No será posible satisfacer con métodos tradicionales la creciente demanda de servicios de salud mental derivada de la pandemia.
Pese a las reservas que aún tienen algunos profesionales clínicos, ahora hay pruebas claras de la eficacia de la telepsiquiatría.
Podría convertirse en la primera fase de una revolución en la forma de prestar servicios de psiquiatría.
La pandemia de COVID-19 ha alterado de manera sin precedentes la prestación de atención médica. En el Reino Unido, esto ha obligado al Servicio Nacional de Salud (NHS) a reaccionar con rapidez y adoptar tecnologías de telesalud, algo a lo que se había resistido durante mucho tiempo. Esta resistencia persistía pese al plan a largo plazo del NHS de «abrir una «puerta de entrada» digital al servicio de salud» para permitir que los pacientes accedieran a los servicios a distancia, pese a las investigaciones que indican que la implantación de tecnologías digitales de salud podría ahorrar al NHS 7.500 millones de libras (9.700 millones de dólares) al año, y pese a la Revisión Topol sobre tecnologías digitales en el NHS, que identificó la telemedicina, las aplicaciones para teléfonos inteligentes y la monitorización remota como prioridades del NHS.
En psiquiatría, los principales cambios han sido la adopción de videoconferencias y el apoyo telefónico. La familiaridad y escalabilidad de estas opciones las convierten en un paso lógico para prestar atención cuando el contacto presencial implica un riesgo elevado. Aunque las tecnologías más recientes ofrecen mucho más que estas opciones relativamente limitadas, esta adaptación de los servicios representa un cambio significativo en la forma de prestar atención clínica y podría abrir la puerta a formas más avanzadas de psiquiatría digital en la era posterior a la COVID.
Antes de la COVID-19, la telepsiquiatría en el Reino Unido se limitaba a pequeños proyectos piloto dirigidos por equipos o fundaciones de salud mental (proveedores de atención) particularmente innovadores. Ahora hay abundantes pruebas sobre la eficacia clínica, viabilidad, validez, fiabilidad, satisfacción y coste de la telepsiquiatría (el Laboratorio de Psiquiatría de Precisión de Oxford ha resumido esta bibliografía y ofrece una guía clara para los profesionales clínicos que ejercen la telepsiquiatría). Las investigaciones sobre la terapia telefónica indican que hay una diferencia mínima con respecto a la terapia presencial en cuanto a la naturaleza de la interacción (alianza terapéutica, empatía, atención, participación y revelación de información). No está claro cómo se traduce esto en resultados positivos más amplios; sin embargo, en muchos casos, prestar atención psiquiátrica a distancia debería ser más sencillo que ofrecer psicoterapia completa.
Pese a estos hallazgos, históricamente los profesionales clínicos se han resistido a utilizar la telepsiquiatría debido a la preocupación por la afinidad, la alianza terapéutica, la seguridad y las limitaciones tecnológicas, así como a la percepción de que faltaban pruebas. Como ocurre con el uso más extendido de cualquier intervención o con cualquier cambio en la forma de prestar atención, es necesario evaluar continuamente su calidad, seguridad y eficacia. En particular, habrá que entender cómo optimizar su uso para distintos subgrupos de pacientes. Algunos pacientes quizá no puedan participar de esta manera; por lo general, serán los más vulnerables, como las personas con enfermedades mentales más graves o estilos de vida caóticos, así como quienes presentan un alto nivel de riesgo.
El acceso también se verá afectado por factores socioeconómicos y relacionados con la edad; este año, en el Reino Unido, solo el 70 % de las personas mayores de 55 años y menos del 70 % de las personas desempleadas y de quienes trabajan en empleos de baja cualificación tienen un teléfono inteligente. Sin una planificación cuidadosa, este avance tecnológico podría aumentar las desigualdades en la prestación de atención médica. Es necesario sopesar los costes y beneficios a largo plazo de la telepsiquiatría frente a la atención tradicional y comprender plenamente los posibles riesgos.
Pese a estas consideraciones, todo indica que la telepsiquiatría llegó para quedarse como parte integral de la atención de salud mental en un mundo posterior a la COVID-19. La dependencia generalizada actual de esta nueva modalidad ha contribuido a generar confianza entre profesionales clínicos y pacientes, y ha subrayado su importancia.
No será posible satisfacer por medios tradicionales el aumento previsto de la demanda de servicios de salud mental. El Reino Unido ya está registrando un rápido aumento de los problemas de salud mental notificados, y quienes ya tenían peor salud mental y habían experimentado las tendencias más negativas antes de la pandemia de COVID-19 son, en general, quienes más se han visto afectados. Por tanto, harán falta enfoques novedosos. Adoptar nuevas tecnologías para las muchas personas con necesidades de atención menos graves podría mejorar la calidad de la atención que reciben y liberar tiempo de consulta presencial para quienes no pueden participar por medios digitales. Las videoconferencias podrían facilitar el contacto entre pacientes y profesionales clínicos de grupos minoritarios y fortalecer la afinidad; ciertos grupos de pacientes podrían preferir la seguridad que ofrece el acceso remoto a un profesional clínico; y las personas con movilidad reducida (quienes viven en entornos institucionales) podrían acceder mejor a la atención.
Además de las videoconferencias básicas, la telepsiquiatría podría complementarse con sistemas de apoyo a la toma de decisiones que ayuden al diagnóstico y ofrezcan opciones de tratamiento, así como con aplicaciones (dispositivos vestibles, aparatos de monitorización e internet de las cosas) que permitan a un profesional clínico observar a distancia cambios en el estado mental de un paciente y ponerse en contacto con él cuando sea necesario. Esto podría prevenir crisis de salud mental y permitir responder rápidamente a la falta de respuesta al tratamiento o a los efectos adversos de los medicamentos. En última instancia, los enfoques combinados de atención digital y presencial, guiados por las preferencias de los pacientes, probablemente sean los más eficaces. Los enfoques integrados pueden ayudarnos a volver a centrarnos en los principios fundamentales de la atención médica, a menudo olvidados: confianza, conexión y empatía.
Los avances en psiquiatría digital permitirán que más pacientes accedan a más tratamientos de salud mental. La telepsiquiatría podría ser la primera fase de una revolución más amplia en psiquiatría, que permita que la atención, mediante la tecnología, sea más preventiva, receptiva y empática ante las necesidades de la población.


