¿Pueden la amabilidad, el amor y un fuerte sentido de comunidad hacerte realmente más sano y más feliz? La investigación afirma que sí. Un estudio de 1978 sobre la relación entre el colesterol alto y la salud cardíaca en conejos determinó que la amabilidad marcaba la diferencia entre un corazón sano y un infarto. Kelli Harding, profesora de psiquiatría en el Columbia University Medical Center, revisa esa investigación y otros descubrimientos revolucionarios en su nuevo libro, "The Rabbit Effect: Live Longer, Happier, and Healthier with the Groundbreaking Science of Kindness. Participó en el programa de radio Knowledge@Wharton de Sirius XM para hablar de los factores intangibles que influyen en una buena salud y de cómo un poco de amabilidad puede tener un gran alcance.
Knowledge@Wharton: ¿Qué descubrió sobre el papel que desempeñan las conexiones emocionales positivas en una buena salud mientras investigaba para su libro?
Kelli Harding: Como profesional de la medicina, me sorprendió muchísimo. La mayoría de nosotros, cuando pensamos en la salud, pensamos en la dieta, el ejercicio, el sueño y la visita ocasional al médico. Pero resulta muy llamativo porque hay décadas de evidencia que demuestran que, de hecho, probablemente el factor que más contribuye a nuestra salud son nuestras relaciones.
Es algo que se ve a diario en la práctica médica. Me interesé por esto porque no dejaba de ver a pacientes que desafiaban sus diagnósticos: alguien con una enfermedad muy grave, que sobre el papel tiene un aspecto terrible, pero cuando lo conoces en persona, está bastante bien. Viven su vida al máximo y, aunque tienen una enfermedad, siguen prosperando en muchos aspectos.
El caso contrario era ver constantemente a pacientes con enfermedades o afecciones tratables que, sin embargo, siguen sin estar bien. O personas en las que, médicamente, todo parece correcto, pero que se sienten realmente mal o tienen un dolor que no se puede explicar del todo. Así es como me interesé por esto. Los datos muestran que, aunque la atención médica de calidad es absolutamente fundamental, el acceso a ella probablemente solo explica alrededor del 10 % al 20 % de nuestra salud. Eso me hizo preguntarme: ¿qué más influye?
Knowledge@Wharton: Queda todavía mucho terreno por explorar, ¿verdad?
Harding: Por supuesto. Los genes desempeñan sin duda un papel, pero lo que más me sorprendió es que no son tan fijos como se cree. El estilo de vida es importante, pero, de nuevo, todo vuelve a nuestras relaciones. De lo que hablamos es de cómo nos tratan día a día en todos los ámbitos de nuestra vida: desde nuestros hogares hasta nuestras escuelas, nuestras comunidades y barrios, pasando por nuestros lugares de trabajo y nuestra comunidad en sentido amplio.
Todo el mundo sabe que es importante tener un buen médico, pero también lo es tener un buen gerente y dotar a las personas de las habilidades que necesitan para ser buenos gerentes.
Knowledge@Wharton: ¿Cree que la mayoría de la gente asocia una buena salud con las emociones positivas?
Harding: Diría que en absoluto, y creo que ahí está el problema. En este país hemos definido la salud de forma muy restrictiva, lo que ayuda a explicar por qué no nos va tan bien como podríamos. Si da un paso atrás y mira el panorama general, gastamos una fortuna en atención médica en este país, muchísimo más que otros países per cápita. Pero no obtenemos los resultados de salud que queremos. Prácticamente ni siquiera estamos en el mismo gráfico.
Cuando se observan las décadas de datos de salud pública, probablemente se debe a que estamos redoblando la apuesta por la atención médica y no invirtiendo en nuestro entorno social como podríamos. Dicho esto, la atención médica es importante, pero también necesitamos replantearnos cómo apoyamos a las personas en la comunidad. Como profesional sanitario, se puede arreglar el cuerpo, se puede arreglar la pierna, se puede arreglar cuál es el problema y, aun así, fallarle al paciente. Debemos hablar de una comprensión mucho más amplia de la salud que incluya estas interacciones cotidianas.
Solo para poner un ejemplo, porque sé que probablemente hay muchos directores ejecutivos o gerentes escuchando esto: los estudios han demostrado que el predictor más fuerte de la muerte de un hombre por enfermedad cardíaca no es el colesterol ni la presión arterial. Es su trabajo. O el de ella. Todo el mundo sabe que es importante tener un buen médico, pero también lo es tener un buen gerente y dotar a las personas de las habilidades que necesitan para ser buenos gerentes.
Knowledge@Wharton: ¿Cree que integrar este enfoque en la medicina podría resolver algunas de las cuestiones económicas de la atención sanitaria?
Harding: Oh, por supuesto. Es fácil distraerse con el deslumbrante brillo de la biomedicina, y necesitamos invertir en investigación y en todas esas cosas buenas. La otra cara de la moneda es que existen intervenciones comunitarias de muy bajo coste que pueden tener un enorme impacto en la salud de las personas a largo plazo. En el libro bromeo sobre cómo hablamos de ser duros con el crimen, pero realmente necesitamos ser amables con las nuevas madres y las familias. Debemos ofrecer apoyo desde el inicio de la vida para ayudar a las personas a seguir adelante y también para amortiguar las presiones que puedan llegar.
