Cazadores de mentes: cómo la neurotecnología puede resolver la crisis de salud cerebral

German chancellor Angela Merkel visits the section for measuring brainwaves at the new research center for dementia diseases, DZNE, at the university hospital in Bonn, Germany
German chancellor Angela Merkel visits the research centre for dementia diseases in Bonn.Image: REUTERS/Wolfgang Rattay
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Se estima que las enfermedades cerebralescuestan a Estados Unidos 1,4 billones de dólares al año. La carga mundialse acerca a los 3 billones de dólares, y, con el crecimiento y el envejecimiento de la población en todo el mundo, se estima quepara 2030 estos costos se duplicarán. Con una de cada tres personas con discapacidad por demencia después de los 80 años y una de cada 10 con discapacidad por enfermedad mental, que suele empezar antes de los 25 años, los trastornos cerebrales se están convirtiendo en el desafío de salud pública del siglo XXI. Pero son más que un desafío de salud pública. En palabras de Jim Yong Kim, presidente del Banco Mundial: «A pesar de que cientos de millones de personas en todo el mundo viven con trastornos mentales, la salud mental ha permanecido en la sombra… [La salud cerebral] no es solo un asunto de salud pública: es un asunto de desarrollo. Debemos actuar ahora, porque la pérdida de productividad es algo que la economía mundial sencillamente no puede permitirse».

Sin duda, no somos los únicos que nos quedamos impactados al leer que, pese a estos enormes costos para la sociedad, solo el 3 % de los recursos mundiales de atención sanitaria se destina a la salud cerebral. En los países de bajos ingresos, esa cifra apenas llega al 1 %. En cambio, en el sector privado, especialmente en las industrias farmacéutica y de neurotecnología, no han faltado esfuerzos para desarrollar soluciones —tratamientos, medicamentos o dispositivos— para pacientes que padecen enfermedades psiquiátricas, neurodegenerativas y otras enfermedades cerebrales. La última década ha sido una edad de oro para los descubrimientos en neurociencia; por fin, los avances tecnológicos de la ciencia fundamental han comenzado a traducirse en nuevas soluciones diagnósticas y terapéuticas escalables para las personas con trastornos cerebrales.

Recientemente, la comunidad de Salud y atención sanitaria del Foro Económico Mundial convocó una reunión en Nueva York centrada en las nuevas innovaciones y los avances científicos que mejoran los resultados de la atención sanitaria. A la luz de varios de los avances recientes en neurotecnologías y ciencias del cerebro, el ambiente estaba cargado de un optimismo cauteloso ante la posibilidad de que el mundo estuviera a punto de abordar por fin el azote de las enfermedades mentales y transformar la salud cerebral. En palabras de Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, la Cuarta Revolución Industrial ofrece una «gama de nuevas tecnologías que fusionan los mundos físico, digital y biológico, afectan a todas las disciplinas, economías e industrias e incluso cuestionan las ideas sobre lo que significa ser humano»; y, si se nos permite añadir, sobre lo que significa sanar y mejorar la vida de las personas, tanto física como mentalmente.

El progreso de la ciencia (y de la salud) suele requerir nuevas tecnologías, nuevos conceptos y nuevas prácticas, generalmente en ese orden. La innovación en neurotecnologías y ciencias del cerebro está impulsada por una nueva generación de neuroemprendedores que, en conjunto, lideran una ola de empresas emergentes en biotecnología (por ejemplo, Denali Therapeutics, BlackThorn Therapeutics), soluciones invasivas (por ejemplo, Neuralink, Kernel) y soluciones no invasivas para la salud cerebral (por ejemplo, EMOTIV, Mindstrong), así como en plataformas de investigación que permiten profundizar en la ciencia (por ejemplo, Inscopix). Por primera vez, ahora es posible ampliar la detección temprana de problemas relacionados con el cerebro y reducir drásticamente su costo. Los dispositivos portátiles de electroencefalografía (EEG), que cuestan menos que una consola de videojuegos y pueden encargarse por internet, permiten registrar las ondas cerebrales prácticamente en cualquier lugar, con una calidad de señal tan buena como la de equipos clínicos 50 veces más caros. Los sistemas innovadores y las aplicaciones para teléfonos móviles que descifran las emociones faciales (por ejemplo, Affectiva) y detectan la ansiedad y el estrés a partir de la forma en que las personas interactúan con la pantalla desempeñarán un papel importante, por ejemplo, en la prevención del suicidio.

