La vacunación está vinculada a una reducción significativa del malestar psicológico asociado con la COVID-19, según revela un nuevo estudio.
El Cuestionario de Salud General, diseñado para evaluar el estrés, la ansiedad y la felicidad, se utilizó para medir el bienestar mental de adultos residentes en el Reino Unido.
Los beneficios de la vacunación para el bienestar mental se concentraban en gran medida en los grupos de mayor edad y clínicamente vulnerables, que suelen estar más preocupados por contraer el virus, afirman los investigadores.
Los considerables beneficios para la salud física de las vacunas contra la COVID-19, en particular la importante reducción del riesgo de enfermedad grave, hospitalización y muerte a causa del virus, son bien conocidos.
¿Y qué hay de los beneficios de la vacunación para la salud mental? ¿Ayuda la vacunación a reducir el malestar psicológico asociado con la COVID-19? Y, de ser así, ¿cuán importantes son sus efectos positivos?
Supusimos que la vacunación contra la COVID-19 sería beneficiosa para el bienestar mental de las personas, ya que podría reducir la ansiedad relacionada con la COVID (al menos, en lo que respecta a la salud propia).
En un nuevo estudio, con datos de miles de adultos del Reino Unido, hemos demostrado que la vacunación está vinculada a una reducción significativa del malestar psicológico asociado con la COVID-19.
Para comprender los beneficios de la vacunación para la salud mental, comparamos el bienestar mental de las personas que habían recibido la vacuna (una o dos dosis) con el de quienes no la habían recibido. Utilizamos datos del Estudio Longitudinal de Hogares del Reino Unido, una amplia encuesta anual de hogares que recopila información muy diversa sobre adultos residentes en el Reino Unido. Nos centramos específicamente en los datos recogidos entre enero y marzo de 2021.
La medida del bienestar mental utilizada en este estudio fue el Cuestionario de Salud General. Consta de una escala de 12 ítems diseñada para evaluar el estrés, la ansiedad y la felicidad.
Un problema de comparar sin más el bienestar mental de ambos grupos (quienes se habían vacunado y quienes no) es que puede haber diferencias importantes entre ellos. Esto podría llevarnos a atribuir a la vacunación diferencias en el bienestar mental de los grupos que, en realidad, podrían deberse a otros factores.
Para abordar este posible problema, emparejamos cuidadosamente ambos grupos, de modo que las personas vacunadas fueran muy similares a las no vacunadas, por ejemplo, en características como la edad.
La encuesta también incluía una variable que indicaba si las personas estaban dispuestas a vacunarse, lo que nos permitió emparejar ambos grupos según su disposición a recibir la vacuna. Esto podría ser importante, ya que quienes rechazan la vacuna, por ejemplo, debido a una menor confianza en el Gobierno, podrían tener desde el principio un menor nivel de bienestar.
Nuestros resultados indican que, para el grupo de personas vacunadas, la vacunación produjo una gran reducción del malestar psicológico.
Para comprender la magnitud de este efecto estimado, lo comparamos con el efecto estimado de otros acontecimientos vitales importantes en el bienestar mental (según otros estudios). El beneficio para el bienestar del grupo vacunado equivalía aproximadamente a entre la mitad y dos tercios de los beneficios para el bienestar mental asociados con pasar del desempleo al empleo a tiempo completo.
Diferencias entre grupos de edad
Cabe señalar que, aunque algo menos de la mitad de las personas encuestadas en nuestra muestra estaban vacunadas, debido al despliegue gradual de las vacunas contra la COVID-19, ese grupo también era el que tenía más probabilidades de correr riesgo de infectarse por COVID-19.
Dicho esto, contábamos con un número considerable de personas vacunadas en todos los grupos de edad.
Analizamos si los beneficios de la vacunación para el bienestar mental variaban entre distintos grupos. En concreto, comparamos los beneficios estimados para las personas de nuestra muestra que estaban por debajo de la edad media (mediana) de 56 años con los de quienes superaban esa edad. También comparamos a las personas clasificadas como «clínicamente vulnerables» (con mayor riesgo de sufrir daños a causa de una infección) con quienes no lo eran.
Descubrimos que los beneficios de la vacunación para el bienestar mental se concentraban en gran medida en los grupos de mayor edad y clínicamente vulnerables. Nuestra explicación es que, sin vacunación, la ansiedad por contraer la COVID-19 sería especialmente intensa en este grupo.
Por otro lado, al analizar los grupos más jóvenes que no eran clínicamente vulnerables, encontramos pocas pruebas de que la vacunación mejorara sustancialmente su bienestar mental.
Quizá convenga señalar que, pese al éxito general de la campaña de vacunación contra la COVID-19 en el Reino Unido, los grupos más jóvenes son los más propensos a expresar reticencia a vacunarse.
Nuestros hallazgos pueden ayudar a explicarlo. En el caso de los jóvenes, es posible que no se vacunen principalmente porque no perciben beneficios para su propio bienestar (sopesados frente a los posibles costes), y no necesariamente porque siempre sean reticentes a vacunarse.