Knowledge@Wharton: En cuanto a las intervenciones, se refiere incluso al ámbito local, a cómo el gobierno interactúa con sus ciudadanos, ¿verdad?
Harding: Esto es lo que me parece realmente emocionante, porque todos podemos sentarnos a hablar de cómo nos gustaría que el sistema cambiara, pero esto es algo en lo que cada persona que nos escucha puede hacer algo. Eso es increíblemente empoderador. Todo depende del apoyo que recibimos y de todos estos factores diferentes. El abrazo que das a tu hijo o a tu pareja cuando sales por la puerta marca la diferencia, y no solo con ellos. Existe una ciencia muy estimulante de la epigenética y la investigación sobre los telómeros que demuestra que las acciones llenas de amor cambian realmente nuestra fisiología. El estudio con conejos fue solo la punta del iceberg, solo el comienzo de los estudios.
Knowledge@Wharton: ¿Puede hablarnos del estudio con conejos?
Harding: El estudio con conejos fue un estudio revolucionario. Lo más divertido para un científico es que los hallazgos más interesantes suelen ser fortuitos. Este fue un verdadero hallazgo fortuito. Ocurrió a finales de los años setenta, cuando se planteaba la pregunta de si una dieta rica en grasas afecta a la salud del corazón. Robert Nerem realizaba un experimento muy sencillo con conejos genéticamente idénticos, a los que daba dietas ricas en grasas. Cuando llegó el momento de examinar la salud de los conejos, notó que había un grupo que estaba yendo especialmente bien. No lo entendía y pensó que habían hecho algo mal en el estudio. Investigaron y se dieron cuenta de que lo que distinguía a ese grupo era que había una investigadora que no se limitaba a darles pienso a los conejos. En realidad, los cogía en brazos. Los acariciaba. Les hablaba. Les daba cariño y amabilidad.
Lo que hicieron como buenos investigadores fue, en primer lugar, prestar atención. Para su mérito, en aquel momento eso supuso un cambio de paradigma: prestaron atención al entorno social. Consideraron que los datos eran demasiado llamativos como para ignorarlos, así que los replicaron. Obtuvieron los mismos resultados. Lo publicaron en Science, una revista de gran prestigio. Y, como ocurre con muchos estudios, durante años permaneció olvidado en un estante. Por eso creo que era tan importante destacar ese estudio, porque refleja muy bien gran parte del trabajo que se ha realizado posteriormente.
Knowledge@Wharton: En el libro también abordan la soledad, un tema que la comunidad médica analiza cada vez más. ¿Cómo afecta la soledad a la salud?
Harding: La soledad tiene dos variantes. Está el número de conexiones que tienes y también lo conectado que te sientes con los demás. Elvis solía decir que se sentía solo en una habitación llena de gente, que es un ejemplo de lo segundo. Lo cierto es que la soledad supone un riesgo para la salud tan significativo como factores bien establecidos, como fumar 15 cigarrillos al día, el consumo excesivo de alcohol e, incluso, la hipertensión y la obesidad.
Es sorprendente, sin embargo, porque para la mayoría de nosotros, cuando vamos al médico, lo habitual es que nos pregunten cuántas copas tomamos o cuántos cigarrillos fumamos. Pero ¿cuántas veces preguntan: “¿Cuándo llamaste por última vez a un buen amigo? ¿Cuándo quedaste con alguien para cenar o tomar un café?”? Esas conexiones son muy importantes. Debemos empezar a hablar de ellas en serio. Por eso me pareció tan importante escribir The Rabbit Effect y asegurarme de que esa información llegue a todos, porque estamos marcando la diferencia. Una vez que tenemos el conocimiento de que la soledad no es buena para la salud, podemos empezar a hacer cosas dentro de nuestro círculo de influencia para mejorar la vida de los demás.
La soledad supone un riesgo para la salud tan significativo como factores bien establecidos, como fumar 15 cigarrillos al día, el consumo excesivo de alcohol e, incluso, la hipertensión y la obesidad.
Knowledge@Wharton: ¿Cuál es el impacto de la alta tasa de divorcios en Estados Unidos?
Harding: Lo que ocurre en nuestros hogares es una parte importante de esto. Hay estudios que muestran que estar casado protege la salud si el matrimonio es feliz. Y hay otros estudios interesantes que demuestran que las relaciones y los matrimonios sanos y positivos pueden reducir el dolor si la relación es sólida.
Creo que lo difícil es que suena muy bien decir: “Bueno, sé amable y todo irá bien”. Pero ser amable es una práctica, y es difícil. Implica aprender a gestionar los conflictos, y los conflictos surgen muchas, muchísimas veces al día. Parte del reto consiste también en reconocer que es una práctica y en desarrollar nuestras habilidades, porque tenemos que hacerlo mejor en esto.
Knowledge@Wharton: ¿Qué papel desempeña la educación en todo esto?
