Las comunidades en redes sociales y los recursos en línea pueden ayudar a los jóvenes a encontrar conexión social y apoyo entre pares.
Mientras averiguan qué apoyo hay disponible en línea, los padres deben cultivar una relación de confianza con sus hijos y hablar con ellos de forma directa y abierta sobre la salud mental, así como sobre otros aspectos de la salud y el bienestar, incluidas las señales de alerta de suicidio o autolesión.
Con el aumento del tiempo que se pasa en línea durante la pandemia de COVID-19 y una mayor ansiedad generalizada, se insta a padres y profesionales de la salud a trabajar junto con los jóvenes para entender cómo este espacio puede apoyar la salud mental de los jóvenes.
Para los padres que ya están preocupados por la actividad de sus hijos en las redes sociales, la «infodemia» de desinformación y la dependencia aún mayor de los teléfonos durante la pandemia de COVID-19 no harán sino aumentar la ansiedad. A estos desafíos se suma la falta de experiencia colectiva que podría ayudar a los padres a decidir qué pautas adoptar para proteger la salud de sus hijos en línea.
Como miembros del Consejo Global del Futuro sobre Tecnología para la Salud Mental del Foro Económico Mundial, integrado por 22 personas, nos hemos centrado en los jóvenes (de 5 a 25 años) y el suicidio: cómo detectar los riesgos y qué respuestas podrían ser posibles, especialmente con ayuda de la tecnología. La COVID-19 brinda una oportunidad particular y plantea la necesidad de cambiar el enfoque de la tecnología y la salud mental, pasando del miedo a las posibilidades.
Existe una preocupación generalizada de que la rápida adopción de nuevas tecnologías haya agravado el riesgo de autolesión y suicidio, sobre todo entre los jóvenes. En cambio, a muchos de quienes trabajamos en salud mental nos intriga la posible influencia positiva de las redes sociales y hasta qué punto, si se gestionan bien, sus efectos positivos pueden superar con creces los negativos. Los jóvenes, incluidos muchos marginados en sus entornos locales (por ejemplo, quienes sienten atracción por personas del mismo sexo, tienen ansiedad social, son autistas o presentan otras dificultades de comunicación), pueden encontrar una comunidad en línea de una forma que no estaba al alcance de la generación de sus padres. Los jóvenes acuden al entorno digital para encontrar conexión social, información fiable, ayuda de sus pares y apoyo para sí mismos; además, se podrían ofrecer servicios de mayor calidad a quienes nunca han recibido ayuda.
Algunos jóvenes tienen un riesgo superior al promedio de sufrir problemas de salud mental, como resultado de una discapacidad o una enfermedad crónica de cualquier tipo, problemas familiares, pertenecer a un grupo minoritario o estar aislados por el idioma o la ubicación. El riesgo de sufrir problemas de salud mental haaumentado durante la COVID-19. Para muchos de nosotros, especialmente para los jóvenes, el mundo en línea puede ser un vínculo positivo con otras personas que atraviesan una situación o dificultad similar.
En nuestra experiencia como investigadores, hemos visto que las intervenciones de apoyo a los padres —sin insinuar que tengan la culpa— pueden ser eficaces para fortalecer la resiliencia de sus hijos. También hemos visto que incluir tanto a los jóvenes como a sus padres en la planificación de investigaciones sobre diversos tipos de intervenciones de salud mental puede aumentar considerablemente el valor de los resultados de esas investigaciones.
Los padres, incluidos los pertenecientes a grupos minoritarios, a menudo se sienten aislados y pueden sentirse abandonados por los servicios cuando buscan orientación o ayuda para su hijo o hija. En cambio, quizá encuentren en línea información sobre la vida familiar y vínculos con grupos de pares que reduzcan los sentimientos de culpa y vergüenza y ofrezcan consejos prácticos. Sitios web como Inspire y ReachOut Australia ofrecen ayuda a los jóvenes que también puede ser útil para los padres; también hay consejos dirigidos específicamente a los padres.
La pandemia ha generado aún más recursos para ayudar a los padres a gestionar su salud mental y bienestar, así como los de sus hijos, durante este período sin precedentes; entre ellos, los de la OMS y UNICEF.
