Vivir un desastre, como la COVID-19 o las graves inundaciones, puede provocar una serie de problemas de salud mental, como ansiedad y depresión.
Estos pueden ser a corto plazo, pero la exposición acumulada a múltiples desastres puede tener un efecto único, según escribe un experto en respuesta a desastres y emergencias.
Para evitar el agotamiento y la pérdida de resiliencia frente a futuros desastres, necesitamos mejorar las estrategias de apoyo emocional y material en la sociedad.
También necesitamos políticas, planes y legislación en materia de salud mental que apoyen a los más vulnerables en tiempos difíciles.
Muchos de nosotros estaremos expuestos a un desastre a lo largo de nuestra vida. Solo en los últimos dos años, los australianos han vivido incendios forestales, inundaciones, ciclones, y la actual pandemia de COVID-19.
Es normal experimentar una serie de reacciones tras un desastre, como tristeza, ansiedad, depresión, hiperactividad, irritabilidad o incluso ira.
La buena noticia es que la investigación nos indica que la mayoría de las personas se recuperará sin necesidad de ayuda profesional. Solo un pequeño número de personas que experimentan un desastre desarrollará problemas de salud mental a largo plazo.
Pero la exposición a más de un desastre puede tener un costo único.
Exposición acumulada a desastres
Ahora empezamos a comprender los efectos de estar expuesto a múltiples desastres. En Estados Unidos, las personas que sufrieron tanto el huracán Katrina en 2005 y el derrame de petróleo de Deepwater Horizon en 2010 presentaban un aumento significativo de ansiedad y de trastorno de estrés postraumático (TEPT) que quienes habían sufrido solo uno de los desastres.
Los problemas de salud mental fueron motivo de gran preocupación tras el derrame de petróleo de Deepwater Horizon; mayores niveles de alteración en la vida, el trabajo, la familia y la participación social de las personas se asociaron con un aumento de los síntomas de ansiedad, depresión y estrés postraumático.
Las personas que también habían sufrido pérdidas por el huracán Katrina presentaban una fuerte asociación con resultados negativos en salud mental. Quienes sufrieron ambos desastres también tenían más probabilidades de referir enfermedades respiratorias, problemas cardíacos, fatiga, dolores de cabeza y migrañas.
Las mujeres expuestas tanto al huracán como al derrame de petróleo, y que sufrieron enfermedades o lesiones a causa del huracán, tenían más probabilidades de presentar una peor salud mental en comparación con la población general.
Mientras tanto, los residentes de Nueva York expuestos tanto a los atentados del 11-S como al accidente del vuelo 587 de American Airlines ocurrido en Nueva York dos meses después presentaban peor salud mental y salud general si estaban expuestos a ambos desastres en comparación con uno solo. Esto se cumplió tanto para quienes tuvieron una exposición directa (incluido el trabajo en el rescate o con supervivientes) como indirecta.
¿Qué causa este efecto acumulativo?
Una posibilidad es que experimentar múltiples desastres influye en nuestra sensación de seguridad, protección e incluso en nuestra esperanza en el futuro, lo que aumenta el impacto negativo en la salud mental.
Otras investigaciones sugieren que el estrés social y económico persistente asociado a la exposición acumulada a desastres ayuda en parte a explicarlo.
Posibles mecanismos biológicos también deberían explorarse.
Los síntomas de salud mental derivados de la exposición a un desastre también podrían aumentar la vulnerabilidad y erosionar la resiliencia, haciéndonos más susceptibles a los efectos de desastres posteriores.
¿Otro desastre más nos ‘llevará al límite’?
¿Existe un límite para la resiliencia? ¿Existe un punto en el que otro desastre más nos lleve al límite?
Según George Bonanno, catedrático de psicología clínica de la Universidad de Columbia en Nueva York, hay muy pocas pruebas al respecto.
Y la capacidad de resiliencia probablemente depende de una variedad de factores propios de cada persona y de su experiencia.
Sin embargo, Bonanno establece una distinción entre los acontecimientos traumáticos puntuales y los acontecimientos de estrés crónico. Sostiene que los acontecimientos de estrés crónico, como la pandemia de COVID-19, nos desgastan. Con el tiempo, nuestra capacidad de adaptación empieza a deteriorarse.
Exposición acumulada a desastres y desigualdad
Aunque faltan investigaciones publicadas sobre los efectos de la exposición acumulada a desastres en personas de entornos desfavorecidos, sí sabemos que las personas con menos recursos tienen más probabilidades de vivir en zonas más vulnerables a los desastres naturales, así como en viviendas menos protegidas frente a los riesgos de desastre.
Además, suelen tener peor salud física y mental desde el principio.
Por tanto, la carga de la exposición acumulada a desastres, y sus efectos en la resiliencia, podría ser peor para las personas en situación de desventaja.
¿Cómo ha contribuido el Foro Económico Mundial a impulsar una respuesta más eficaz ante los desastres naturales y las crisis humanitarias?
¿Qué podemos hacer?
Podemos ayudar a desarrollar resiliencia frente al impacto de los desastres acumulativos mejorando las estrategias de apoyo emocional y material.
Las estrategias de apoyo emocional se centran en reducir el estrés y transformar comportamientos inadaptados para ayudar a reducir los problemas emocionales, sociales y de salud.
Las estrategias de apoyo material pueden incluir políticas que garanticen a los supervivientes de desastres un acceso fácil y oportuno a los recursos adecuados. También necesitamos políticas, planes y legislación en materia de salud mental que garanticen la atención y el apoyo a los más vulnerables y marginados.



