Esta es una historia de esperanza. El deterioro constante de la salud mental en todo el mundo —y el daño personal, económico y social que está causando— puede parecer un problema demasiado grande para resolver. Pero no lo es, y este es el año en que debemos empezar juntos a cambiar el rumbo, comenzando en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial.
En 2006, junto con otros 11 psiquiatras, me esforzaba por brindar apoyo en salud mental a una población de 14 millones de personas en Zimbabue. A modo de comparación, los Países Bajos tienen 17 millones de habitantes y 4.000 psiquiatras.
Al menos uno de cada cuatro de mis compatriotas padece una afección de salud mental diagnosticable; Zimbabue atraviesa dificultades económicas y más del 70 % de la población vive por debajo del umbral de pobreza. A corto plazo, no era viable ofrecer un servicio tradicional de apoyo a la salud mental, con recursos y personal suficientes. Para brindar la ayuda inmediata que teníamos el deber de proporcionar, debíamos probar algo distinto. A veces, cuando no queda más remedio que buscar con los ojos y los oídos bien abiertos, encuentras justo delante lo que estás buscando.

Ambuya utano, o abuelas de la comunidad, ya eran figuras respetadas y de confianza en sus comunidades; muchas ofrecían atención domiciliaria y educación sanitaria. Nuestra sencilla idea consistió en capacitar a estas abuelas para desarrollar las habilidades que ya tenían, de modo que pudieran ofrecer terapia conversacional centrada en la resolución de problemas a personas con ansiedad, depresión y otros problemas de salud mental. El espacio neutral y acogedor que creamos para esta terapia, basada en un enfoque práctico de terapia cognitivo-conductual, fue el Banco de la Amistad.
Sentadas juntas en un Banco de la Amistad, en un rincón tranquilo del recinto de un centro de salud, nuestras abuelas de la comunidad escuchan y dedican tiempo a abordar los problemas que podrían estar causando o agravando la salud mental de una persona, proponen posibles soluciones y acuerdan un plan de acción
La primera conversación tiene tres elementos: abrir la mente (kuvhura pfungwa), elevar el ánimo (kusimudzira) y fortalecer (kusimbisa). Cada sesión, de 30 a 45 minutos, se desarrolla a lo largo de cuatro a seis semanas y se basa en la anterior: explora los obstáculos y acuerda cómo avanzar, sin centrarse nunca en un diagnóstico médico ni en tratamientos que la mayoría no podría costear.
Y funciona. Los niños volvieron a la escuela. Las madres y los padres encontraron trabajo. Una evaluación clínica independiente concluyó que el Banco de la Amistad estaba demostrando ser un tratamiento más eficaz para la depresión y la ansiedad que los tratamientos médicos o las terapias clínicas convencionales.

Hoy, 400 abuelas ayudan a 35.000 personas en 70 bancos repartidos por Zimbabue, y hay proyectos piloto en marcha en varios países, con planes para ampliar el proyecto a todo el mundo.
Actualmente hay más de 600 millones de personas mayores de 65 años en el mundo. Para 2050, habrá 1.500 millones de personas de 65 años o más. ¿Se imaginan que pudiéramos crear una red mundial de abuelas capacitadas que brindaran apoyo en salud mental en Bancos de la Amistad en todas las ciudades del mundo?
Llevamos el Banco de la Amistad a Davos como ejemplo para los líderes mundiales de uno de los muchos programas sencillos pero probados que, con financiación suficiente, podrían mejorar la salud mental de millones de personas. Como embajador de United for Global Mental Health, animaré a los líderes en Davos a sentarse conmigo en el Banco de la Amistad, a llenarse de esperanza con el éxito de las abuelas zimbabuenses y a unirse para hacer de 2019 el año de actuar en favor de la salud mental.


