6 pasos para desconectar y mejorar tu salud social este verano

Pedestrians look at their phones near Brick Lane in London.
Always on: Pedestrians look at their phones near Brick Lane in LondonImage: REUTERS/Stefan Wermuth
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Para algunas personas, desconectar es más difícil de lo que parece. Estamos tan acostumbrados a estar plenamente conectados a nuestros dispositivos, oficinas y a la era de las «noticias que no dejan de circular» que hace falta un esfuerzo para alcanzar la salud social: un enfoque equilibrado de lo que sabemos, a quién conocemos y cuánto tiempo pasamos desconectados.

Ya he tratado algunas ideas sobre un enfoque organizativo sistémico de nuestra salud en la era de la conectividad plena. Para quienes empiezan a centrarse en distintos aspectos de la conectividad, mejorar la salud social se parece bastante a nuestro enfoque de la alimentación y el ejercicio físico.

La salud social depende de gestionar de manera constante tres áreas cruciales: tus flujos de conocimiento (la información que recibes o compartes), tus redes y relaciones, y el tiempo del que dispones.

Para dar forma a las estrategias de salud social, me fijé en la naturaleza y encontré el humilde hexágono. Este polígono de seis lados aparece en todo tipo de cosas, desde la colmena de las abejas (la especie más productiva del planeta) hasta los copos de nieve.

Casualmente, el cerebro tiene seis regiones. Hace más de 50 años que sabemos que seis está dentro del límite cognitivo de lo que realmente podemos recordar. Por esta razón, llamo pensamiento hexagonal a la aplicación práctica de ideas y comportamientos relacionados con la salud social.

Estos son, pues, seis pasos para la salud social:

1. Bandejas de entrada y salida

El desorden abrumador de una bandeja de entrada desbordada es enemigo del pensamiento productivo y claro. Hagas lo que hagas, vacía la bandeja de entrada cada semana. Eso no significa ni puede significar que vayas a terminarlo todo, pero puedes hacerte cargo de lo que hay que hacer y decidir cuándo hacerlo, delegarlo o eliminarlo. Crea subcarpetas como «leer cuanto antes», «guardar en el archivo» y «responder urgentemente», y te sorprenderá ver cómo empieza a bajar la marea hasta volverse manejable.

2. Sabbat tecnológico

Tener salud social implica decir «no» o «ahora no». Me ha resultado útil mantener un mensaje rotativo de «fuera de la oficina» para gestionar las expectativas de los demás sobre cuándo responderé, porque indica el fin de la conectividad constante por el simple hecho de estar conectados. ¿Por qué responderlo todo en 24 segundos o minutos? Prueba a responder en 24 horas. Sea cual sea tu fe, reserva cada semana un «sabbat tecnológico»: unas vacaciones de la conectividad constante cada siete días que te devolverán la percepción de tu entorno. Ten un segundo teléfono «poco inteligente» para los fines de semana, que solo permita llamadas y mensajes de texto con familiares. ¿Lo demás? Puede esperar.

3. Jerarquía de la comunicación

En la última década ha ocurrido algo extraño con la comunicación. Nos comunicamos constantemente por correo electrónico y, por supuesto, en las redes sociales: 1.800 millones de personas usan Facebook y 1.000 millones, WhatsApp. Llegar rápidamente a muchas personas está, en realidad, en el nivel más bajo de lo que llamo la jerarquía de la comunicación. La salud social implica reequilibrar tus conexiones para centrarse más en vínculos más pequeños, lentos y cara a cara en la era de Facebook, que pueden ofrecer más confianza, intercambio de información e intimidad que las redes sociales por sí solas. Desde luego, puedes difundir mensajes, pero recuerda que el número máximo antropológico de relaciones que podemos mantener en total a lo largo de nuestras vidas y en nuestras comunidades no tiene tantos ceros: es alrededor de 150.

4. Panel de conocimiento

Sé sincero: ¿tu «dieta» informativa es equilibrada o está sesgada? Todos deberíamos aspirar a una combinación variada de información «nutritiva». Piensa no solo en la mezcla de «noticias y opiniones», «cultura y espíritu de la época» y «temas especializados» que consumes, sino también en el formato y la plataforma. Lee textos largos además de los breves, y combina la televisión con el audio (pódcast, audiolibros). Diseña tu propio «panel de conocimiento», igual que organizas el contenido de tu nevera. Incluye opiniones diversas que no se limiten a reforzar el pensamiento grupal.

5. La inconsciencia es la nueva atención plena

Hace falta tiempo para relajarse después de un ritmo frenético, pero en ese espacio pueden aflorar la creatividad, la claridad y la calma, si se lo permites. Me atrae menos la atención plena que la práctica habitual de no pensar: simplemente siente lo que sientes, comodidad o incomodidad, y observa tu entorno como si fueras turista en una tierra nueva. Empieza poco a poco: cinco minutos. Ve aumentando el tiempo hasta donde te resulte llevadero. Date permiso para no hacer absolutamente nada y sorpréndete de lo que eso te hace sentir.

6. Pensamiento hexagonal

El pensamiento hexagonal aplicado a la salud social tiene más que ver con el estilo de vida que con la dieta, así que, por supuesto, puedes crear tu propio conjunto personalizado de seis elementos. Lo importante es que desarrolles una estructura, un patrón y un estilo para gestionar tus conocimientos, redes y salud, y mantener a raya la sobrecarga. Cuando te sientas descansado, más en control e incluso quizá relajado, planifica los próximos seis días, seis semanas o seis proyectos. Y sigue atando y desatando el nudo de Conocimiento, Redes y Tiempo para adaptarlo a cada persona, empezando por ti.

Julia Hobsbawm es la autora de Fully Connected: Surviving & Thriving in an Age of Overload.

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