Una de cada seis personas adultas del Reino Unido sufrió algún tipo de problema de salud mental, ansiedad o depresión este verano.
Se han actualizado las directrices del Reino Unido sobre el tratamiento y el manejo de la depresión para priorizar las alternativas a la medicación.
Se ofrecerá terapia cognitivo-conductual a los pacientes con depresión menos grave.
La COVID-19 ha dejado a muchas personas luchando por gestionar su salud mental, y eso ha llevado a algunos gobiernos a replantearse el tratamiento de la depresión y la ansiedad.
Mientras que los trayectos diarios al trabajo se convirtieron, para algunas personas, en desplazamientos entre el dormitorio y la cocina, y la incertidumbre laboral generó estrés y ansiedad en otras, la pandemia puso la salud mental en el centro de atención, con datos de Estados Unidos y del Reino Unido que muestran un aumento de los casos de depresión.
Ante el aumento de personas que sufren, el Instituto Nacional para la Excelencia en la Salud y la Atención (NICE, por sus siglas en inglés) del Reino Unido actualizó sus directrices sobre cómo tratar y gestionar la depresión por primera vez en 12 años. La nueva guía pone el foco en la elección del paciente y recomienda tratar a quienes presentan «depresión menos grave» con terapia, ejercicio, mindfulness o meditación antes que con antidepresivos. También defiende el uso de la terapia cognitivo-conductual, o TCC.
Alrededor del 17 % de las personas adultas del Reino Unido sufrió algún tipo de depresión este verano, según la Oficina Nacional de Estadística (ONS), frente al 10 % antes de la pandemia, siendo los jóvenes y las mujeres los más propensos a verse afectados.
La terapia cognitivo-conductual es la mejor opción para la depresión leve
El uso de los fármacos como tratamiento ha aumentado, con un 23 % más de pacientes en Inglaterra que recibieron una receta de antidepresivos en el tercer trimestre de 2020-2021 en comparación con el mismo trimestre de 2015-2016, según datos del NHS. La situación es similar en Estados Unidos, con un aumento sostenido en el uso de recetas de antidepresivos, según el Informe sobre tendencias de fármacos de 2020.
«No utilice antidepresivos de forma rutinaria para tratar los síntomas depresivos subumbrales persistentes o la depresión leve», afirman las directrices del NICE. «La relación entre riesgo y beneficio es deficiente.»
La terapia cognitivo-conductual (TCC), tanto en grupo como individual, figura entre las principales opciones de tratamiento para la depresión menos grave en las directrices del NICE. Esta forma de terapia se centra en cómo interactúan los pensamientos, las creencias, las actitudes, los sentimientos y el comportamiento, y enseña habilidades de afrontamiento para abordar las situaciones de forma diferente, según las directrices.
«A diferencia de otros tratamientos basados en la conversación, la TCC se ocupa de sus problemas actuales, en lugar de centrarse en los asuntos de su pasado», según el NHS señala. «Busca formas prácticas de mejorar su estado de ánimo a diario.»
Un programa de TCC suele consistir en una sesión con un terapeuta una vez a la semana o una vez cada dos semanas, según el NHS. El paciente trabaja con el terapeuta para desglosar los problemas en áreas como los pensamientos, las sensaciones físicas y las acciones, y trabaja para convertir los aspectos negativos en positivos.
«La terapia cognitivo-conductual puede ser tan eficaz como la medicación para tratar algunos problemas de salud mental, pero es posible que no tenga éxito ni sea adecuada para todas las personas», afirma el NHS.
La TCC puede completarse en un periodo de tiempo relativamente corto en comparación con otras terapias, puede llevarse a cabo en grupo y puede enseñar estrategias prácticas que se pueden aplicar en múltiples situaciones, según el NHS.
Aun así, el NHS señala que requiere la cooperación del paciente, la disposición a asistir a las sesiones y a realizar cualquier trabajo adicional, y que es posible que no sea adecuada para personas con necesidades complejas de salud mental.
«Algunos críticos también sostienen que, dado que la TCC solo aborda los problemas actuales y se centra en cuestiones específicas, no aborda las posibles causas subyacentes de los trastornos de salud mental, como una infancia infeliz», afirma el NHS.
La salud mental en el lugar de trabajo
Es necesario cambiar la forma en que tratamos la salud mental, ya que la pandemia agravó el estrés que siente mucha gente. Los empleados de todo el mundo informan de un aumento de los niveles de ansiedad y de problemas físicos de salud, según una encuesta del Foro Económico Mundial.
En respuesta, las empresas están incorporando a directores de salud y directores médicos en sus consejos de administración para garantizar que se priorice el bienestar de la plantilla. A menudo exmédicos, su labor puede abarcar desde estrategias de trabajo desde casa hasta la gestión del agotamiento. El Foro Económico Mundial ha puesto en marcha una nueva comunidad de directores de salud y directores médicos para compartir las mejores prácticas y comprender dónde deben destinarse mejor las inversiones.
Lo que está claro es que una mayor concienciación sobre la salud mental ha llegado para quedarse, al igual que las diversas formas de ayudar a las personas. Establecer una relación de confianza y trabajar de forma abierta, atractiva y sin juicios son claves, según las directrices preliminares del NICE.
«Explorar las opciones de tratamiento en un ambiente de esperanza y optimismo», afirma el NICE. «Explicar los distintos cursos de la depresión y que la recuperación es posible.»



