscerales y emocionales ante la obesidad.
«Estas expresiones de calidez podrían ser incluso más importantes que perder peso para cambiar la forma en que los demás nos perciben».–Maurice Schweitzer
Desmontar percepciones erróneas:
Los prejuicios contra las personas con sobrepeso son distintos de los prejuicios contra otras categorías [de personas]. Por ejemplo, sabemos que existe discriminación por motivos de raza, etnia, religión y orientación sexual. Creo que el sesgo contra las personas con sobrepeso es particularmente pernicioso porque se considera aceptable. Twitter Es como si la gente pensara: «Elegiste tener sobrepeso. Infringiste esa ética protestante contraria a la gula y fue tu decisión». Por eso, las sanciones contra las personas con obesidad tienden a ser más explícitas y más aceptables socialmente que otras formas de discriminación que podríamos observar.
Combatir el sesgo:
Lo primero es ser conscientes de que este sesgo puede existir y reconocer que, al juzgar a otras personas, quizá juzguemos con más dureza a quienes tienen obesidad. En nuestra investigación encontramos un sesgo muy constante: se percibe a las personas con obesidad como menos competentes. Lo interesante es que, incluso cuando separamos la competencia real de la percibida, observamos una diferencia en los juicios. Es un sesgo. Y creo que lo primero que podemos hacer es reconocerlo. Puede haber un sesgo cuando juzgamos a otras personas.
Y, de nuevo, si somos gerentes, si contratamos o si ascendemos a personas, queremos pensar en recurrir todo lo posible a criterios objetivos. Así como, por ejemplo, hemos avanzado hacia procesos de contratación y ascenso más neutrales en cuanto al género, queremos considerar procedimientos del mismo tipo para juzgar a las personas por su talla y peso.
Quienes tenemos algo de sobrepeso debemos pensar no solo en los beneficios para la salud, sino también en los beneficios profesionales e interpersonales de perder peso, así como en la importancia de mostrar calidez. Es decir, los demás nos percibirán de otra manera si somos cálidos, si mantenemos relaciones estrechas y si hemos demostrado preocupación y cuidado por otras personas.
El efecto Chris Christie:
La noticia más evidente relacionada con esta investigación, o la que sin duda me viene primero a la mente, son las noticias sobre Chris Christie. Cuando quiso presentarse a la presidencia, hubo muchas noticias sobre su peso. De hecho, tengo aquí una cita de [un artículo de 2011 de] Michael Kinsley, de Bloomberg, en la que dice: «Miren, lo siento, pero el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, no puede ser presidente. Simplemente está demasiado gordo». El texto continúa, pero creo que la idea [es] que aceptamos este tipo de sesgo de una manera que no aceptaríamos si se tratara de discriminación racial, étnica o de otro tipo; sin embargo, nos parece mucho más aceptable cuando se relaciona con el peso.
Otros grupos que podrían verse afectados:
Fundamentamos nuestro trabajo en un modelo de contenido de los estereotipos, en el que examinamos cómo se percibe a los demás en dos dimensiones: calidez y competencia. Aquí analizamos a personas percibidas como poco competentes. Descubrimos que la obesidad es una de las señales que suscitan percepciones de baja competencia. Pero hay otras.
«Creo que el sesgo contra las personas con sobrepeso es particularmente pernicioso porque se considera aceptable».–Maurice Schweitzer
Por ejemplo, hay grupos como las personas mayores, a quienes también se percibe como poco competentes. Descubrimos que las personas percibidas como poco competentes pueden ser objeto de discriminación, pero esa percepción social es muy maleable y puede cambiar. Cuando esas personas —por ejemplo, las personas mayores— muestran calidez, se las percibe con mucha más simpatía que cuando se las percibe como frías.
Qué distingue a la investigación:
Nuestra investigación es la primera en situar las percepciones sociales de la obesidad dentro de un marco teórico más amplio. Este marco nos permite explorar cómo pueden cambiar las percepciones. Elaboramos predicciones comprobables y las pusimos a prueba para demostrar que factores como la calidez pueden modificar de forma predecible las reacciones que suscitamos: tanto las percepciones como las consecuencias conductuales que se derivan de ellas.
Próximos pasos:
Me interesa mucho cómo la apariencia de una persona influye en su percepción personal interna y en nuestras interacciones sociales. Me centro en la obesidad porque es un problema cada vez más extendido e importante en Estados Unidos y en el extranjero. Pero también me interesa cómo otros aspectos de la apariencia, como el atractivo físico, influyen en nuestras percepciones sociales.
En particular, también me interesa qué ocurre, por ejemplo, después de perder peso. Podemos imaginar a alguien que pierde peso mediante una intervención quirúrgica o con dieta y ejercicio: podríamos percibir a las personas de manera distinta según cómo hayan perdido peso y si lo han perdido.
Así que creo que, de cara al futuro, hay muchas preguntas que podríamos explorar provechosamente.
Este artículo se publica en colaboración con Knowledge@Wharton. La publicación no implica el respaldo del Foro Económico Mundial a las opiniones expresadas.
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Autor: Maurice Schweitzer es titular de la cátedra Cecilia Yen Koo de Operaciones y Gestión de la Información en la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania.
Imagen: Un hombre está sentado en un muro en el distrito financiero de Canary Wharf, Londres. REUTERS/Simon Newman


