Durante toda la pandemia se han llevado a cabo investigaciones para evaluar su impacto en la salud mental de los niños del Reino Unido.
La proporción de niños de 6 a 16 años con probables trastornos de salud mental aumentó de uno de cada nueve en 2017 a uno de cada seis tanto en 2020 como en 2021.
Necesitamos urgentemente una respuesta coordinada para promover la salud mental de los niños y jóvenes, escriben los autores.
La COVID-19 ha alterado la vida de los niños y jóvenes hasta hacerla irreconocible. Durante toda la pandemia se han llevado a cabo investigaciones para evaluar el impacto en la salud mental de los jóvenes, pero gran parte de ellas son de baja calidad y, por tanto, potencialmente engañosas.
Por ejemplo, un proyecto mundial, colaborativo y en constante actualización, DEPRESSD, ha buscado investigaciones publicadas en revistas académicas o como prepublicaciones en plataformas consolidadas. El proyecto ha revisado los títulos y resúmenes de casi 74.000 estudios sobre salud mental y, cabe destacar, ha encontrado solo 170 con suficiente rigor. Algunos, aunque no todos, apuntan a aumentos de la ansiedad, la depresión y los problemas de conducta, así como a factores que ponen en riesgo la salud mental, como dormir mal, hacer menos actividad física y la soledad.
Aquí recopilamos los resultados de las investigaciones más rigurosas que contribuyen a comprender el impacto de la COVID-19 y las consiguientes restricciones de salud pública en la salud mental de niños y adolescentes del Reino Unido. El formato y el enfoque de algunas de estas investigaciones —por ejemplo, las disponibles únicamente en portales gubernamentales o de investigación, o los datos reales de derivaciones— hacen que no figuren en la revisión de DEPRESSD, pero todas son de alta calidad.
Deterioro de la salud mental
La Encuesta inglesa sobre la salud mental de niños y jóvenes (MHCYP) y sus encuestas de seguimiento apuntan a un deterioro de la salud mental de los jóvenes. Se observó que la proporción de niños de seis a 16 años con probables trastornos de salud mental había aumentado de uno de cada nueve en 2017 a uno de cada seis tanto en 2020 como en 2021.
Este deterioro se observó en todos los grupos de edad, géneros y grupos étnicos. Los niños de familias que afrontaban problemas económicos o inseguridad alimentaria o tenían progenitores con mala salud mental declararon tener peor salud mental.
Los niños y jóvenes reaccionan de manera diferente y también afrontan distintos retos, lo que explica en parte que los estudios puedan arrojar resultados contradictorios. Por ejemplo, un estudio de 1.000 jóvenes de 13 a 15 años del suroeste de Inglaterra no observó cambios en la depresión, pero sí una reducción de los síntomas de ansiedad entre octubre de 2019 y mayo de 2020, al analizar a todos los adolescentes participantes.
Sin embargo, al dividir la muestra entre adolescentes que declaraban tener ansiedad o depresión significativas antes de la pandemia y quienes no presentaban esas dificultades, los jóvenes que declaraban tener mala salud mental estaban mucho mejor en mayo de 2020 que cuando se les contactó por primera vez. Los niños que se sentían menos vinculados a la escuela que sus compañeros declararon un aumento de la ansiedad cuando las escuelas reabrieron en septiembre de 2020.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en materia de salud mental?
El cierre de las escuelas afectó con especial dureza a algunas familias. Algunos niños y jóvenes pasaron hambre, recibieron clases insuficientes o no recibieron ninguna, y apenas tuvieron comunicación con su escuela, o ninguna. Una encuesta a padres del Reino Unido realizada por la organización benéfica educativa Sutton Trust reveló que el 34% de los niños y jóvenes dedicaba dos horas o menos al día a aprender durante el primer confinamiento.
Una investigación en Glasgow mostró que las familias que afrontaban problemas como inseguridad económica, violencia doméstica o problemas de salud mental preexistentes corrían un mayor riesgo de caer en círculos viciosos de angustia creciente. En cambio, las familias sin esas dificultades, sobre todo si podían trabajar desde casa y disponían de recursos suficientes para apoyar la educación en el hogar, a menudo afirmaban que sus inquietudes iniciales se disiparon rápidamente y que valoraban el tiempo adicional que pasaban juntas.
Dificultades en la escuela
La cantidad de tareas escolares que los jóvenes pudieron completar durante el cierre de las escuelas dependió de la capacidad de sus padres para apoyar su aprendizaje. Alrededor de uno de cada diez padres declaró no disponer de dispositivos, como tabletas u ordenadores, para apoyar la educación a distancia. Esta cifra aumentó considerablemente en los hogares monoparentales. El acceso deficiente a la educación a distancia se asoció con una peor salud mental.
Estos resultados sugieren que deberíamos evitar en la medida de lo posible el cierre de las escuelas. El rendimiento académico no es el único motivo de preocupación. La escuela es el lugar donde muchos niños entablan relaciones con sus compañeros y desarrollan sus habilidades sociales, especialmente porque la mayoría vive en familias nucleares pequeñas. Cuando sean necesarios, deberíamos ayudar a las familias más vulnerables a crear burbujas seguras de cuidado infantil que permitan pasar tiempo fuera del hogar familiar.
Otra preocupación concreta es el enorme aumento de las derivaciones de urgencia y emergencia de jóvenes con trastornos alimentarios. A esto se suma un aumento menor, pero aún significativo, de las derivaciones ordinarias notificado por NHS England.
Las fluctuaciones de la salud mental no sorprenden en un momento de crisis mundial. Sin embargo, los trastornos de salud mental que comienzan en la infancia suelen persistir durante años. Los niños pagan un alto precio en su desarrollo mientras los problemas de salud mental afectan a su capacidad para desenvolverse.
Los servicios de salud mental infantil y juvenil ya tenían dificultades para atender la demanda antes de la pandemia. Las políticas para mejorar la prestación de servicios solo han tenido un éxito parcial. Necesitamos urgentemente una respuesta coordinada para promover la salud mental de niños y jóvenes en todos los servicios que trabajan con niños y familias.


