La COVID-19 ha agravado un panorama de salud mental que ya era sombrío en todo el mundo.
Por ello, los gobiernos deben incorporar la salud mental en sus respuestas políticas a la pandemia.
Estas son las áreas en las que deberían centrarse.
Se calcula que en todo el mundo más de 450 millones de personas padecen problemas de salud mental. Los trastornos mentales, neurológicos y por consumo de sustancias representan el 10 % de la carga mundial de morbilidad y se calcula que un tercio de todas las personas con un trastorno de salud mental nunca ha buscado tratamiento.
Sin embargo, estas cifras corresponden a la era anterior a la COVID.
Ciano Aydin, filósofo neerlandés, describe el trauma como algo que «viola» lo familiar y lo esperado, y sume a las personas en «un estado de confusión e incertidumbre extremas.» El brote de COVID-19 ha provocado precisamente eso durante un período prolongado, agravando la ya sombría salud mental situación en todo el mundo.
La pandemia se ha caracterizado por la confusión, el miedo al contagio, la muerte, las pérdidas económicas, los planes de estudio y de crecimiento truncados, la soledad, la preocupación por los seres queridos, una incertidumbre generalizada y, al mismo tiempo, la resiliencia del espíritu humano. Es esta resiliencia, junto con el apoyo a la salud mental y al bienestar, la que ahora debe incorporarse a nuestros sistemas y políticas. De ello dependerá nuestro bienestar a largo plazo.
Las consecuencias de la pandemia dejarán huella mucho después de que se relajen los confinamientos nacionales. Las pruebas ya están llegando: según datos de Google, las búsquedas del término «estrés» han aumentado notablemente en la India desde que el país impuso un confinamiento a nivel nacional. Una reciente encuesta reveló que el 61 % de los indios ha informado de un mayor impacto negativo en su salud mental debido al confinamiento y a la incertidumbre provocada por la COVID-19.
Esta crisis sanitaria mundial pronto será seguida por una crisis de salud mental. Los gobiernos deben aprovechar esta oportunidad para responder incorporando la salud mental en sus marcos normativos de dos maneras: mejorando su enfoque hacia los servicios de salud mental y mejorando las actitudes públicas hacia la salud mental.
Mejorar las actitudes
Es importante identificar los múltiples factores de estrés generados por la pandemia y preparar a los lugares de trabajo, las escuelas, los gobiernos y la sociedad civil para afrontar esta crisis.
1. Eliminar el estigma: La depresión afecta a unos 264 millones de personas en todo el mundo, y el suicidio es la segunda causa de muerte en jóvenes de entre 15 y 29 años. Hay que integrar la compasión y la empatía en todos los servicios que interactúan con ellos, como la policía y las autoridades de distrito. Los mensajes de resiliencia y preparación de los jefes de Estado deben moderarse reconociendo el dolor y la confusión imperantes. La comunicación estatal debe centrarse en enfoques con resultados probados para mejorar los resultados en salud mental, como las actividades comunitarias.
2. Gobierno y política: La primera y una de las formas más sencillas de combatir una crisis a escala nacional es ampliar los servicios que actualmente ofrecen los gobiernos. Hay que establecer e integrar en la política de salud pública sistemas de salud mental inclusivos y empáticos. La mayoría de los gobiernos han puesto en marcha líneas de ayuda y campañas de sensibilización; sin embargo, deberán ampliar su alcance y tamaño a medida que más personas pidan ayuda. La telemedicina debería formar parte de esta respuesta. Los gobiernos deben asignar también un presupuesto de rehabilitación para el personal sanitario de primera línea y para las personas que prestan servicios esenciales, que luchan contra el estigma y el riesgo de infección durante varios meses.
3. Recursos: Según la ONU, los países destinan menos del 1 % de su presupuesto sanitario a la salud mental. Al cambiar esta ecuación, los gobiernos pueden fomentar un mayor diálogo y mejorar los comportamientos de búsqueda de atención sanitaria.
4. Soluciones especializadas: La mitad de los trabajadores sanitarios chinos han declarado padecer depresión; en Canadá, la cifra asciende al 47 %. Pueden adoptarse medidas básicas para mejorar el acceso a los servicios de salud mental, como la formación en primeros auxilios de salud mental para el personal de atención primaria y de primera línea. Los estudiantes de todo el mundo también se han visto afectados: en Italia y en España, los padres han informado de que el 77 % de los niños tienen dificultades para concentrarse. El Gobierno indio ofrece, mediante la iniciativa Manodarpan apoyo psicosocial a estudiantes, docentes y familias para su salud mental y su bienestar emocional.
Cómo potenciar los servicios de salud mental:
1. Telesalud: Aprovechar el potencial de la telesalud será de suma importancia para el personal sanitario de primera línea, que necesitará apoyo psicosocial continuado. Es importante reconocer que las muestras nacionales de gratitud actúan como refuerzo positivo, pero deben implantarse medidas más duraderas de asesoramiento, expresión del duelo y gestión de la tensión acumulada en los últimos meses. La telesalud puede ayudar a las personas mayores que actualmente se encuentran solas.
2. Centrarse en las comunidades con pocos recursos: Los trabajadores con jornal diario y otras personas de comunidades con pocos recursos suelen vivir en espacios hacinados e insalubres, con oportunidades de empleo cada vez menores y paralizadas. A ello se suma un aumento de la violencia doméstica; se ha previsto que se registrarán en todo el mundo 31 millones de casos adicionales de violencia doméstica si los confinamientos continúan otros seis meses. Millones de personas desfavorecidas en países como la India afrontan el duelo y el caos sin acceso a servicios como la teleterapia. El uso de la radio comunitaria, la televisión, los SMS masivos y WhatsApp ayudará a llegar a quienes no pueden acceder a la terapia en línea ni reunirse con consejeros en espacios comunitarios. Los mensajes gubernamentales sobre salud mental y bienestar y la divulgación comunitaria en los principales diarios de noticias, especialmente los que circulan en lenguas regionales, también multiplicarán el número de personas alcanzadas.
3. Intervenciones en el lugar de trabajo: En una reciente encuesta, el 54 % de las personas que han sufrido una pérdida de empleo o de ingresos declararon un impacto negativo en su salud mental. Ahora hay que reorientar los sistemas hacia las nuevas realidades financieras y tratar de atender las inquietudes por los recortes salariales y la pérdida de empleo. Esta pandemia también es una oportunidad para formalizar la priorización de la salud mental en los lugares de trabajo. Reconocer que la salud mental de los empleados es esencial y emprender medidas concomitantes puede formar parte de la política de salud mental de la empresa. Las organizaciones que desarrollen estos elementos esenciales desde el principio serán reconocidas como más centradas en sus empleados que las demás.
La pandemia ha cambiado la forma en que respondemos a las situaciones y ha puesto de relieve la necesidad de innovar en la prestación de servicios de salud mental. Ha llegado el momento de que los gobiernos se preparen para los efectos prolongados del brote, los confinamientos extensos, las interrupciones, la enfermedad y el aislamiento.



