Dormir mal una noche puede tener un efecto a corto plazo al día siguiente.
La interrupción prolongada del sueño se ha relacionado desde hace tiempo con la demencia y el alzhéimer.
Ahora, nuevas investigaciones muestran cómo las variaciones del sueño de una noche a otra pueden afectar a corto plazo a los síntomas de la demencia.
Probablemente todos hemos experimentado cómo dormir mal puede hacer que al día siguiente nos sintamos cansados e irritables y tengamos dificultades para concentrarnos. Pero, aunque una noche ocasional de mal sueño no repercute en nuestra salud, las investigaciones muestran que las alteraciones prolongadas del sueño predicen el deterioro cognitivo y también son un factor de riesgo de demencia. La alteración del sueño también es un síntoma conocido de la enfermedad de Alzheimer, un tipo de demencia.
Aunque sabemos que la falta de sueño se relaciona a largo plazo con la demencia y la enfermedad de Alzheimer, hasta ahora se desconocía en qué medida las variaciones del sueño de una noche a otra afectan a corto plazo a los síntomas de la demencia (por ejemplo, al día siguiente). Eso es lo que intentamos responder en nuestro estudio publicado recientemente.
Descubrimos que las variaciones del sueño de una noche a otra (como dormir demasiado o despertarse durante la noche) tenían un mayor efecto al día siguiente en algunos aspectos de la función cerebral (como la memoria y el estado de ánimo) en las personas con enfermedad de Alzheimer que en quienes presentaban deterioro cognitivo leve o ningún deterioro cognitivo.
Dificultades para dormir
Para realizar nuestro estudio, analizamos a 15 participantes con alzhéimer, ocho con deterioro cognitivo leve y 22 sin signos de deterioro cognitivo, a fin de comparar la relación entre el sueño y el funcionamiento diurno.
Durante dos semanas, los participantes registraron en un diario la calidad de su sueño y cuánto dormían. También utilizamos un monitor de actividad para registrar medidas objetivas del sueño, como cuánto dormían por la noche o cuánto tardaban en quedarse dormidos.
Para averiguar si el sueño de la noche anterior afectaba a su capacidad cognitiva, también llamábamos a los participantes cada mañana para evaluar aspectos como la capacidad de pensamiento y la memoria. Por ejemplo, se les pedía que contaran hacia atrás de siete en siete (capacidad de cálculo) o que recordaran una lista de palabras (memoria).
Además, durante una sesión telefónica diaria, los participantes completaban evaluaciones de su estado de ánimo (por ejemplo, qué tan alerta se sentían) y señalaban si habían tenido problemas de memoria (como olvidar una cita). Para asegurarnos de que los participantes con deterioro cognitivo o alzhéimer no olvidaran completar estas tareas, pedimos a sus cuidadores que les ayudaran a recordarlas. Los cuidadores también registraban los patrones de comportamiento diarios de los participantes.
Descubrimos que una mayor continuidad del sueño (despertarse menos veces durante la noche) solía favorecer el rendimiento diurno. Los participantes con alzhéimer estaban más alerta la noche siguiente y cometían menos errores de memoria durante el día. Tanto los participantes con alzhéimer como aquellos con deterioro cognitivo leve también presentaban menos problemas de comportamiento observables (como llorar, mostrar agresividad o hacer preguntas repetidas) al día siguiente de una noche de sueño más continuo.
Sorprendentemente, también descubrimos que, en todos los participantes, tuvieran o no deterioro cognitivo, una mayor continuidad del sueño se relacionaba en realidad con una menor capacidad de cálculo al día siguiente.
Estos resultados se mantuvieron incluso después de ajustar por otros factores que podrían influir en ellos, como el sexo, la edad y los años de educación. También excluimos a participantes con afecciones como ansiedad, depresión y trastornos del sueño, que afectan al sueño y a la capacidad cognitiva y, por tanto, podrían haber influido en los resultados.
Una buena noche de sueño
Aunque nuestro estudio fue pequeño, los resultados parecen coincidir con lo que han demostrado otras investigaciones: existe un nivel óptimo de sueño para algunas funciones cognitivas. Es probable que ese nivel óptimo varíe de una persona a otra.
Aunque nuestro estudio no examinó por qué la continuidad del sueño era importante para el funcionamiento del día siguiente, un posible mecanismo, propuesto por otras investigaciones, sostiene que el sueño ayuda a eliminar del cerebro la acumulación de depósitos de amiloide (un tipo de proteína). Si el sueño profundo y continuo no elimina suficientes depósitos de amiloide del cerebro, estos pueden agruparse y formar placas en áreas cerebrales relacionadas con la memoria y la función cognitiva. Las placas de amiloide también son uno de los rasgos distintivos de la enfermedad de Alzheimer.
Sin embargo, aún no está claro por qué una mayor continuidad del sueño se relacionó con un peor rendimiento en la tarea de cálculo. Es posible que, como la tarea se realizó por la mañana, los participantes estuvieran experimentando la inercia del sueño (aturdimiento y deterioro cognitivo que se sienten justo después de despertarse). Para descartar los efectos de la inercia del sueño, habría que realizar más investigaciones y programar las evaluaciones a distintas horas del día.
Los resultados de nuestro estudio también deben interpretarse con cautela, dado que analizamos a un número reducido de participantes, aunque las pruebas repetidas a cada persona supusieron, en conjunto, unas 500 oportunidades para recopilar datos. Será importante realizar estudios más amplios para comprobar si nuestros resultados pueden reproducirse.
En el futuro, también nos gustaría medir las ondas cerebrales y otras señales fisiológicas, como la temperatura corporal y los movimientos oculares. Esto nos ayudará a determinar mejor cuánto tiempo pasan las personas en las distintas fases del sueño, como el sueño de ondas lentas y el sueño de movimientos oculares rápidos, que, según se ha demostrado, son importantes para el aprendizaje y la memoria. Esto nos ayudará a entender mejor qué tipo de sueño es más importante para el funcionamiento diurno.
Aunque será importante que los investigadores sigan estudiando esta cuestión, nuestra investigación da un primer paso para mostrar hasta qué punto incluso una sola noche de sueño es importante en relación con los síntomas de la demencia. Esto podría significar que es posible optimizar cuánto tiempo pasa en la cama y durmiendo una persona con demencia para mejorar sus síntomas.



