La salud mental es un ingrediente clave del capital humano, pero sigue siendo una de las áreas más descuidadas de la salud. Por ejemplo, innumerables millones de personas se ven afectadas por la depresión y la ansiedad, pero la mayoría no recibe atención. Las intervenciones probadas para prevenir los problemas de salud mental y promover el bienestar mental no se utilizan a gran escala, incluso en los países de ingreso alto.
Sin embargo, en los últimos años se ha observado un interés sin precedentes por la salud mental mundial. Los ministros de salud de los 194 países comprometieron a sus países con objetivos y metas específicos en materia de salud mental en 2013 (Plan de Acción sobre Salud Mental 2013-2020 de la OMS), y los presidentes y primeros ministros incluyeron la salud mental y el bienestar en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas en 2015. Los líderes empresariales son cada vez más conscientes de las pérdidas económicas causadas por los problemas de salud mental en la fuerza laboral (Reunión Anual del FEM 2019). Y la sociedad civil ha asumido la salud mental como un asunto prioritario con la creación de varias organizaciones de alto perfil cuya agenda se centra exclusivamente en la salud mental (por ejemplo, el Movimiento por la Salud Mental Mundial y Unidos por la Salud Mental Mundial).
¿Cómo podemos aprovechar este impulso sin precedentes en materia de salud mental mundial? Estas son cuatro formas que marcarán una diferencia real en la vida de las personas y en las economías de los países:
1. Involucrando a las comunidades en la salud mental
La salud mental es un activo valioso para todos nosotros y debe conceptualizarse plenamente. El mundo no puede dividirse entre personas que padecen un trastorno mental y otras que no. Todos podemos hacer algo para mejorar nuestra salud mental, protegernos de futuros trastornos mentales y recibir atención si tenemos un problema. Es importante involucrar a las comunidades para que nuestro entorno físico y social sea mentalmente saludable y para cuidar mejor nuestra mente. También es importante involucrar a personas con experiencia vivida de trastornos mentales, como la Red Mundial de Pares en Salud Mental, en la organización de servicios y atención, que pueden aportar de manera significativa y sustancial soluciones, incluido el desarrollo de formas prácticas de aplicar la toma de decisiones con apoyo para personas con problemas agudos de salud mental.
2. Invirtiendo más y mejorando la rendición de cuentas
Los países destinan una cantidad ínfima de dinero a la salud mental, y gran parte de ese monto se destina al mantenimiento de hospitales psiquiátricos de estilo antiguo que atienden a unas pocas personas con trastornos graves, mientras que la atención comunitaria sigue siendo insuficiente. Se ha recomendado (Comisión Lancet sobre Salud Mental Mundial y Desarrollo Sostenible) que los países de ingreso alto destinen al menos el 10 % de su presupuesto sanitario a la salud mental, y los países de ingreso medio y bajo, al menos el 5 %. Además, la ayuda internacional para el desarrollo destinada a la salud mental debe aumentar sustancialmente; actualmente, menos del 1 % de dicha ayuda se destina a la salud mental. Las empresas también deben invertir más en la salud mental de su fuerza laboral. Estas inversiones merecen la pena, ya que se ha demostrado que el retorno de la inversión en intervenciones de salud mental es muy favorable. La creación de un mecanismo mundial de financiación para la salud mental (Vego et al 2019) impulsará de forma necesaria estos esfuerzos. Ya se está elaborando un marco de rendición de cuentas para las inversiones existentes y futuras (Saxena et al 2019).
3. Desarrollando un liderazgo eficaz para ampliar la atención de la salud mental
Se necesita más dinero, pero no es suficiente; necesitamos un liderazgo sólido para ampliar la atención de la salud mental. Este liderazgo debe ejercerse a nivel político, gubernamental, dentro de las empresas, en las agencias de desarrollo y en las comunidades. El estigma generalizado en torno a los problemas de salud mental ha impedido el debate abierto y un liderazgo eficaz. Son muy pocos los jefes de Estado o de Gobierno, o los líderes empresariales, que la han asumido como un asunto de manera sostenida. La salud mental debería ser un componente de todos los programas de liderazgo, y debe establecerse un programa ejecutivo de liderazgo específico para fortalecer la capacidad de los líderes encargados de ampliar los programas de salud mental. Estos líderes deben tener una perspectiva global, ya que existen numerosas oportunidades de aprendizaje entre países y culturas.
4. Formando la fuerza laboral para la salud mental
La atención de la salud mental no requiere equipos de alta tecnología ni medicamentos costosos. Requiere profesionales bien formados que identifiquen los problemas a tiempo y ofrezcan un tratamiento eficaz y oportuno. El número de especialistas en salud mental (por ejemplo, psiquiatras y psicólogos) es insuficiente incluso en los países de ingreso alto, y en la mayoría de los países de ingreso medio y bajo es prácticamente nulo. Afortunadamente, está ampliamente demostrado que, con la formación y el apoyo adecuados, los no especialistas (por ejemplo, médicos generales, enfermeras y agentes comunitarios de salud) pueden prestar una atención eficaz a la gran mayoría de los problemas de salud mental (Singla et al). Se necesitan esfuerzos considerables para ampliar la formación del personal sanitario existente en la prestación de atención de salud mental, utilizando el material disponible de la OMS (por ejemplo, mhGAP), y plataformas digitales para la formación y la prestación de intervenciones psicosociales (plataforma digital de Harvard). El apoyo continuo y la supervisión para garantizar la calidad deben formar parte del desarrollo de la fuerza laboral. El objetivo es que toda persona, en cualquier lugar, tenga acceso a un profesional de la atención de salud mental.
Imagine una comunidad que aplica estas cuatro formas de mejorar la salud mental de su población. El estigma en torno a la salud mental desaparecerá, las personas acudirán en busca de ayuda, los servicios estarán disponibles en la comunidad, así como en las escuelas y los lugares de trabajo, la educación no se verá interrumpida por los problemas de salud mental, la productividad mejorará y las personas vivirán una vida más feliz y más larga, menos afectada por las discapacidades. ¿No nos gustaría todos vivir en una comunidad así?