Cómo afrontar el riesgo de suicidio
Sin embargo, cualquier padre que piense que su hijo adolescente corre un peligro inminente de suicidio debe llamar al número local de emergencias o a una línea telefónica de prevención del suicidio. A los padres no les resulta fácil aceptar que su hijo adolescente o adulto joven corre riesgo de suicidarse. Entre las señales de alerta podrían figurar:
Hablar o escribir sobre el suicidio;
Alejarse del contacto social;
Querer abandonar la escuela o los estudios;
Tener cambios de humor intensos;
Aumentar el consumo de alcohol o drogas;
Sentirse atrapado o sin esperanza ante una situación;
Cambios en la rutina habitual, incluidos los hábitos de alimentación o sueño;
Hacer cosas arriesgadas o autodestructivas;
Regalar sus pertenencias sin motivo;
Presentar cambios de personalidad o sentir ansiedad intensa o agitación al experimentar algunas de las señales de alerta mencionadas anteriormente.
El principal consejo que damos a los padres es que cultiven una relación de confianza con sus hijos, para que tengan el valor de acudir a ellos pronto si están pensando en autolesionarse o suicidarse. Es falsa la idea de que preguntar directamente a las personas podría incitarlas a autolesionarse. Un estudio del Centro Nacional Noruego para la Prevención del Suicidio muestra que no es así. Al contrario, los jóvenes responden favorablemente cuando se les da la oportunidad de hablar abiertamente de sus pensamientos más oscuros sobre una posible autolesión o el suicidio. Lo más habitual es que primero compartan esta apertura con un familiar o un amigo de confianza. Hablar con alguien de una línea de ayuda SOS o con personal sanitario puede ser un siguiente paso muy útil.
Presta atención a tu hijo adolescente. Pídele que hable de sus sentimientos, escúchalo y no los desestimes. Recuérdale que lo quieres. Hazle saber que estás dispuesto a ayudarlo pase lo que pase y que es muy querido. Háblale con sinceridad sobre la incertidumbre que rodea este período extraño y difícil que estamos viviendo y sobre cómo puede manifestarse en forma de ansiedad, pero asegúrale que el contacto virtual con otras personas puede ayudarlo a superarlo.
Puedes estar dispuesto a conectarte en línea con tu hijo o adolescente para explorar las posibles soluciones y las distintas formas de conexión social. También puede ser útil mantener una actitud abierta a compartir y aprender de las experiencias de otros padres y adolescentes que han pasado por momentos difíciles. Busquen juntos la mejor ayuda clínica o médica disponible.
Muchos suicidios de adolescentes se pueden prevenir. Los adolescentes quieren que les preguntes cómo están. No tengas miedo de preguntar y buscar ayuda, y de mantenerte en contacto con los jóvenes durante estos momentos tan difíciles.
Apoyo más allá de la COVID-19
¿Qué más se puede hacer para reforzar el apoyo a los padres preocupados por los problemas de salud mental o el riesgo de conducta suicida entre los jóvenes, y cómo podemos hacer más «normal» expresar esta preocupación y brindar apoyo durante la pandemia y después?
A medida que los padres y otras personas hablen más entre sí, cara a cara y en línea, este proceso se normalizará. A medida que los profesionales de la salud y de la salud mental aprendan más sobre el mundo digital y la pandemia transforme nuestra forma de interactuar en él, estarán mejor preparados para orientar a los jóvenes y a sus padres sobre la ayuda disponible y las formas de reducir los daños.
Los profesionales de la salud deben hablar más sobre el valor de mejorar la salud mental, del mismo modo que los oímos hablar, junto con los defensores de la comunidad, del valor de la buena condición física. Deben convencer a sus colegas y comunidades de que todos podemos tomar medidas para mejorar nuestras capacidades emocionales y cognitivas, y de que los profesionales de la salud pueden brindar ayuda eficaz en momentos de angustia mental. Deben colaborar con los responsables de formular políticas para garantizar que el apoyo a la salud mental, en todos los niveles de atención, se incorpore a los paquetes de asistencia y a los cambios en las políticas y los incentivos sistémicos derivados de la COVID-19.