Estas nuevas tecnologías están dando paso a una era de neurociencia profunda que, sin duda, conducirá a una comprensión mucho mejor del funcionamiento y la disfunción del cerebro. Las antiguas ideas sobre un «desequilibrio químico» pueden sustituirse por datos sobre las vías específicas implicadas en la depresión o la esquizofrenia. Ahora podemos abordar los trastornos mentales como trastornos de los circuitos cerebrales, con la posibilidad de desarrollar biomarcadores precisos y neuroterapias de precisión. Los nuevos líderes del sector de la neurotecnología, junto con muchos otros y con instituciones privadas sin fines de lucro como el Instituto Allen de Ciencias del Cerebro y el Instituto Médico Howard Hughes, impulsan el desarrollo de métodos de medición y diagnóstico de la salud cerebral que podrían cambiar las reglas del juego, así como de medicamentos y dispositivos que transformarán el tratamiento y la atención sanitaria cerebral.

El sector privado ha recobrado impulso y rebosa actividad. Es hora de que los sectores público y privado unan fuerzas, más allá de las fronteras, para aprovechar las sinergias y avanzar juntos en la lucha contra las enfermedades cerebrales y en la transformación de la salud cerebral. Podemos empezar por lograr que los líderes de las economías más desarrolladas del mundo reconozcan el inminente desafío de salud pública que las enfermedades mentales y los trastornos cerebrales plantean a sus países y al mundo. No dudamos de que ese reconocimiento, junto con compromisos de financiación pública, impulsará la creación de nuevas alianzas entre los sectores público y privado. Hay precedentes de estas alianzas, y podemos aprender de iniciativas anteriores de colaboración público-privada para combatir pandemias e innovar en vacunas. Transformar la salud cerebral probablemente también requerirá nuevos modelos de negocio que, por ejemplo, permitan e incentiven a las empresas a comercializar y ampliar innovaciones prometedoras surgidas de proyectos financiados con fondos públicos

No debemos dejar pasar esta oportunidad. Debemos aprovechar el impulso que está cobrando el sector privado para reunir a todas las partes interesadas y contribuir a crear un entorno que estimule las alianzas entre ellas y entre países. Sigamos invirtiendo en los esfuerzos en curso para mejorar el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades cerebrales, y comprometámonos con una era de ciencia profunda. Se vislumbra una revolución de la salud cerebral. Y, como en toda revolución, también debemos debatir las consecuencias imprevistas de los saltos tecnológicos y los nuevos conocimientos.

Con el Consejo Global del Futuro sobre Neurotecnologías y Ciencias del Cerebro recién reunido en Dubái, necesitamos que el sector público dé un paso al frente para atender una necesidad mundial fundamental en materia de salud cerebral y acoja a un sector privado cada vez más dinámico, clave tanto para hacer posible la neurociencia profunda como para desarrollar las neurotecnologías necesarias para traducir los conocimientos resultantes en las terapias del futuro. Como señaló en una ocasión Nitin Nohria, decano de la Escuela de Negocios de Harvard, «No hay ningún problema que afronte hoy la sociedad y la humanidad que pueda resolverse sin que las empresas desempeñen un papel vital». La salud cerebral no es una excepción.

Los autores son miembros del Consejo Global del Futuro sobre Neurotecnologías y Ciencias del Cerebro del Foro Económico Mundial

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