Ha transcurrido un año desde que un agente de policía de Minneapolis asesinó a George Floyd.
En Estados Unidos, los hombres negros tienen aproximadamente 2,5 veces más probabilidades de morir a manos de la policía que los hombres blancos.
Además de causar pérdidas de vidas trágicas, los expertos han afirmado que los efectos de las muertes a manos de la policía también pueden generar un efecto expansivo en la salud mental y física de los estadounidenses negros.
Ha transcurrido un año desde que el asesinato de George Floyd a manos de un agente de policía de Minneapolis desencadenó las mayores protestas de la historia de Estados Unidos y un ajuste de cuentas nacional con el racismo.
Más allá de las protestas, cada muerte a manos de la policía –de hecho, cada acto violento de la policía contra civiles– puede tener consecuencias dolorosas y generalizadas.
Cada año, la policía estadounidense mata a unas 1.000 personas, lo que equivale a aproximadamente el 8 % de todos los homicidios de hombres adultos. Este riesgo es mayor para los hombres negros, que tienen aproximadamente 2,5 veces más probabilidades de morir a manos de la policía que los hombres blancos.
Los efectos de estas muertes se extienden desde la víctima individual hasta sus familias y comunidades locales, que deben afrontar la permanencia de las lesiones, la muerte y la pérdida. Las personas víctimas de la policía han presentado tasas de depresión superiores a lo habitual, angustia psicológica y incluso riesgo de suicidio.
Pero el sufrimiento no se detiene ahí.
La investigación en salud pública que llevo a cabo con mi equipo de investigación en la Universidad de California, Berkeley revela que el daño causado por las muertes de personas negras a manos de la policía va más allá de las personas y lugares directamente implicados en estos incidentes, y afecta a estadounidenses negros lejos del lugar de la muerte, que quizá nunca hayan conocido a la víctima.
Las pruebas demuestran que muchos estadounidenses negros de todo el país viven las muertes de otras personas negras a manos de la policía como experiencias traumáticas, y que este trauma reduce la capacidad de las comunidades negras para prosperar.
El efecto expansivo
Uno de los estudios clave que ilustran este efecto expansivo de las muertes a manos de la policía en la salud mental de los estadounidenses negros fue publicado en la revista médica The Lancet en 2018.
Investigadores de la Universidad de Boston encuestaron a 103.710 personas en Estados Unidos para medir la relación entre las muertes a manos de la policía y la salud mental de los estadounidenses.
Entre los encuestados, cada muerte relacionada con la policía de una persona negra desarmada en el estado en que vivían se asociaba con un aumento del número de días en los que informaban de una mala salud mental relacionada con el estrés, la depresión o problemas emocionales.
Los autores estimaron que el impacto acumulado de las muertes de personas negras desarmadas a manos de la policía en Estados Unidos podría sumar hasta 55 millones de días adicionales de mala salud mental para los 44 millones de personas negras de Estados Unidos.
Las muertes de personas negras armadas a manos de la policía no provocaron la misma angustia entre los estadounidenses negros. Y los estadounidenses blancos no sufrieron días adicionales de mala salud mental, tal como lo definieron los investigadores, tras la exposición a muertes a manos de la policía, independientemente de las circunstancias o la raza de la víctima.
Los autores plantearon la hipótesis de que los patrones históricos e institucionales de violencia sistemática y dirigida contra las personas negras, combinados con la falta general de consecuencias legales cuando los agentes de policía cometen tales delitos, hacen que las muertes de personas negras desarmadas resulten especialmente estresantes para los estadounidenses negros.
“El racismo, como el trauma, puede experimentarse de forma vicaria”, concluyeron.
Un estudio de 2021 corrobora los hallazgos de la Universidad de Boston sobre la salud mental.
Tras revisar los registros de ingresos en urgencias de 75 condados de cinco estados de Estados Unidos, los investigadores comprobaron que, en los tres meses posteriores a una muerte a manos de la policía de una persona negra desarmada en el condado en el que residen, los estadounidenses negros acudieron a los servicios de urgencias locales por síntomas depresivos un 11 % con más frecuencia que en otros meses.
Traumas prenatales e infantiles
Las mujeres negras experimentan un miedo intenso a que la policía haga daño a sus hijos. Quienes expresaron creencias de que los jóvenes negros corren un mayor riesgo de tener experiencias negativas con la policía tenían 12 veces más probabilidades de presentar síntomas de depresión durante el embarazo que otras mujeres, según un estudio de 2017.
La depresión durante el embarazo puede aumentar los riesgos de problemas de salud tanto para la madre como para el hijo, incluidos los recién nacidos con bajo peso al nacer o parto prematuro, ambos causas principales de mortalidad infantil. La depresión durante el embarazo también expone a las madres recientes a un mayor riesgo de depresión posparto, lo que puede afectar negativamente su capacidad para criar a sus hijos.
Las muertes a manos de la policía también pueden dañar directamente la salud mental de los jóvenes de color. Según el estudio de Brendesha Tynes de 2019, la exposición a vídeos virales de muertes a manos de la policía se asocia con síntomas de depresión y trastorno de estrés postraumático entre los adolescentes de color.
Efectos en la salud
Las muertes a manos de la policía y otros encuentros negativos con agentes crean un clima de miedo en las comunidades negras que pasa factura física a los residentes.
Por ejemplo, las prácticas policiales agresivas pueden provocar miedo y una vigilancia excesiva entre los estadounidenses negros que, en niveles elevados, están asociados con la hipertensión arterial. Un equipo de investigación con sede en la ciudad de Nueva York descubrió en 2016 que, en los barrios donde la policía aplicaba la invasiva práctica de “parar y registrar”, los residentes tenían más probabilidades de sufrir no solo hipertensión arterial, sino también diabetes, crisis de asma y sobrepeso.
Un estudio de 2016 realizado en 75 áreas metropolitanas de Estados Unidos reveló que la muerte a manos de la policía de una persona negra en la zona el año anterior se asociaba con un aumento del 7,5 % en las tasas locales de sífilis y un aumento del 4 % en las tasas de gonorrea. Quizá, sugieren los autores, porque el estrés psicológico asociado conduce a conductas sexuales de mayor riesgo. El temor a un encuentro con la policía y la desconfianza hacia las instituciones también podrían llevar a las personas de estas zonas a evitar los servicios médicos.
La violencia policial en un barrio determinado también se relaciona con una menor confianza en el gobierno, una menor participación electoral y tasas de criminalidad más altas. Reduce la percepción de los residentes sobre su capacidad para unirse y controlar lo que ocurre en su barrio.
La actuación policial vista como racismo
Muchas personas que viven en barrios con una fuerte presencia policial consideran los encuentros negativos con la policía como formas de discriminación o racismo, y ambos están científicamente documentados como factores que empeoran la salud de las personas negras.
“La gente entiende que este sistema está lleno de todo tipo de desigualdades e injusticias, y que el sesgo implícito y el racismo abierto están incrustados en la forma en que se lleva a cabo la actuación policial en este país”, afirmó Opal Tometi, cofundadora de Black Lives Matter, en una entrevista reciente con The New Yorker. Equivale a “una guerra contra la vida negra”.
En última instancia, el impacto acumulado de una actuación policial perjudicial puede desgarrar el tejido social de los barrios negros y privar a las personas negras y a sus comunidades de los recursos sanitarios y sociales que necesitan para llevar una vida saludable.