Harding: Los datos sobre educación me parecieron asombrosos en dos frentes. Las estadísticas dicen que, por cada vida salvada por la biomedicina, la educación parece salvar ocho. Para ponerlo en perspectiva, no terminar la educación secundaria equivale a toda una vida fumando. De esto no hablamos cuando hablamos de educación. A todos los docentes que nos escuchan: quizá no siempre se consideran a sí mismos como agentes [con] un papel en la salud, pero en realidad están mejorando la salud de sus estudiantes.
Otra parte de esto podría ser que la educación también suele estar vinculada a lo que sentimos como un propósito o una vocación. Aquí es donde los datos se vuelven muy interesantes y [muestran] cómo nuestro entorno social nos afecta profundamente. Cada vez hay más evidencia de que tener un propósito en la vida y sentirse optimista —todas esas cosas— puede, de hecho, prolongar los telómeros y ayudarnos a vivir más tiempo y a vivir mejor incluso cuando llegan las enfermedades.
Ser amable es una práctica, y es difícil
Knowledge@Wharton: ¿La esperanza es que también reduzca los niveles de estrés, verdad?
Harding: Sí, y hablo de ello en la última parte de The Rabbit Effect. La interacción entre los factores ocultos de nuestra vida —nuestra salud física y mental— probablemente está mediada por la respuesta al estrés. El estrés es simplemente una parte natural de la vida.
Pero ¿cómo podemos aprender a afrontar mejor las cosas? Lo realmente bueno es que no es algo fijo. Podemos usar técnicas para mejorar [nuestra respuesta] y podemos ayudar a compensar el estrés en la vida de otras personas, por ejemplo, abrazando a alguien. Las interacciones positivas como esa son muchas y reducen el estrés; refuerzan el sistema inmunitario.
Pasar tiempo en la naturaleza refuerza el sistema inmunitario. Las personas hospitalizadas que tienen acceso a un jardín se recuperan un día antes. Necesitan menos tratamiento para el dolor y menos intervención del personal. Hay todo tipo de cosas realmente asombrosas que podemos hacer, de bajo coste, y que parecen dar un gran impulso a la salud.

Knowledge@Wharton: La equidad es otro elemento que abordan en el libro. No creo que nadie crea que nuestra sociedad, nuestra cultura, es justa el 100 % del tiempo.
Harding: La equidad es un factor determinante de la salud. Entro en ese tema porque creo que, como sociedad, hablamos mucho de las injusticias manifiestas. Pero existen estas microagresiones, cosas que ocurren con el tiempo. Incluso puede buscar “microagresiones” en Google y consultar ejemplos. Hay un sitio web excelente creado por alguien de Columbia y gestionado por estudiantes, que muestra pequeños incidentes que ocurren durante el día, pero que tienen un efecto acumulativo en la salud. Es bastante fascinante. Es como morir por mil cortes de papel, y puede darse de muchas formas.
Lo alentador es que todos podemos ser más conscientes de nuestros sesgos e intentar ser más amables con los demás, sin sumar esos cortes de papel, básicamente. Por ejemplo, hacemos que los estudiantes de medicina de Columbia realicen un test en línea para identificar sesgos implícitos. La conclusión más importante de esos tests es simplemente la idea de: “Bueno, quizá tengo algunas suposiciones y acciones de las que ni siquiera soy consciente”.
Probablemente puede tirar su manual de [recursos] humanos y reescribirlo simplemente como: “Sé amable”.
Knowledge@Wharton: Usted empieza el libro planteando una pregunta interesante: ¿qué nos falta en la medicina? ¿Cuáles son los componentes que faltan en la medicina y que podrían ayudar a abordar estos problemas?
Harding: Esa es la pregunta de un millón de dólares que ha guiado mi carrera, y creo que todo se reduce a la amabilidad. Se trata realmente de pensar en cómo nos tratamos unos a otros, tanto a nivel individual como en cuanto sociedad. Son todas esas dimensiones sociales de la salud de las que no hablamos en el hospital.
Las personas que trabajan en la atención sanitaria corren un [riesgo] muy, muy alto de sufrir agotamiento, y creo que en parte se debe a que somos conscientes de que no estamos abordando esto. Resulta abrumador atribuir esa responsabilidad únicamente al sistema sanitario. Esto nos concierne a todos. Se trata de tratarnos unos a otros con dignidad y de aprender a gestionar los conflictos de forma que sirvan para apoyar a las personas y no para hundirlas.
Es mantener presentes esas relaciones. De nuevo, volviendo a los directores ejecutivos que nos escuchan, a veces nos centramos tanto en los resultados que debemos fijarnos en el proceso y en las personas implicadas. Probablemente puede tirar su manual de [recursos] humanos y reescribirlo simplemente como: “Sé amable”. Debemos ser amables con las personas en nuestras escuelas, en nuestros lugares de trabajo y en todas estas distintas capacidades.
Cuando conduzca por la carretera, sea amable. Nunca sabe lo que le pasa a otra persona. Podemos aprender a ser más empáticos unos con otros, y, vaya, lo necesitamos ahora mismo.


